Sánchez reconoce que la "protección frente a la emergencia climática no llega por igual a todo el mundo"

Entre la devastación de miles de hectáreas en un año récord de altas temperaturas y la erosión del consenso institucional, el Ejecutivo nacional sitúa la lucha contra el colapso ambiental en el centro de la batalla ideológica y social.

27 de Julio de 2026
Actualizado a las 14:29h
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Sanchez reconoce desigual

El sol cae de plomo sobre la geografía peninsular, transformando el aire en una masa densa y aplastante que huele a resina calcinada, a tierra cocida y a humo viejo. No es solo el paisaje del verano en el sur de Europa; es el escenario de una pugna política y existencial que se juega a dos bandas: sobre el terreno, contra un frente de llamas voraces que no entiende de límites administrativos, y en la tribuna pública, donde se debate qué tipo de sociedad sobrevivirá a la gran transformación ambiental en curso. Ante una audiencia atenta y en el contexto de un país golpeado por una ola de calor histórica que ha obligado a evacuar pueblos enteros, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pronunciado un discurso de hondo calado analítico, ético y de política estatal. Sus palabras, lejos de encuadrarse en la mera retórica de la gestión de crisis, dibujan un diagnóstico crudo sobre las costuras de un Estado del bienestar puesto a prueba por la física del planeta.

"Bueno, yo creo que en estos momentos muchos españoles y españolas miran con angustia el horizonte, ven las llamas acercarse a sus pueblos, abandonan sus hogares sin saber cuándo van a poder regresar y esperan noticias de los equipos que luchan contra el fuego, por lo que quiero que mis primeras palabras sean para todos ellos y todas ellas, para las familias evacuadas, para quienes permanecen confinadas y, por supuesto, también para los profesionales que se juegan literalmente la vida sobre el terreno. Que no tengan la menor duda de que toda la fuerza del Estado, toda la fuerza del Estado, liderada también por la Administración General del Estado, está con ellos y con ellas".

Con esta declaración de intenciones arranca un alegato que pretende elevar el foco por encima del combate táctico en los puestos de mando avanzado. El líder del Ejecutivo rechaza de plano la interpretación del fuego como una mera eventualidad o un castigo bíblico estival. Lo que la sociedad presencia no es un paréntesis en la normalidad, sino el choque frontal con un escenario estructural donde los parámetros del pasado han quedado pulverizados.

El diagnóstico gubernamental huye de la simplificación y recurre a la contundencia de los indicadores oficiales para sostener que el país se adentra en un territorio desconocido. Las métricas exhibidas durante la intervención dibujan una radiografía trágica. "Lo que estamos viviendo no es una sucesión de episodios aislados, sino, como se ha dicho antes, la expresión más dolorosa de una emergencia climática que hace que los incendios de sexta generación sean más voraces, que las olas de calor sean más frecuentes y que nuestro territorio sea, en consecuencia, más vulnerable". Esta categorización técnica de los grandes incendios —fenómenos capaces de modificar la meteorología local, generar pirocúmulos gigantescos y superar de largo la capacidad de extinción de los medios terrestres y aéreos más avanzados— sirve de base para sostener que la adaptación no es una opción de parte, sino una imperativo de seguridad nacional.

"Ya no estamos ante una excepción, sino ante una regla en sí misma, con veranos cada vez más difíciles, destructivos y, por tanto, mortíferos. En lo que llevamos del año 2026, los incendios han arrasado alrededor de 150.000 hectáreas, 150.000 hectáreas en nuestro país, y trece personas han perdido, por desgracia, la vida, mientras que la cifra de fallecidos por el calor en España asciende, según las estimaciones, a más de 3.800 personas".

Las cifras expuestas por el presidente no solo cuantifican el impacto de la masa térmica sobre la superficie arbolada, sino que ponen el foco sobre el coste humano invisible del aumento constante del mercurio. La mortalidad asociada a las altas temperaturas se ha convertido en una variable de primer orden en la demografía del país. Esta realidad exige, a juicio de la Moncloa, trascender el esquema clásico basado de forma casi exclusiva en la respuesta de emergencia. "Por tanto, creo que los datos son claros, porque lo ha dicho antes la vicepresidenta Sara Hessen: la emergencia climática mata, y por eso no basta con atender sus consecuencias, que lo hacemos, sino que tenemos que reducir sus causas, anticiparnos a sus efectos y, en consecuencia, preparar mejor a nuestro país para proteger la vida de la gente".

En esa trayectoria histórica, el discurso reivindica el recorrido legislativo y político iniciado años atrás como pilar fundamental de la concienciación colectiva. "Desde que llegamos al Gobierno de España hemos trabajado para acelerar la transición energética, y la primera decisión que tomamos, allá por el año 2018, fue hacer una declaración de emergencia climática en el Consejo de Ministros y Ministras, pero, como he dicho antes, desde que llegamos al Gobierno hemos trabajado para acelerar esa transición energética, adaptar el territorio y proteger a nuestra población. La España de 2026 creo que está mucho más comprometida y, por supuesto, mucho más concienciada en lo que respecta a la mitigación y la adaptación frente a la emergencia climática que la España de 2018".

Sin embargo, el tono de complacencia se descarta de inmediato al contrastar los avances administrativos con la celeridad con la que el entorno reacciona. "¿Estamos mejor preparados? Sí, estamos mejor preparados, y la gran mayoría de nuestra sociedad es, sin duda alguna, mucho más consciente de la magnitud del desafío que tenemos ante nosotros. Hemos avanzado, sin duda, pero es evidente que debemos redoblar nuestros esfuerzos porque, efectivamente, la realidad está superando año tras año las previsiones científicas y, al mismo tiempo que aumentan nuestra preparación y nuestra concienciación, también lo hacen, en consecuencia, la magnitud y la dimensión de la amenaza a la que nos estamos enfrentando".

El eje central del análisis político planteado por el jefe del Ejecutivo radica en la lectura socioeconómica del impacto ambiental. El calor, sostiene el discurso, actúa como un elemento que acentúa las desigualdades previas en el tejido social. No todas las familias enfrentan los meses de temperaturas extremas desde la misma posición de partida, lo que convierte la política de adaptación urbana y habitacional en un campo de batalla por la equidad.

"También sabemos que la protección frente a la emergencia climática no llega por igual a todo el mundo, porque, como han dicho antes los expertos y las expertas, todos somos vulnerables en algún momento de nuestra vida a la emergencia climática, aunque la crisis climática afecta con mayor fuerza a quienes son más vulnerables y tienen menos recursos para hacerle frente. Son nuestros mayores, nuestros hijos y nuestras hijas, quienes trabajan expuestos a las altas temperaturas y, por supuesto, también aquellas personas que padecen enfermedades crónicas, porque, para todos ellos y todas ellas, el calor extremo y las altas temperaturas no representan únicamente una incomodidad con la que convivir, sino un riesgo para su salud y, por tanto, para su bienestar".

A partir de esta premisa, la intervención parlamentaria y pública busca confrontar de manera directa la gestión de las administraciones gobernadas por la oposición conservadora, señalando episodios concretos en la gestión de infraestructuras básicas como la red educativa. "Pongamos el ejemplo de nuestros hijos y nuestras hijas durante los últimos días del curso escolar, cuando algunos representantes de la Comunidad de Madrid, como saben, restaron importancia a las quejas de los familiares de los alumnos y las alumnas por las altas temperaturas existentes en las aulas, y hay que decirlo claro y alto: cuando el aumento de las temperaturas provoca, por ejemplo, que en un aula puedan sufrirse temperaturas de 30 grados, no se puede estudiar ni aprender con normalidad y, cuando las temperaturas siguen aumentando, ni siquiera se puede permanecer allí con seguridad".

Frente a la inacción o el desdén burocrático, la respuesta del Gobierno central se articula mediante el uso de recursos europeos extraordinarios orientados a la reacondicionamiento del parque público. "Por tanto, ante el calor extremo, la obligación de las instituciones, de todas las instituciones públicas, no puede consistir en buscar excusas o negar la evidencia, sino en adaptar los centros educativos para proteger a nuestros hijos y a nuestras hijas. De ahí que el Gobierno de España haya movilizado más de 1.000 millones de euros procedentes de los fondos de recuperación, transformación y resiliencia, de los llamados fondos Next, para rehabilitar edificios públicos, más de 1.000 millones de euros, y que el mes pasado, en el Consejo de Ministros, como me recordaba precisamente la vicepresidenta, aprobáramos 200 millones de euros adicionales con cargo al Fondo Nacional de Eficiencia Energética para adaptar y climatizar las aulas educativas y, en definitiva, los colegios y los centros educativos de nuestro alumnado".

La crítica hacia los sectores que le quitan trascendencia a la subida de las temperaturas se eleva a una enmienda a la totalidad sobre el estilo de vida de las élites socioeconómicas y su desconexión de la realidad cotidiana. "Quizá sea fácil restar importancia al calor desde el privilegio de quien vive y trabaja con aire acondicionado o puede refugiarse en una segunda residencia con piscina privada, pero esa no es la realidad de millones de familias en nuestro país, porque todas las personas somos vulnerables al calor, aunque no todas lo sufrimos por igual. Por eso, cuando trabajamos para reducir, por ejemplo, la factura de la luz, lo hacemos para que ninguna familia tenga miedo de encender el aire acondicionado por estar preocupada por su bolsillo, y cuando impulsamos políticas de rehabilitación de viviendas o de renovación urbana, como aquí se ha dicho, y mejoramos la eficiencia energética o los entornos urbanos, como ha hecho, por ejemplo, la alcaldesa de Vitoria-Gasteiz, lo que hacemos es conseguir que el hogar y, en definitiva, la ciudad se conviertan en un refugio y no en una trampa frente al calor".

Como respuesta operativa a esta brecha social, la estrategia del Ejecutivo contempla la puesta en marcha de infraestructuras comunitarias capaces de ofrecer alivio térmico en los momentos de mayor peligro para la salud. El plan pasa por convertir la red de dependencias estatales y municipales en un escudo preventivo al servicio de los sectores más frágiles.

"Ese es también el sentido de las medidas que hoy presentamos, en cumplimiento de algo a lo que, cada vez que tengo ocasión durante estos últimos días, por desgracia, y también durante los próximos días, me referiré al hablar de los incendios y al apelar a la concienciación ciudadana y a la responsabilidad del resto de las instituciones públicas. Hacemos referencia a la exigencia, no solamente moral, sino también securitaria, entre otras cuestiones, de que las instituciones públicas, todas las fuerzas políticas y todos los agentes sociales seamos conscientes de que tenemos que articular un gran acuerdo de país, un pacto de Estado frente a la emergencia climática, un acuerdo de Estado que, como recordarán, lanzamos en septiembre del año 2025 como consecuencia de una situación inédita, superada, por desgracia, durante el año 2026, producto de los incendios, de las altas temperaturas y de las olas de calor que sufrimos durante el año pasado".

Dentro de los quince ejes que componen este esquema institucional, el despliegue de espacios acondicionados de acceso libre se presenta como una medida de aplicación inmediata. "Hoy impulsamos, como se ha dicho en el vídeo, el octavo de los quince ejes, en el que hablamos de la salud de nuestros conciudadanos en relación con la emergencia climática y de la puesta en marcha y el impulso decidido de la Red Nacional de Refugios Climáticos. Creo, además, querida vicepresidenta, que resulta ejemplar que la Administración General del Estado se aplique esta medida en primera persona, abriendo sus puertas y sus instalaciones para que se conviertan en refugios climáticos para aquellas personas que así lo necesiten".

Para financiar este mapa de contención urbana, el Ejecutivo habilita nuevas líneas de transferencia de crédito destinadas a las entidades locales. "Aprobamos también nuevas ayudas por valor de 10 millones de euros para financiar nuevos refugios climáticos, incluidos los centros educativos, y animo a los ayuntamientos, a las comunidades autónomas y a las diputaciones provinciales a que pongan toda su infraestructura pública al servicio de estos refugios climáticos. Lo hacemos, por tanto, atendiendo a criterios de vulnerabilidad para garantizar que la edad, los recursos económicos o la falta de zonas verdes, como antes se ha mencionado, no se conviertan en una barrera frente a esa emergencia climática".

Curiosamente, el discurso conecta las innovaciones tecnológicas de última generación con la recuperación de la tradición constructiva mediterránea, reivindicando la arquitectura bioclimática popular como una lección de sostenibilidad y sentido común que sobrevivió durante siglos. "Bueno, yo creo que nuestro país conoce bien el valor de adaptarse al clima, porque, durante siglos, la arquitectura de nuestros pueblos y de nuestras ciudades encontró formas sencillas e inteligentes de protegernos frente al calor, como los muros gruesos que conservaban el fresco, las calles estrechas que proporcionaban sombra, los patios que favorecían la ventilación, las fachadas blancas que reflejaban el sol y, por supuesto, nuestras preciadas persianas y nuestros toldos, que ahora también en otros lugares de Europa empiezan a considerarse un ejemplo".

Esta mirada al pasado constructivo no pretende ser un ejercicio de nostalgia pasiva, sino un puente hacia la renaturalización de los espacios urbanos modernos. "Digo todo esto porque esa sabiduría forma parte de nuestra historia y también puede ayudarnos a construir nuestro futuro, y queremos trasladarla a las ciudades y a los pueblos de hoy, combinándola con la innovación, el conocimiento y las nuevas soluciones urbanas. Como aquí se ha expuesto anteriormente, damos por eso un paso más mediante ayudas adicionales de 9 millones de euros dirigidas al desarrollo y a la consolidación de infraestructuras verdes, una inversión que va a permitir, entre otras cuestiones, avanzar en la renaturalización urbana y reforzar la preparación de nuestras ciudades en materia de transición ecológica".

El tramo final del pronunciamiento presidencial se adentra en el terreno de la epistemología política. Frente a la desinformación organizada y las corrientes de opinión que buscan socavar el crédito de los organismos técnicos, la Moncloa apuesta por institucionalizar el asesoramiento científico en el nivel más alto de la toma de decisiones presupuestarias y legislativas.

"Siguiendo, por cierto, querida vicepresidenta, el mandato del acuerdo de país, del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, mañana llevaremos al Consejo de Ministros y Ministras una medida muy importante, reclamada por la sociedad civil que, como ha dicho antes la vicepresidenta, participó activamente en la elaboración de este acuerdo. Llevaremos al Consejo de Ministros la creación de ese Panel Científico de Acción frente a la Emergencia Climática, un órgano asesor formado por algunos de los mejores investigadores y las mejores investigadoras de nuestro país, cuya tarea será ayudarnos a anticipar los riesgos, evaluar las políticas públicas y orientar las decisiones con rigor, independencia y conocimiento".

La defensa del dato verificado frente a los discursos negacionistas se formula como una condición indispensable para preservar la salud de la democracia y la eficacia de la gestión pública. "Frente a una emergencia de esta magnitud no sirve la improvisación, como tampoco sirven los prejuicios que, por desgracia, estamos viendo propagarse en forma de bulos a través de las redes sociales, porque lo que sirve es la evidencia científica y los datos. Concluyo agradeciendo, por supuesto, la presencia de los expertos y las expertas en esta charla, en este coloquio, y reconociendo también el liderazgo de la vicepresidenta tercera al impulsar esta red de refugios climáticos de una manera que creo que puede calificarse de absolutamente récord".

No obstante, la solución no se agota en la suma de parches de urgencia. La estrategia debe abarcar la totalidad de los aparatos del Estado en una articulación transversal que implique a todas las fuerzas políticas del arco parlamentario. "Estos refugios climáticos abiertos a toda la ciudadanía constituyen una medida necesaria, pero no suficiente, porque la situación que vivimos requiere estrategias que ataquen la raíz del problema de manera estructural y soluciones que construyan un país más seguro, más habitable y, por supuesto, preparado para afrontar los desafíos del presente y del futuro. Todo ello exige un compromiso permanente y sistemático, encarnado en este Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática que presentamos en el año 2025".

En un llamamiento directo a las fuerzas de la oposición, el discurso emplaza a abandonar el cálculo cortoplacista en favor de un marco de estabilidad a largo plazo que trascienda la alternancia de partidos en el poder. "No me cansaré de pedir al resto de las fuerzas políticas y de los agentes sociales, una y otra vez, que se unan a este pacto de Estado, porque esta sí que es una prioridad nacional que nos atañe a todos y a todas, y porque las generaciones futuras, evidentemente, nos van a juzgar por lo que hagamos ahora: frente a los fenómenos extremos, pacto de Estado; frente a las desigualdades, pacto de Estado; y frente al negacionismo y la inacción, pacto de Estado".

La parte final del alegato sitúa el dilema en una dimensión transnacional, apelando a la cohesión comunitaria como único vehículo viable para garantizar el bienestar de la ciudadanía. "Esta batalla, evidentemente, no la vamos a ganar solamente desde el Ejecutivo, ni tampoco únicamente mediante cada una de las acciones sociales que puedan desarrollar las ONG, la sociedad civil o la comunidad científica aquí representada, sino que la ganará un país unido, una Europa unida y una sociedad consciente de lo que está en juego y decidida a proteger su territorio, su futuro y la vida de la gente durante el presente y también durante el futuro".

"Hoy ponemos una piedra más en ese camino con esta Red Nacional de Refugios Climáticos, y quiero terminar como empecé, vicepresidenta, dándote la enhorabuena a ti y a tu equipo y, por supuesto, también al resto de los ministerios concernidos, y trasladándoos que, desde luego, por parte del Gobierno de España, esta apuesta no solamente es consistente y coherente, sino que responde a la convicción de que también podemos contemplar la emergencia climática como una fuente de oportunidades para mejorar todo aquello que durante muchos años hemos venido sufriendo y de que, con ello, podemos garantizar, como en muchas ocasiones me dice Cristina Narbona, un progreso seguro para nuestra sociedad".

Mientras las palabras del presidente resuenan en los despachos institucionales, sobre los montes incendiados y los valles abrasados por el calor la realidad impone su ritmo implacable. La articulación de este pacto de Estado frente a la emergencia climática no es ya un simple debate doctrinal entre bloques políticos, sino el examen definitivo sobre la capacidad de la sociedad para dotarse de estructuras capaces de proteger la vida en un territorio marcado por el cambio definitivo de su clima.

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