El PSOE culpa a sus militantes

El PSOE ha defendido la elección de María Jesús Montero y otros ministros para encabezar candidaturas autonómicas que han fracasado señalando que los candidatos los eligen los militantes cuando, en realidad, no es así

18 de Mayo de 2026
Actualizado el 19 de mayo
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PSOE culpa militantes
La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, en una rueda de prensa en Ferraz | Foto: PSOE

El cuartel general del PSOE en la calle Ferraz de Madrid ha sido el escenario de una intensa reunión de dos horas destinada a contener los daños políticos provocados por el revés electoral en Andalucía. En un ejercicio de equilibrio discursivo, la dirección nacional del PSOE ha reconocido abiertamente que el resultado obtenido en la comunidad es insuficiente y se encuentra lejos de los objetivos planteados por la organización. Sin embargo, en lugar de abrir una crisis de liderazgo de consecuencias imprevisibles, la cúpula federal ha cerrado filas de manera oficial en torno a la figura de María Jesús Montero, rechazando cualquier cuestionamiento sobre su idoneidad o sobre el diseño de una campaña que ha dinamitado el suelo electoral de la federación más poblada de España.

El análisis de la dirección nacional evita de forma deliberada fiscalizar la controvertida estrategia que permitió a Montero compaginar la secretaría general del partido en Andalucía con la vicepresidencia del Gobierno de España durante más de un año, una dualidad institucional que solo cesó cuando se activó el adelanto electoral. La portavoz de la ejecutiva federal, Montse Mínguez, ha defendido la legitimidad de la candidatura recordando que los candidatos los elige soberanamente la militancia a través de sus procesos internos. Mediante esta apelación al respeto orgánico, Ferraz traslada de forma sutil la responsabilidad del veredicto de las urnas a las bases andaluzas, desactivando de golpe las exigencias de dimisión inmediata que ya empezaban a proliferar en los sectores más críticos de la organización.

Lejos de encallarse en un debate melancólico sobre la pérdida de su gran bastión histórico, la ejecutiva federal busca acelerar el paso y pasar página cuanto antes para centrar todos sus esfuerzos en el exigente ciclo electoral del próximo año, que concentrará comicios municipales, autonómicos y generales. Bajo las premisas de la autocrítica, la humildad y la responsabilidad, el PSOE confía en la existencia de un votante progresista recuperable en las elecciones municipales y generales, desligando el retroceso en clave autonómica de las futuras citas con las urnas. Para la dirección federal, la verdadera radiografía de los datos y los errores de campaña corresponden de forma exclusiva al PSOE de Andalucía, limitando el papel de Madrid a un acompañamiento institucional que evite una guerra civil interna.

Ferraz también ha querido restar trascendencia estructural al espectacular auge de Adelante Andalucía, cuya subida es atribuida por la portavoz socialista a un fenómeno de voto refugio. Según la lectura de la dirección nacional, muchos electores progresistas optaron por esta papeleta de corte netamente territorial al dar por amortizada la continuidad del Partido Popular en el Palacio de San Telmo, lo que habría desactivado la lógica del voto útil en favor de las siglas socialistas. Esta interpretación minimiza el trasvase ideológico hacia opciones soberanistas y permite al PSOE mantener viva la tesis de que el espacio electoral de la izquierda andaluza sigue orbitando en torno a su proyecto.

Frente a quienes auguran un declive irreversible del socialismo tras perder el pulso en el sur, la dirección nacional apela al orgullo histórico y a la resiliencia de unas siglas con casi siglo y medio de trayectoria. Mínguez ha sentenciado con firmeza que, aunque se ha escrito muchas veces la esquela del PSOE, la organización acumula 147 años de historia que avalan su capacidad de resistencia y reconstrucción. Este mensaje de resistencia busca taponar la vía de agua abierta por los barones críticos y lanzar una consigna clara a toda la organización: no habrá cambios traumáticos en los liderazgos ni virajes en la política nacional de alianzas, situando la resiliencia institucional como la principal línea de defensa ante el sismo andaluz.

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