El PSOE vive sus horas más difíciles en la presente legislatura. No es solo una sensación interna: seis sondeos autonómicos de Sigma Dos para El Mundo lo certifican con datos. Desde que estallaron el caso Zapatero y el caso Leire Díez, el ánimo de la formación socialista ha entrado en caída libre, arrastrando consigo a sus socios parlamentarios y abriendo una brecha con el PP que, según las últimas proyecciones de SocioMétrica para El Español, alcanza ya los ocho puntos de intención de voto y los 42 escaños de diferencia.
Ante este panorama, la respuesta del secretario general del PSOE fue pedagógica y desafiante a la vez. En el cierre del Congreso Federal de las Juventudes Socialistas (que eligió a Aránzazu Figueroa como primera mujer en ocupar la secretaría general de la organización), Sánchez reclamó "tiempo" a los suyos y a sus socios parlamentarios para que las "grandes transformaciones" de su Gobierno puedan "echar raíces". El mensaje fue rotundo: "Hasta 2027 y más allá."
Ese horizonte choca frontalmente con la realidad que arrojan los sondeos. En Asturias, el PSOE ha perdido más de tres puntos en los últimos doce meses. En Castilla-La Mancha, la caída supera los cuatro puntos. En Navarra, donde el peso del caso Santos Cerdán y el escándalo Servinabar actúa como un agravante específico, el retroceso asciende a 5,8 puntos. Y las últimas tres encuestas autonómicas publicadas por este diario confirman que la tendencia no se ha detenido.
En Baleares, la federación que capitanea Francina Armengol pierde 4,7 puntos en un año y 5,5 desde 2023, pasando del 26,5% al 21%. En la Comunidad Valenciana, Diana Morant no logra capitalizar la crisis interna del PP (que empieza a recuperar terreno seis meses después de la marcha de Carlos Mazón), mientras el PSPV-PSOE acumula un retroceso de 5,6 puntos respecto a las elecciones de 2023. Para agravar el cuadro, Compromís roza ya el sorpasso. En Murcia, el PSOE pierde 2,5 puntos en un año, mientras el PP se mantiene y Vox sobrevive a sus turbulencias internas.
Bloque de investidura que se desmenuza
Si el deterioro autonómico preocupa a las federaciones socialistas, la proyección a escala nacional resulta directamente alarmante para La Moncloa. La encuesta de SocioMétrica refleja que el PSOE obtendría hoy apenas 105 diputados (frente a los 121 con que cuenta actualmente) con un 25,9% del voto, lo que supone una caída de 5,8 puntos respecto al resultado del 23J de 2023.
El PP, por su parte, crecería hasta los 147 escaños con el 33,9% del voto, mientras Vox alcanzaría los 60 —casi el doble de sus 33 diputados actuales—, y los tres partidos de la oposición sumarían en conjunto una mayoría absoluta de 208 escaños, su mejor dato en toda la serie histórica de sondeos de esta legislatura. El llamado "bloque de investidura" de 2023 quedaría reducido a 140 escaños, sin ninguna posibilidad aritmética de reeditar la gobernabilidad.
El desglose de la transferencia de votos explica la magnitud del problema. Casi medio millón de ciudadanos que votaron al PSOE en 2023 apostarían hoy por Feijóo, y otros 125.000 se irían a Vox. Más de 860.000 antiguos votantes socialistas figuran entre los indecisos, una bolsa enorme sobre la que Sánchez deberá trabajar si quiere mantener opciones reales en 2027.
El arrastre alcanza también a Sumar y Podemos. La plataforma de Yolanda Díaz se hundiría hasta los seis escaños (desde los 31 de 2023), mientras Podemos quedaría reducido a un solo diputado con el 2,2% del voto.
Voces internas que piden elecciones anticipadas
La acumulación de presiones está provocando fisuras visibles dentro del propio socialismo. Cada vez más federaciones y alcaldías reclaman a Sánchez que adelante las elecciones generales, argumentando que no están dispuestas a asumir el coste electoral de una crisis que, en su opinión, es responsabilidad directa del liderazgo nacional. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha sido el más explícito en esta dirección.
Esa petición no viene solo de dentro del partido. El PNV y Junts (que lleva meses fuera del bloque de investidura) también han reclamado el adelanto electoral. Y lo mismo han hecho expresidentes del calibre de Felipe González y José María Aznar, quien con su ya célebre frase "el que pueda hacer que haga" desató la indignación de Sánchez, que la calificó de "grito de desesperación" y "proclama profundamente antidemocrática".
El Gobierno descarta por ahora cualquier convocatoria anticipada. Pero algunos cuadros socialistas, en conversaciones privadas, acusan a su propio secretario general de "quemarlos a todos" para luego "ir él e intentar salvarse" cuando lleguen las elecciones.
La conspiración como escudo político
Frente a la ofensiva judicial y mediática, el entorno más combativo de Sánchez ha optado por construir un relato alternativo: el de la conspiración. Ministros como Óscar Puente han extendido la tesis de que existe un complot político-mediático-judicial cuyo único objetivo es "derribar al Gobierno con atajos poco democráticos". La nueva secretaria general de las Juventudes Socialistas, Figueroa, también secundó este hilo argumental al asegurar que "es urgente organizarse contra quienes quieren ganar en los medios lo que no ganaron en las urnas".
El propio Sánchez fue más cuidadoso en sus formas, aunque no en el fondo. Se limitó a denunciar las "malas artes" de "la derecha no solo política, sino también mediática" y a apelar a la resiliencia histórica del socialismo: "Nos levantamos y avanzamos." Un discurso de resistencia que busca movilizar a la militancia y a los votantes más ideologizados, pero que no parece suficiente para detener la hemorragia en el electorado moderado.
Los analistas más favorables al Gobierno apuntan a la "España plural" (la izquierda soberanista emergente) como posible tabla de salvación. El exjefe de gabinete Iván Redondo ha sugerido que Sánchez podría repetir en la Moncloa apoyándose en esta corriente, igual que en 2020 lo hizo con Podemos. Sin embargo, las encuestas no avalan este optimismo: el bloque nacionalista e independentista crecería hasta los 30 escaños, pero esa cifra resulta completamente insuficiente para compensar el hundimiento del PSOE y de sus socios de izquierda.
La matriz de transferencia de votos sí ofrece un matiz relevante: más de 608.000 antiguos votantes de Sumar se habrían refugiado en el PSOE atraídos por el discurso cada vez más inclinado hacia la izquierda radical del presidente. Eso explica por qué Sánchez no ha caído todavía más. Pero también revela el dilema estratégico al que se enfrenta: cuanto más se mueve hacia la izquierda para retener ese voto, más aleja al electorado de centro que necesita para ganar unas elecciones.
Con la brecha respecto al PP en ocho puntos, el tiempo que pide Sánchez podría no ser un aliado sino su mayor problema.