A menos de un mes de la cita con las urnas del próximo 29N, la candidata de Junts al Congreso, Míriam Nogueras, ha trazado una línea roja infranqueable de cara a la aritmética poselectoral que emergerá del Parlamento. En una intervención radiofónica que sacudió los equilibrios de la precampaña, la dirigente independentista advirtió con rotundidad algo. Si su formación resulta decisiva en la conformación de las Cortes, con sus votos no habrá «ni un ministro (Santiago) Abascal» ni una «ministra (Ada) Colau» . Con este doble portazo a los extremos ideológicos del hemiciclo, Junts se posiciona como un actor táctico dispuesto a encarecer cada contraprestación. Exige un giro copernicano en las políticas del futuro Ejecutivo. Y recuerda que ni los populares ni los socialistas ofrecen hoy lo que demanda Cataluña.
La estrategia de la formación soberanista pivota sobre el principio de la negociación dura y el escepticismo hacia los grandes partidos de implantación estatal. Al ser interrogada sobre los posibles entendimientos, Nogueras desenterró fantasmas del pasado parlamentario para fustigar a la socialdemocracia. Señaló con ironía que «los únicos que han hecho al PP presidentes se llaman socialistas» , en alusión a la investidura de Mariano Rajoy en 2016. Para la candidata, el bloque conformado por el Partido Popular y Vox carece por completo de opciones de obtener su beneplácito. Replica la negativa que ya manifestaron en la pasada legislatura.
Lejos de cerrar la puerta a cualquier diálogo sobre la investidura, Junts condiciona sus escaños a un cambio sustancial. Advierte que antes de abordar el gobierno se dirimirá la Mesa del Congreso. Y recuerda que «si una cosa hemos demostrado es que sabemos negociar y hemos negociado» . Saca pecho de haber impuesto la agenda catalana sobre el pulso del PSOE.
Reivindicación soberanista de los trenes
La sacudida política provocada por el trágico accidente ferroviario en la localidad toledana de Urda y la posterior dimisión del titular de Transportes, Óscar Puente, sirvió a la candidata independentista para redoblar sus críticas contra la ineficacia de la administración central. Según el análisis de Junts, la caída del ministro «les dio la razón» en sus denuncias históricas sobre la cruda desinversión, el abandono presupuestario y la absoluta falta de planificación que padece la red ferroviaria. Con especial incidencia en el territorio catalán. Para Nogueras, la salida de Puente constituía un paso inaplazable e inevitable. Afirmó con contundencia que «es lo que tenía que hacer y lo que debería haber hecho cualquier persona en su lugar» . En clara alusión a la exigencia de responsabilidades políticas ante colapsos de servicios públicos esenciales.
Aprovechando la crisis abierta en el sector del transporte, la formación soberanista elevó su apuesta descentralizadora. Reclamó un «traspaso integral» de las vías, los trenes, las estaciones y los recursos económicos hacia Cataluña. Tomando como espejo de eficiencia el modelo gestionado por Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, la candidata defendió esta transferencia radical como la única fórmula viable para profesionalizar y sanear el servicio ferroviario. Aunque admitió con realismo que semejante encomienda administrativa no se materializa en dos días, insistió en que «en algún momento habrá que empezar» . Utilizó el colapso de la alta velocidad española como argumento definitivo para profundizar en la desconexión competencial del Estado.
Gobernabilidad
La posición de fuerza que exhibe Junts a menos de un mes de las urnas refleja la profunda fragmentación que condiciona el mapa político español. Atrapados en una precampaña donde el desgaste del bipartidismo compite con el impacto de las crisis sectoriales, los partidos de obediencia catalana buscan maximizar su rédito en la futura cámara baja. La negativa de Nogueras a participar en espacios mediáticos de entretenimiento de máxima audiencia contrasta con la dureza de su discurso en los platós informativos institucionales. Allí busca consolidar un perfil de dureza negociadora frente a Madrid.
En definitiva, la hoja de ruta trazada por Junts de cara al veintinueve de noviembre confirma que la gobernabilidad de España seguirá pendiendo de un hilo frágil. Al vetar tanto los extremos de la derecha como las opciones de la izquierda alternativa, y al exigir competencias exclusivas en materia de infraestructuras aprovechando la debilidad de un ministerio herido por la tragedia de Urda, el soberanismo catalán se erige una vez más en el árbitro implacable de una política nacional atenazada por sus propias costuras. Los votos de Junts no servirán para investir sillones a coste cero. Exigirán un peaje institucional de soberanía y recursos que volverá a someter a prueba la resistencia de cualquier inquilino que aspire a gobernar desde La Moncloa.
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