La semana en la que el pasado del PP se sienta frente al espejo

El juicio de la ‘Kitchen’ entra en su fase más incómoda con las declaraciones de sus nombres clave y reabre la sombra de un poder que quiso taparse a sí mismo

21 de Abril de 2026
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La semana en la que el pasado del PP se sienta frente al espejo

Durante años, todo esto parecía enterrado entre papeles, silencios y ruedas de prensa sin preguntas. Pero esta semana, en la Audiencia Nacional, algunos de los nombres más reconocibles del Partido Popular vuelven a aparecer juntos, no en un acto de partido ni en una campaña, sino en un juicio que apunta directamente a las entrañas de cómo se gestionó el poder.

Hay algo profundamente incómodo en ver desfilar de nuevo a Mariano Rajoy, Luis Bárcenas y María Dolores de Cospedal por el mismo escenario, aunque esta vez no sea político sino judicial. No es solo una cuestión de nombres. Es lo que representan.

El caso ‘Kitchen’ no habla únicamente de un operativo policial. Habla de un momento en el que el Estado —o al menos una parte de él— se habría puesto al servicio de un partido para protegerse de sus propios escándalos. Y eso, por mucho tiempo que haya pasado, no se diluye.

Esta tercera semana del juicio concentra las declaraciones más esperadas. Bárcenas, el extesorero que durante años sostuvo la caja B del PP y que terminó convertido en problema interno, vuelve a tomar la palabra. También su entorno más cercano. Y, unos días después, lo harán quienes estaban arriba: Rajoy y Cospedal, dos figuras que durante años representaron la autoridad política y moral del partido.

Lo que se juzga aquí no es menor. La acusación sostiene que desde el Ministerio del Interior del Gobierno de Rajoy se organizó un dispositivo parapolicial para espiar a Bárcenas y hacerse con información comprometedora antes de que pudiera salir a la luz. Dicho de otra forma: usar recursos públicos para tapar un problema privado.

Y eso es lo que hace que este juicio sea tan difícil de digerir para el PP.

Porque no es una historia ajena, ni un episodio aislado. Es la prolongación de una etapa marcada por los sobres, las cuentas opacas, las negaciones reiteradas y esa famosa frase —“todo es falso salvo alguna cosa”— que aún resuena como símbolo de una forma de hacer política.

Ahora, años después, esas mismas figuras vuelven a aparecer, pero ya sin el control del relato. Sin ruedas de prensa preparadas ni mayorías parlamentarias que amortigüen el golpe. Solo con preguntas, documentos y testimonios.

Y con un detalle que no es menor: las referencias internas que apuntaban al propio Rajoy como “El Asturiano” o “El Barbas” dentro de la supuesta trama. No es solo un apodo. Es la constatación de que el nombre del presidente estaba dentro de esa conversación.

Mientras tanto, el juicio sigue avanzando con una larga lista de acusados —exministros, mandos policiales, comisarios— y peticiones de cárcel que hablan por sí solas. Pero más allá de las penas, lo que queda es la imagen de un sistema que, en un momento determinado, decidió protegerse a cualquier precio. Y ahí es donde el desgaste es más profundo.

Porque lo que se ventila estos días no es solo una responsabilidad penal. Es una forma de entender el poder. Una manera de actuar cuando las cosas se complican. Y en ese terreno, por mucho que pase el tiempo, el pasado del PP sigue pesando demasiado.

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