La decisión de Yolanda Díaz de no presentarse como candidata a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales previstas para 2027 ha provocado un verdadero terremoto político en Sumar, el socio minoritario del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el gobierno de coalición.
Desde el pasado martes 25, cuando lo anunció a través de un vídeo corto en redes sociales, y apenas cuatro días después del acto conjunto de IU, Los Comunes, Más Madrid y Movimiento Sumar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se ha abierto un doble interrogante: no solo quién liderará ese espacio político, sino también qué nombre adoptará la futura coalición progresista que aspire a sustituir a Sumar como referencia electoral de la izquierda alternativa al PSOE.
Con el proyecto impulsado por Díaz en una fase de evidente desgaste político y electoral, distintos partidos y sectores de la izquierda trabajan ya en fórmulas que permitan relanzar una candidatura unitaria. En ese contexto, la marca con la que se presenten a las urnas podría convertirse en uno de los elementos clave para reconstruir ese espacio político.
“Un Paso al Frente”, la primera propuesta
Uno de los nombres que más se ha escuchado en los últimos meses es“Un Paso al Frente”, una denominación que surgió en el acto político celebrado el domingo 21 de febrero y que algunos dirigentes consideran una posible evolución del actual proyecto de Sumar.
La idea detrás de esta denominación sería transmitir la sensación de nuevo impulso político y de renovación tras la etapa liderada por Yolanda Díaz. Aunque de momento se trata de un nombre informal, más vinculado a una plataforma o agrupación de electores, desde las propias formaciones que hoy integran el gobierno de coalición con los socialistas consideran que podría ser una propuesta adecuada para amalgamar una nueva candidatura conjunta en la izquierda que garantice el estado del bienestar, los servicios públicos y los derechos sociales.
Pero para ello, las distintas formaciones del arco progresista deberán aparcar sus siglas y los personalismos y dar, precisamente, un “paso al frente”. De ahí, puede considerarse la conveniencia, y también el oportunismo político, de esta primera denominación.
¿“Frente Popular” o “Nuevo Frente Popular”?
Otro de los debates abiertos en el seno de este espacio político en plena reconfiguración gira en torno a denominaciones que evocan frentes amplios de izquierdas, como “Frente Popular”, “Nuevo Frente Popular” o, incluso, “Frente Amplio”.
De hecho, según ha podido conocer Diario Sabemos, algunos de estos nombres ya habrían sido registrados por sectores vinculados a Más Madrid, lo que ha alimentado las especulaciones sobre la posibilidad de que ese sea finalmente el nombre de la futura coalición.
El uso de este tipo de marcas pretende reforzar la idea de unidad de las distintas corrientes progresistas frente al bloque conservador, aunque también genera debate interno por la fuerte carga histórica que conlleva la expresión “Frente Popular”. En la política española, esta denominación remite inevitablemente a la coalición de izquierdas que ganó las últimas elecciones de la Segunda República en febrero de 1936, unos meses antes del golpe de Estado de Francisco Franco que desencadenaría la Guerra Civil.
Otros nombres más neutros
Dentro de las negociaciones entre las formaciones del ala de Sumar en el gobierno de coalición, según fuentes consultadas de forma extraoficial, también han aparecido propuestas más neutras como “Alianza Progresista”, “Coalición por la Igualdad” u otras fórmulas similares que buscan transmitir pluralidad y evitar referencias históricas que puedan generar controversia.
Estas opciones se valoran especialmente si el objetivo es atraer a partidos de sensibilidades diferentes dentro de la izquierda, desde formaciones ecosocialistas hasta fuerzas territoriales de ámbito provincial como Soria Ya o Teruel Existe, o incluso partidos nacionalistas como ERC o BNG.
¿Qué hará Podemos?
Además del debate sobre el nombre de la futura candidatura, una de las grandes incógnitas es qué harán formaciones como Podemos, cuyo encaje en una nueva coalición progresista aún está por definir.
Está por ver si el partido morado estaría dispuesto a integrarse en una candidatura unitaria renunciando a su propia marca electoral y, previsiblemente, también a su dirigente más visible, la eurodiputada Irene Montero, que ya anunció su candidatura a las elecciones generales de 2027 hace casi un año.
En paralelo, tras la renuncia de Yolanda Díaz a presentarse a esos comicios, la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, ha abierto la puerta a “negociar políticas que beneficien a los españoles y españolas”. Un gesto interpretado como una señal de distensión y como la posibilidad (hasta hace apenas unos días impensable) de que la formación morada pueda integrarse en una candidatura conjunta de la izquierda alternativa al PSOE.
Este cambio de tono también llega después de los malos resultados obtenidos por Podemos en las últimas elecciones autonómicas de Aragón, donde la formación se quedó fuera del parlamento regional al concurrir por separado, mientras Izquierda Unida y Sumar sí lograron representación tras presentarse en coalición.
El fenómeno Rufián
Y de repente, en las últimas semanas, apareció en escena un actor inesperado. Quizá por haberse convertido en uno de los azotes de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, a quien ha criticado en varias ocasiones por no ser suficientemente valiente en cuestiones como la vivienda, la privatización de servicios públicos o la adopción de medidas más contundentes frente al avance de la extrema derecha.
Pocos habían reparado hasta ahora en que podría convertirse en un referente para una parte de esa izquierda desmovilizada y desmotivada. Entre otras cosas, por su condición de político catalán e independentista. Su nombre: Gabriel Rufián.
Tras su exitosa charla-coloquio de aforo completo con Emilio Delgado, diputado autonómico de Más Madrid, moderada por la periodista Sara Santaolalla, en la que reflexionaron sobre los desafíos de la izquierda ante las próximas citas electorales en un contexto de auge de la extrema derecha, Rufián se ha posicionado para algunos sectores como un posible líder nacional, incluso sin pretenderlo.
De hecho, los últimos sondeos dentro del espacio político situado a la izquierda del PSOE sitúan como mejor valorado al portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso, Gabriel Rufián. Sin embargo, su eventual liderazgo no parece contar por ahora con el respaldo explícito de su propio partido ni de su líder, Oriol Junqueras, que han dejado claro su propósito de concurrir a las elecciones generales de 2027 con sus propias siglas.
No solo un nombre aún por decidir
A poco más de un año para las elecciones generales de 2027, y una vez amortizado, por no decir en agonía, aquel “proceso de escucha con la ciudadanía” que inició Yolanda Díaz en 2022, la izquierda alternativa al PSOE parece haberse despertado de un letargo de más de dos años que ha provocado desmovilización y desmotivación entre parte de su electorado.
La dificultad para sacar adelante algunas de sus medidas más emblemáticas, como la reducción de la jornada laboral, el persistente problema del encarecimiento de los alquileres o las luchas internas con Podemos han contribuido a generar desencanto entre los votantes de este espacio político, tradicionalmente más exigentes y críticos.
En este contexto, las fuerzas progresistas se enfrentan a un desafío mayúsculo: definir un programa político claro, determinar quién liderará el proyecto y encontrar un nombre capaz de volver a ilusionar a su electorado, frenar el desencanto y limitar las opciones de la extrema derecha de alcanzar el poder.
Lo que parece claro es que la marca electoral que finalmente elijan deberá transmitir unidad, renovación y capacidad de gobierno, tres elementos que los partidos progresistas consideran esenciales para reconstruir un espacio político fragmentado y competir en un escenario electoral cada vez más polarizado.