Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente andaluz y candidato del Partido Popular a las próximas elecciones autonómicas del 17 de mayo, tiene ya un mantra de campaña electoral perfectamente identificado para intentar revalidar la mayoría absoluta que actualmente tiene en la Cámara andaluza con 58 diputados de los 109 que la componen: evitar el “lío”. Este “lío” del que habla continuamente desde que ha disuelto el parlamento se llama Vox, el partido de ultraderecha que logró en enero de 2019 tocar “pelo” en la arena política gracias a los 12 diputados logrados y sobre todo al pacto con el PP de Moreno Bonilla para tomar decisiones de poder en una administración pública por primera vez en la democracia española, gracias al beneplácito de la cúpula del PP nacional y sobre todo de Moreno Bonilla, que rompió un cordón sanitario contra la ultraderecha que entonces era infranqueable en todo el continente europeo por el resto de fuerzas democráticas. El pacto del PP andaluz con Vox recogía un total de 37 medidas concretas para la investidura de Moreno Bonilla, que logró ser presidente andaluz en enero de 2019 con los votos de Ciudadanos y Vox con el peor resultado obtenido por el PP en unas elecciones andaluzas en toda su historia.
Aquella rúbrica permitió de facto a la ultraderecha meter cabeza por primera vez en la toma de decisiones políticas en una administración pública en toda la historia de la democracia en España. Desde entonces hasta la actualidad, el PP andaluz no ha parado de asumir, blanquear o incluso impulsar decididamente iniciativas provenientes de la formación ultraderechista, que entre sus principios fundacionales mantiene la voladura del Estado de las autonomías o el negacionismo de la violencia machista, entre otros puntos decisivos que, de un modo u otro, insertó en enero de 2019 entre los 37 puntos del acuerdo que sirvió a Moreno Bonilla para hacerse con la Presidencia de la Junta gracias al apoyo de la ultraderecha.
Aquel PP andaluz de Moreno Bonilla accedió, con tal de llegar al poder por primera vez en el “granero socialista” por excelencia, a la derogación de la Ley de Memoria Histórica a cambio de promover una Ley de Concordia. También se recogía en uno de los puntos la protección y el apoyo por ley de la tauromaquia, que actualmente, y ya sin tener la presión de Vox en el cogote, ha asumido el PP andaluz con naturalidad. En aquel acuerdo de 2019, ambas formaciones se comprometían a reconocer la importancia de la caza y a la promoción de “expresiones culturales y populares andaluzas” como el flamenco o la Semana Santa. Ni que decir tiene que el PP de Moreno Bonilla es hoy por hoy un abanderado sin igual de estas dos señas de identidad andaluzas.
Moreno Bonilla no tuvo el más mínimo rubor en romper en 2019 el cordón sanitario contra la ultraderecha que entonces era infranqueable en todo el continente europeo por el resto de fuerzas democráticas
También el señuelo de la inmigración, gran caballo de batalla de Vox, fue recogido sin problema alguno por el PP andaluz, sin llegar a aceptar lo que la formación ultraderechista exigía en un primer momento, la expulsión de los supuestos 52.000 migrantes en situación irregular que había contabilizado Vox. A cambio, Moreno Bonilla aceptaba sin rubor la tesis del “efecto llamada” y se comprometía a romper todos los puentes que pudieran favorecerlo con “la protección de las fronteras, garantizando así una inmigración ordenada, legal, respetuosa con nuestra cultural occidental, vinculada siempre al mercado laboral”.
También la visión ultra que Vox tiene del aborto fue asumida de principio a fin por el PP de Moreno Bonilla hace siete años, consiguiendo introducir en el acuerdo de investidura el sistema de atención a mujeres con embarazos no deseados para proporcionarles “asistencia y alternativas socioeconómicas”. Además, el PP se comprometía a la creación de una Consejería de Familia y a la implementación de un plan de apoyo a las familias que tenga como eje fundamental el fomento de la natalidad.
En definitiva, el “lío” que Moreno Bonilla menciona una y otra vez sin parar desde que está en campaña electoral se llama Vox, y es el mismo que mantiene sin gobiernos las comunidades de Extremadura, Aragón y Castilla y León, la misma ultraderecha que el líder del PP andaluz no tuvo el más mínimo inconveniente en abrirle las puertas de par en par allá por enero de 2019 con tal de gobernar, costase lo que costase aquel gesto, que hoy, transcurridos ya más de siete años, se constata el precio que supuso para la democracia española.