Marlaska desafía al PP a lanzar sus acusaciones fuera del Congreso

El ministro del Interior ha sido contundente al afirmar que si se le sigue acusando de haber tapado la situación del DAO fuera del Congreso, interpondrá las correspondientes querellas

18 de Febrero de 2026
Actualizado a las 11:55h
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Marlaska Congreso
Fernando Grande-Marlaska, en el Congreso de los Diputados | Foto: PSOE

La oposición convierte una querella grave en circo político. El Partido Popular ha elevado sus gritos de “dimisión” contra Fernando Grande-Marlaska a un nivel de visceralidad que traiciona su propio historial, optando por el espectáculo fácil en lugar de un escrutinio constructivo de las fallas institucionales expuestas por el caso del DAO. Mientras la víctima merece un análisis sereno sobre protección policial interna, el PP prefiere el ensañamiento teatral, recordando sus propios escándalos sin autocrítica.

Ensayismo populista del PP

Desde la bancada popular, Miguel Tellado ha declarado que ver a Marlaska le produce “náuseas”, acusándolo de “encubrir una violación” y de liderar un “feminismo asqueroso” que protege agresores pero ignora el burka. Ester Muñoz y Mirian Guardiola han remachado exigiendo la dimisión “hoy mismo”, alegando que el Gobierno “sabía” y solo actuó porque “salió a la luz”, sin aportar pruebas más allá de la sospecha oportunista. Esta retórica, cargada de insultos viscerales como “encubridores de presuntos delincuentes” y “pudren todo lo que tocan”, prioriza el golpe de efecto sobre cualquier propuesta concreta para reformar los protocolos de denuncia en la Policía Nacional. La reacción de Marlaska ha sido contundente: retar a la oposición a lanzar las mismas acusaciones fuera del Congreso, donde no hay inmunidad parlamentaria y, de hacerlo, el ministro ha anunciado que interpondrá las querellas que correspondan. Esta amenaza, de boca de un juez, no es velada. 

El enfoque no es fiscalización responsable, sino weaponización selectiva: el PP martillea el caso DAO mientras resiste remover sus propios lastres, como el alcalde de Móstoles imputado por acoso o el de Algeciras bajo lupa. María Jesús Montero lo ha clavado al reprocharle su “doble moral”: critican agresiones cuando tocan al Gobierno, pero miran para otro lado en sus feudos, recordando incluso a Rato y Bárcenas en prisión.

Hipocresía histórica de la derecha

El PP acumula un currículum de silencios selectivos que invalida su cruzada actual. Han gobernado con figuras como José Manuel Villarejo filtrando grabaciones comprometedas, o casos de violencia de género en sus filas que no generaron la misma urgencia dimisionaria. Ahora, ante una querella admitida a trámite donde Marlaska ha forzado dimisiones inmediatas y prometido investigación interna, optan por el tremendismo: “presunto violador al frente de la Policía”, ignorando que el propio ministro condiciona su continuidad a la percepción de la víctima.

Esta táctica no defiende a la denunciante, cuya protección real pasa por fortalecer vías internas seguras, no por titulares, sino que explota su dolor para erosionar al Gobierno en un Congreso semivacío, sin Sánchez presente. Es oportunismo puro, disfrazado de indignación moral, que degrada el debate sobre abusos en jerarquías policiales a un rifirrafe de bajo vuelo.​

Ausencia de alternativas reales

Ni una propuesta concreta del PP sobre protocolos antifraude en Interior o auditorías independientes para denuncias internas. En su lugar, Cayetana Álvarez de Toledo habla de “devastador” sin entrar en detalles, y la bancada golpea mesas gritando “¡dimisión!” ante aplausos socialistas. Por Andalucía les afeó esta “doble moral” por pedir cabezas ajenas mientras blinda las suyas en Algeciras.

El contraste con la respuesta gubernamental (dimisión del DAO, suspensión de San Juan, investigación reservada) deja al PP en evidencia: su ofensiva es ruido, no soluciones. En un ensayo de fondo, esta actitud opositora no ilumina las grietas institucionales del caso, sino que las oscurece bajo un manto de hipocresía partisana, donde la víctima sirve de ariete político más que de eje ético.

La querella contra el DAO

La querella contra el DAO José Ángel González, a la que Diario Sabemos ha tenido acceso, destila un relato escalofriante de abuso jerárquico y violencia sexual en el corazón del poder policial. Admitida a trámite por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 8 de Madrid, la denuncia de una subordinada, agente de la Policía Nacional y expareja del alto cargo, detalla una agresión el 23 de abril de 2025 en su domicilio oficial, coacciones posteriores, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos. El juez David Maman Benchimol ha citado a González a declarar el 17 de marzo de 2026 como querellado, respaldando la gravedad probatoria del caso.​

Estando de servicio, la víctima recibió órdenes directas del DAO para usar un vehículo policial camuflado de la comisaría de Coslada y recogerle en un restaurante donde comía con el comisario Óscar San Juan, su asesor de confianza. González insistió en que subiera a su vivienda oficial para “hablar de nosotros dos”, manipulándola pese a sus negativas reiteradas por temor a represalias profesionales y ante la asimetría de poder.

Una vez dentro, el querellado desplegó “conducta agresiva de naturaleza sexual caracterizada por violencia física e intimidación ambiental”, impidiéndole marcharse con exabruptos e insistiendo en actos sexuales pese a sus rechazos “verbales, expresos, rotundos y continuos”. Según el auto judicial, tocó su vagina, introdujo dedos, la masturbó, bajó su pantalón de forma sorpresiva, la sujetó y forzó su mano sobre su miembro erecto, alternando súplicas (“hazlo por mí”), insultos (“gilipollas”, “borrica”) y amenazas.

La querella adjunta grabación de audio de la agresión, listados de 17 llamadas el mismo día, mensajes intimidatorios manipulativos y culpabilizadores, más informes médicos de crisis de ansiedad severa que derivó en baja laboral. Tras zafarse, la víctima dejó el coche oficial en Coslada y colapsó en casa; González bombardeó su teléfono personal y oficial, reconociendo en mayo que “nunca me habías negado el sexo”.

El relato enfatiza la relación previa de “control, dominación y sumisión psicológica” por la superioridad institucional: la agente intentó romperla varias veces sin éxito por miedo profesional, hasta que el DAO no aceptó la separación definitiva.

En julio de 2025, Óscar San Juan llamó a la víctima ofreciéndole “elige destino o puesto de trabajo” por WhatsApp a cambio de silencio, en un intento de coacción laboral velada. Ella rechazó tajante: “Tendrá las consecuencias procedentes; no contesto a su proposición”. Esta secuencia, con uso de recursos públicos (coche oficial, llamadas institucionales), sustenta la malversación alegada.

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