El PSOE intenta recomponer puentes con su feminismo interno

La reunión de la Secretaría de Igualdad con militantes críticas llega tras meses de silencio y expone una tensión que el partido ya no puede tratar solo como un asunto interno

16 de Enero de 2026
Actualizado a la 13:53h
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El PSOE intenta recomponer puentes con su feminismo interno

La reunión prevista para el próximo miércoles entre la Secretaría de Igualdad del PSOE y un grupo amplio de feministas socialistas no figuraba en la agenda hasta hace poco. Se convoca después de un comunicado respaldado por más de 600 militantes que interpela directamente a la dirección del partido por la falta de respuesta ante un malestar que viene de lejos. No es una discrepancia puntual ni un problema de tono: es una discusión política que ha quedado demasiado tiempo sin cauce.

El encuentro, confirmado por fuentes socialistas, llega tras semanas de incomodidad en Ferraz. No tanto por el contenido del texto —crítico, pero cuidadosamente formulado— como por quiénes lo firman. Entre ellas figuran referentes históricos del feminismo socialista que no piden un gesto simbólico ni una escucha formal, sino una revisión de cómo el partido ha gestionado el disenso en materia de igualdad. Reclaman autocrítica, un terreno siempre incómodo en las organizaciones políticas.

Cuando el conflicto se deja pasar

El comunicado, impulsado inicialmente por figuras como Elena Valenciano, Ángeles Álvarez, Altamira Gonzalo, Amelia Valcárcel o Carmen Martínez Ten, apunta a una carencia concreta: el deterioro del diálogo entre el partido y su propio feminismo organizado. No cuestiona de forma global la agenda de igualdad ni niega los avances legislativos, pero sí advierte de una forma de gestionar la discrepancia que ha acabado erosionando vínculos internos.

Las firmantes señalan que críticas feministas a determinadas decisiones gubernamentales han sido ignoradas o deslegitimadas, sobre todo cuando se han expresado fuera de los cauces orgánicos. En ese contexto, denuncian, se han normalizado ataques personales en redes sociales sin una respuesta clara del partido, generando una sensación de abandono que ha ido creciendo con el tiempo.

Desde la dirección socialista se insiste en que la agenda feminista sigue siendo una prioridad y se recuerda la previsión de una Conferencia de Igualdad. Es un argumento habitual. Pero también lo es que la política no se mide solo por las iniciativas programadas, sino por la capacidad de sostener debates incómodos sin reducirlos a ruido o deslealtad.

En la reunión del miércoles participarán responsables como Pilar Bernabé y Rebeca Torró, y sobre la mesa estarán cuestiones sensibles: la formación interna en igualdad tras varios casos de acoso, la relación con organizaciones feministas críticas y el clima interno en torno a debates que el partido ha preferido, en ocasiones, dar por cerrados.

El problema no es la existencia de discrepancias —inevitables en una organización amplia—, sino la dificultad para integrarlas sin convertirlas en una amenaza. El feminismo socialista no se ha desmovilizado ni ha desaparecido. Ha tomado la palabra, y lo ha hecho con un tono que obliga a escuchar.

La dirección del PSOE afronta ahora un reto que va más allá de la gestión orgánica. Debe decidir si este diálogo será un intento real de recomposición o un ejercicio de encaje limitado. La diferencia no estará en los comunicados ni en las conferencias anunciadas, sino en la disposición a asumir que la igualdad también se discute, incluso —y quizá sobre todo— dentro de casa.

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