El portavoz del Partido Popular, Borja Sémper, culpó este lunes 31 de agosto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de “manosear políticamente” la figura del rey Felipe VI y la Corona. Le exigía al jefe del ejecutivo central que cesara el “deterioro institucional” provocado por la crisis migratoria de Ceuta, que cumple un mes sin visos de solución a corto plazo. Pero precisamente fue el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, el que abrió la veda en la utilización de la figura del monarca en la más grave crisis migratoria sufrida por este país. Lo hizo el pasado 22 de agosto, en el momento más álgido de la ofensiva contra el Gobierno por su gestión de los miles de migrantes que aún deambulan por las calles de la ciudad autónoma.
En un suma y sigue constante para aprovechar el viento de cola que toda crisis migratoria insufla a las derechas, el líder del PP enarboló el pasado 22 de agosto la figura de Felipe VI para una hipotética visita a la ciudad autónoma con el objetivo prioritario de mostrar una imagen de unidad y fortaleza de país, a sabiendas de que de este modo abría una espita de imprevisibles consecuencias entre dos países vecinos siempre vigilantes. De hecho, la última visita de un rey español a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se produjo hace casi 20 años, en 2007, con Juan Carlos I y la reina Sofía como protagonistas. Marruecos lo consideró un agravio y el rey Mohamed VI ordenó llamar a consultas a su embajador en España. La crisis diplomática se prolongó durante meses.
Ahora, en plena crisis con Marruecos por la avalancha de Ceuta de finales de julio, Feijóo ha sido el primero en reclamar al Gobierno de Sánchez que facilite la visita de Felipe VI a la ciudad autónoma porque, según el líder de la oposición, Felipe VI “quiere ir” a Ceuta y que lo hará cuando el Ejecutivo autorice el desplazamiento. El presidente del PP ha vinculado esa eventual visita con las funciones del Rey como jefe del Estado y garante de la soberanía y de la integridad territorial de España.
Zarzuela no ha permanecido ajena en ningún momento a la crisis de Ceuta, como se deduce de las intenciones de Feijóo al situarlo en el primer plano de esta crisis para que dé un paso al frente y visite la ciudad autónoma
De este modo, el PP empezó a “manosear” la figura del monarca en un tema tan espinoso como es el el de de las relaciones con el país vecino del sur. Al incorporar la figura del jefe del Estado a una crisis que hasta ahora se había articulado exclusivamente alrededor de la inmigración, la seguridad fronteriza y la relación con Marruecos, Feijóo buscaba evidenciar la debilidad del ejecutivo español en esta crisis aun a costa de exponer a la monarquía en medio y las relaciones diplomáticas con un país decisivo para los intereses de España.
Más allá de la utilización meramente partidista del jefe del Estado, Feijóo sumó al monarca a su estrategia ya consabida de acoso y derribo al Gobierno de España, aun a costa de abrir una nueva crisis diplomática con Marruecos en un momento de especial debilidad del ejecutivo español a cuenta de la crisis migratoria de Ceuta.
Así, Feijóo sitúa el conflicto en un terreno más amplio: el de la soberanía nacional, por lo que la ausencia o presencia de Felipe VI en Ceuta adquiere especial relevancia. “Estoy convencido de que el Rey quiere ir a Ceuta”, afirmó Feijóo el 22 de agosto, antes de dar por hecho que lo hará cuando el Gobierno “autorice” el desplazamiento. El líder del PP presentó la visita como idónea en estos momentos de crisis dada la condición del monarca como jefe del Estado y su papel en la defensa simbólica de la unidad territorial.
Pero el rey español no ha permanecido ajeno a esta avalancha migratoria sin precedentes en ningún momento, como cabría deducirse de las intenciones de Feijóo al situarlo en el primer plano de esta crisis para que dé un paso al frente y visite la ciudad autónoma.
Felipe VI sí ha intervenido desde el comienzo de la crisis. El 31 de julio mantuvo conversaciones con Pedro Sánchez y con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, para conocer la situación. Al día siguiente expresó su "gran preocupación e indignación" por los acontecimientos y subrayó que el Estado debía garantizar la seguridad de Ceuta y evitar que hechos de esa gravedad volvieran a producirse. Por tanto, el monarca español ha actuado hasta ahora siempre dentro de los cauces institucionales, que vienen marcados por la comunicación con el Gobierno, el contacto con las autoridades de Ceuta y una declaración pública de preocupación.
En ningún caso debe reducirse esta próxima visita bajo el paraguas previo de una “autorización” por parte del Gobierno central, como quiere dar a entender el líder del PP. Es un asunto mucho más complejo que se escapa a las limitaciones diplomáticas del líder de la oposición, que cuanto menos no encuentra problema alguno en utilizar la figura del jefe del Estado para sus intereses partidistas, más allá de que puede abrir en estos momentos una brecha diplomática de imprevisibles consecuencias.
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