Sánchez y el "No a la guerra" contra Donald Trump y el belicismo del PP de Ayuso

El presidente del Gobierno ha solicitado formalmente su comparecencia en el Congreso de los Diputados para exponer la posición de España en la guerra ilegal de Donald Trump

06 de Marzo de 2026
Actualizado a las 15:09h
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Sánchez sesion de control

La política exterior española se enfrenta a una de sus pruebas de fuego más determinantes de las últimas décadas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha solicitado formalmente comparecer ante el pleno del Congreso de los Diputados para articular la posición oficial del Ejecutivo ante la guerra en Oriente Medio. Esta decisión, que se materializará previsiblemente tras la reunión del Consejo Europeo del 19 de marzo, busca consolidar una respuesta soberana frente a las crecientes tensiones con la administración de Donald Trump y las exigencias de colaboración del Partido Popular de Isabel Díaz Ayuso y de Vox.

La narrativa de la Moncloa ha dado un giro histórico al recuperar la bandera del «No a la guerra», un posicionamiento que trasciende la retórica pacifista para convertirse en una herramienta de resistencia diplomática. Esta postura surge como respuesta directa a las amenazas de Washington, que ha amagado con romper relaciones comerciales con España tras la negativa del Gobierno a permitir el uso de las bases de Rota y Morón para ejecutar ataques contra Irán. Sánchez ha sido tajante al reivindicar la vigencia del derecho internacional, subrayando que España no aceptará ser cómplice de acciones que considera perjudiciales para el equilibrio global, incluso bajo el riesgo de sufrir graves represalias económicas.

El debate jurídico y político se ha desplazado ahora hacia las aguas del Mediterráneo oriental con el envío de la fragata Cristóbal Colón a Chipre. Integrada en una flota internacional que incluye al portaaviones francés Charles de Gaulle y unidades de la Armada griega, la misión española tiene como objetivo declarado proporcionar protección y defensa aérea a la isla tras el reciente impacto de un dron lanzado desde el Líbano contra una base británica. Mientras el Gobierno sostiene que existe una distinción jurídica fundamental entre una misión de ataque y una de carácter estrictamente defensivo, el Partido Popular exige que esta operación sea sometida a la autorización del Congreso, argumentando que el despliegue de un buque de guerra en una zona de conflicto activo expone directamente a los soldados españoles a posibles ataques.

La comparecencia prevista para finales de mes servirá para desgranar las conclusiones del próximo encuentro en Bruselas, donde España busca forjar un frente común continental que respalde su negativa a participar en la ofensiva estadounidense. La estrategia del Ejecutivo pasa por europeizar la crisis, buscando que el paraguas de la Unión Europea proteja a los Estados miembros de las presiones bilaterales y de la política de hechos consumados que parece imponerse desde el Despacho Oval. En este sentido, la legalidad internacional se presenta no como una opción, sino como el eje innegociable de la autonomía estratégica que Madrid pretende liderar en el seno de la comunidad internacional.

España se encuentra, por tanto, en un escenario donde la ética diplomática choca frontalmente con la seguridad económica y los compromisos militares. El éxito de la gestión de Sánchez dependerá de su capacidad para convencer a la Cámara de que la misión de la fragata Cristóbal Colón se ajusta a la legalidad vigente y de que el coste de enfrentarse a las amenazas de Trump es un precio necesario para preservar la dignidad y la independencia de la política exterior española en un mundo cada vez más polarizado.

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