Los grandes bancos ayudaron a recaudar 219.000 millones para proyectos contra el medio ambiente

Barclays, Deutsche Bank, Santander y Standard Chartered concentraron la mayor parte de esas emisiones en 2025, lo que confirma que la financiación fósil no es un residuo del pasado

10 de Abril de 2026
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Proyectos petroleo y gas natural Artico

El mercado de bonos se ha convertido en una autopista financiera para las empresas más contaminantes, y la banca europea no ha quedado al margen. El informe "Banking on climate chaos" subraya que, en 2023 y 2024, el 51% de la financiación bancaria a compañías vinculadas a la expansión fósil llegó vía bonos corporativos, una señal de que el problema ya no se limita al crédito clásico, sino también a las operaciones en los mercados de capitales. Entre 2021 y 2025, 19 de los mayores bancos europeos participaron en 216 emisiones de bonos para compañías de petróleo, ayudándolas a captar 219.000 millones de euros, y en 2025 esa actividad alcanzó su máximo anual en el periodo analizado.

La contradicción es especialmente visible en 2025, cuando los bancos europeos participaron en el mayor número de emisiones de bonos desde 2021, justo en un momento en que la Agencia Internacional de Energía insiste en que no hacen falta nuevos yacimientos de petróleo en escenarios compatibles con el límite de 1,5 °C. El desfase entre la ciencia climática y la práctica financiera muestra que la transición energética sigue chocando con intereses muy concretos y muy rentables.

Barclays, Deutsche Bank, Santander y Standard Chartered concentraron la mayor parte de esas emisiones en 2025, lo que confirma que la financiación fósil no es un residuo del pasado, sino una pieza central de la banca de inversión europea. Barclays destacó por volumen y número de operaciones, y entre las compañías favorecidas figura Energy Transfer, promotora del controvertido oleoducto Dakota Access, símbolo de conflicto social, litigios estratégicos y presión corporativa sobre comunidades indígenas y activistas climáticos.

Ese tipo de casos ilustra por qué el debate ya no puede formularse solo en términos de “exposición” bancaria, sino de responsabilidad directa en la expansión de infraestructuras fósiles. La cuestión no es si los bancos financian una economía que todavía depende del petróleo, sino si están acelerando proyectos nuevos que bloquean durante décadas cualquier trayectoria compatible con el objetivo climático.

Una parte del problema está en la propia arquitectura de los objetivos bancarios. La mayoría de entidades europeas todavía miden sobre todo las emisiones financiadas, mientras que solo tres (Standard Chartered, Barclays y HSBC) incluyen también la facilitación de bonos y acciones para petroleras y gasistas. Esa diferencia importa porque los bancos pueden reducir una métrica sin reducir de verdad el flujo de dinero hacia la expansión fósil.

La crítica técnica es decisiva: las métricas de “emisiones facilitadas” no reflejan de forma directa lo que ocurre en el mundo real, porque pueden bajar aunque las emisiones corporativas sigan igual o incluso aumenten si cambia el valor empresarial de la compañía. En otras palabras, la contabilidad climática de la banca corre el riesgo de producir una ilusión de progreso sin alterar el negocio subyacente.

Los compromisos de BNP Paribas y Crédit Agricole de no participar en emisiones de bonos para petroleras marcan una línea distinta, pero todavía insuficiente si no se amplía a toda la cadena de valor y al crédito directo. Los bancos deben dejar de apoyar financiera y activamente a las empresas que expanden petróleo, porque esa expansión es incompatible con una trayectoria de 1,5 °C.

En el fondo, el informe describe una tensión estructural entre dos lógicas: la del relato bancario de sostenibilidad y la de un negocio que sigue premiando la expansión fósil cuando resulta rentable. Mientras esa contradicción no se resuelva, la banca europea seguirá siendo un actor central no solo en la economía del carbono, sino en la postergación política de la transición energética.

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