Podemos pasa de la oposición frontal al pragmatismo absoluto y votará a favor de los decretos de vivienda

La aprobación final de los decretos del Gobierno dista mucho de estar garantizada. Tras la luz verde ofrecida por la izquierda alternativa, el voto decisivo de PNV y Junts se convierte en el verdadero cuello de botella para la supervivencia de las medidas

01 de Octubre de 2026
Actualizado a las 9:57h
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Acampada en la Puerta del Sol el 30 de semptiembre 2026, foto Agustín Millán

El aire huele a pólvora en el Congreso de los Diputados. Se notaba en los pasillos esta misma mañana: miradas de reojo, teléfonos echando humo y ese murmullo denso que anticipa las votaciones de infarto, esas en las que un par de votos arriba o abajo te hunden una legislatura.

La noticia saltó temprano: Podemos votará "sí" a los decretos de vivienda. ¿Un mero trámite? Qué va. Es pura supervivencia política. Los morados venían apretando las tuercas al Gobierno durante semanas, amenazando con tumbar el texto. Pero al final han tenido que aflojar. Ceder. La calle ha pulsado el botón de socorro y la moqueta no ha tenido más remedio que responder.

Pues bien, ¿qué fue lo que destascó el entuerto? Una reunión a primera hora. En la mesa, la dirección de Podemos y los representantes de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas. Se respiraba malestar. A Ione Belarra y a los suyos no les gustaba un pelo la trampa del Ejecutivo: trocear el famoso Decreto Maricarmen en dos leyes separadas para diluir el impacto. Sabe a jugada sucia, sí. Pero la gente que está a punto de quedarse sin techo no entiende de filigranas parlamentarias. Mejor un paraguas remendado que quedarse bajo el aguacero.

Alicia del Río, la voz del Sindicato de Inquilinas, lo dijo alto y claro delante de las cámaras de Televisión Española: tragar con decretos "de mínimos" es una tremenda vergüenza, pero renunciar a frenar un desahucio mañana mismo sería una irresponsabilidad. Pragmatismo puro. Del que escuece, pero salva muebles.

Ione Belarra entendió el mensaje al vuelo. O jugaba a ser la herramienta de los colectivos sociales o se quedaba fuera de juego. Si tumbaba las medidas, el coste político de dejar desprotegidas a miles de familias caía sobre sus espaldas, no sobre las de la derecha y la ultraderecha. Un número demasiado alto de la cuenta a pagar. Así que apretó los dientes y soltó el titular: "Vamos a votar sí".

Y es que el paquete tiene miga. No es la panacea, desde luego, pero paraliza los desahucios a familias vulnerables sin alternativa de techo hasta 2030. Casi nada. Además, ata de pies y manos a los grandes fondos buitre para frenar la especulación hasta 2028 y prorroga los alquileres en zonas ahogadas por los precios.

Pero ojo, que la película no termina aquí.

Salvado el escollo de la izquierda, la pelota bota ahora en el tejado de PNV y Junts. Y ahí la cosa se pone fea. Los nacionalistas de centro-derecha no quieren oír hablar de regular precios ni de tocar la propiedad privada. Que si frena la oferta, que si invade competencias... La historia de siempre. En la Moncloa ya preparan las calculadoras para una negociación a dos bandas que se prevé agónica.

Mientras tanto, en la calle el ambiente está caldeado. Del Río no pidió solo el voto; llamó a filas. Manifestaciones este fin de semana y la sombra de una huelga general por la vivienda planeando en el horizonte. La lectura que hacen en los barrios es muy sencilla: los decretos se firman en el Congreso, pero los derechos se conquistan apretando en la acera.

Veremos qué pasa cuando se encienda el marcador del hemiciclo este viernes. Pero algo queda claro: mientras los políticos echan sus cuentas, la calle ya ha puesto la directa. Y no piensa parar.

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