Las mentiras de Ayuso: cuando la presidenta de Madrid convierte la política en una fábrica de enemigos

La dirigente madrileña vuelve a levantar un relato de conspiración permanente: España rota, Madrid expoliada, Cataluña convertida en amenaza y el Gobierno presentado como ilegítimo desde su origen

05 de Junio de 2026
Actualizado a las 11:45h
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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, hoy, en el coloquio con el ex ministro Jaime Mayor Oreja Frente Popular o España. Fundamentos para la alternativa
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, hoy, en el coloquio con el ex ministro Jaime Mayor Oreja Frente Popular o España. Fundamentos para la alternativa

Isabel Díaz Ayuso no se limitó a acompañar a Jaime Mayor Oreja en la presentación de un libro. Hizo algo mucho más grave: utilizó el acto para reforzar un relato plagado de exageraciones, medias verdades y falsedades políticas que buscan presentar al Gobierno de España como ilegítimo, a Madrid como víctima de un expolio, a Cataluña como una amenaza permanente y al nacionalismo vasco como parte de una misma operación de ruptura.

Primera gran mentira

La primera gran mentira es la del origen del Gobierno de Pedro Sánchez. Ayuso afirmó que el Ejecutivo “no tuvo que nacer” y que “nació con un pacto con Bildu, un pacto del que no hemos visto un papel”. La frase es tramposa. El Gobierno no nació con Bildu. El Gobierno de coalición nació de un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. Otra cosa es que EH Bildu haya apoyado investiduras, presupuestos o leyes en el Congreso, como también lo han hecho otras fuerzas parlamentarias. Convertir esos apoyos en un supuesto pacto fundacional oculto es una forma de intoxicar el debate público.

Segunda mentira

La segunda mentira es aún más corrosiva: hablar de un Gobierno “cada vez más sobornado”. La palabra no es inocente. “Sobornado” implica compra de voluntades, delito, corrupción directa. Ayuso no aporta una sola prueba de que los apoyos parlamentarios al Gobierno sean sobornos. Lo que hace es presentar la negociación política en un Parlamento fragmentado como si fuera una trama corrupta. Es el mismo mecanismo que utiliza cuando llama “cesiones” a todo lo que no le gusta y “chantaje” a cualquier acuerdo territorial que no pase por su visión centralista de España.

Tercera falsedad

La tercera falsedad es la de Madrid como “cajero automático de Sánchez y del nacionalismo”. Ayuso repite desde hace años una versión victimista de la financiación autonómica: Madrid trabaja, Madrid recauda, Madrid es saqueada. Pero el sistema fiscal español no funciona como una hucha madrileña que el Gobierno abre para repartir dinero entre enemigos de España. Madrid es una comunidad rica, con una enorme concentración de sedes empresariales, renta alta y capitalidad del Estado. Aporta más, sí, como ocurre en cualquier sistema redistributivo serio. Pero convertir la solidaridad territorial en un expolio es una forma de enfrentar territorios y fabricar agravio.

Cuarta mentira

La cuarta mentira es presentar a Madrid como una región casi sin instrumentos fiscales propios. Ayuso llegó a decir que “nosotros no tenemos impuestos propios”. La frase, como mínimo, es profundamente engañosa. Madrid tiene capacidad normativa sobre tributos cedidos, bonificaciones, deducciones y tasas. De hecho, la propia presidenta presume constantemente de bajar impuestos. Si no tuviera margen fiscal, no podría vender políticamente esas rebajas. No se puede decir una cosa y la contraria según convenga.

Quinta manipulación es la de Cataluña

La quinta manipulación es la de Cataluña. Ayuso habla de “naciones paralegales”, de una España que se entrega “a sorbos” y de un país arrastrado hacia una “república plurinacional”. Ese lenguaje no describe una realidad jurídica, sino una campaña de miedo. Cataluña tiene un problema político real, el independentismo existe y el procés provocó una crisis gravísima en 2017. Pero convertir cualquier debate territorial en una conspiración contra España sirve para impedir precisamente lo que más necesita un Estado democrático: política, legalidad, convivencia y soluciones.

Sexta mentira

La sexta mentira es la del deterioro absoluto de la democracia. Ayuso sostiene que la democracia liberal ha sido sustituida por una “democracia popular” donde “lo ilegal, con tal de que se vote, vale”. Es una acusación gravísima y falsa como descripción institucional. España sigue siendo una democracia parlamentaria, miembro de la Unión Europea, con elecciones libres, tribunales, prensa crítica, alternancia política y gobiernos autonómicos del PP en buena parte del país. Que Ayuso no controle el Gobierno central no convierte a España en una democracia popular.

Séptima falsedad

La séptima falsedad es el relato de la persecución permanente contra Madrid. La presidenta afirma que existe una campaña “continua, aberrante” contra la Comunidad de Madrid, desde medios, organismos y Fiscalía. Es una estrategia conocida: cuando hay críticas por la gestión sanitaria, fiscal, educativa, judicial o institucional, Ayuso las convierte en un ataque a Madrid. Así se protege políticamente: quien critica a Ayuso no critica a una gobernante, sino supuestamente a todos los madrileños.2

Octava manipulación

La octava manipulación es la del miedo económico. Ayuso advierte de que la prosperidad “va a caer”, que España será como un mueble carcomido que se desploma de golpe y que acabaremos en un país de “gasto público y subvención generalizada, no destinada a quien no puede, sino a quien no quiere como modo de vida”. Es una frase clasista y sin datos. Demoniza a quienes reciben ayudas públicas, identifica protección social con parasitismo y presenta al Estado del bienestar como una fábrica de vagos. Es el viejo discurso contra lo público, maquillado con épica de libertad.

Novena falsedad

La novena falsedad es la acusación personal contra Sánchez. Ayuso dice que al presidente “le da igual España”, “le da igual su familia”, “le da igual el Senado” y “le da igual todo”. Eso no es una crítica política: es descalificación personal. Puede criticarse con dureza al Gobierno, sus leyes, sus pactos o sus decisiones. Pero afirmar que al presidente le da igual su familia no es un argumento. Es barro.

Décima mentira

La décima mentira es quizá la más peligrosa: presentar toda la política española como una batalla entre patriotas y enemigos de España. En el acto, Ayuso avala la tesis de Mayor Oreja de que existe un “proceso” que une a Zapatero, Sánchez, ETA, Cataluña, el PNV, Bildu y la izquierda. Esa teoría no explica la realidad: la deforma. Mete en el mismo saco a partidos legales, instituciones democráticas, gobiernos autonómicos, nacionalismos distintos, leyes de memoria, debates sociales y terrorismo. Todo se convierte en una única conspiración.

Ese es el verdadero núcleo del discurso de Ayuso: no discutir políticas, sino fabricar enemigos. No debatir financiación, sino denunciar expolio. No reconocer pluralidad territorial, sino hablar de ruptura. No aceptar la legitimidad parlamentaria del adversario, sino insinuar que el Gobierno nació manchado. No hacer oposición, sino construir un relato de emergencia permanente.

El problema no es que Ayuso sea dura. La dureza forma parte de la política. El problema es que su discurso se sostiene demasiadas veces sobre afirmaciones falsas, insinuaciones sin prueba y marcos de confrontación que rompen cualquier posibilidad de debate honesto. Madrid merece algo más que ser utilizada como trinchera. Y España también.

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