Junts le pone la bota en el cuello a Feijóo

Vox veta las negociaciones con Puigdemont en Waterloo mientras Junts asfixia a Sánchez sin ceder ante el PP

02 de Junio de 2026
Actualizado a las 15:13h
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Junts Feijóo
Turull en un acto de partido | Foto: Junts

La política española se ha convertido en una partida de ajedrez cruzada donde las estrategias de desgaste mutuo amenazan con paralizar la legislatura. En el epicentro de este terremoto se encuentra Junts per Catalunya, una formación que ha optado por apretar las tuercas al Gobierno de Pedro Sánchez al dar el ciclo socialista por finiquitada, pero que se resiste con fuerza a convertirse en el trampolín que devuelva a la derecha a la Moncloa. Los neoconvergentes juegan al funambulismo: exigen urnas de inmediato mientras estiran los tiempos ante los cantos de sirena de Génova.

La respuesta de los independentistas al amago de moción de censura planteado por el Partido Popular ha llegado cargada de ironía y desafío institucional. El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha dejado claro que su partido no está para sostener ni al PSOE ni al PP, enviando un recado envenenado a Alberto Núñez Feijóo al asegurar que si el PP tiene algo serio que proponer, la cita debe ser en Waterloo con Carles Puigdemont. Esta condición busca devolver la presión al tejado de los populares, plenamente conscientes de que cruzar esa línea destruiría su propio discurso de legitimidad en el panorama nacional.

El movimiento de Junts dinamita la estrategia que el líder del PP aireó recientemente, cuando planteó una alianza instrumental que sumaría 184 diputados para exigir elecciones inmediatas, un bloque teórico en el que convivirían el PP, Vox, el PNV y los propios independentistas catalanes. Feijóo busca desesperadamente canalizar parlamentariamente el acoso al Ejecutivo, pero sabe que lanzar una moción de censura sin los apoyos amarrados solo serviría para desviar el foco de las sospechas de corrupción que cercan a los socialistas.

El plan de Génova, sin embargo, no solo choca con el muro del independentismo, sino que ha provocado una grieta inmediata en su socio preferente. Vox ha rechazado de plano cualquier negociación del PP con Carles Puigdemont, calificando de inadmisible cualquier acercamiento a Waterloo. La formación de Santiago Abascal exige a Feijóo que deje de marear a los españoles con hipótesis irrealizables y le urge a presentar la moción de forma directa. Este veto de la extrema derecha reduce a cero el margen de maniobra de los populares, atrapados entre la imposibilidad matemática y la exigencia de pureza ideológica de sus aliados.

Para Junts, el cálculo electoral en Cataluña pesa mucho más que cualquier deseo de ver caer a Pedro Sánchez de forma inmediata. La portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, ya advirtió que la formación no ha ido a Madrid a poner ni a quitar gobiernos españoles, cerrando la puerta a una votación conjunta con el PP y Vox que resultaría un coste político inasumible ante las bases soberanistas. La dirección de Junts sabe que una fotografía votando junto a la ultraderecha desarmaría su relato político en Cataluña.

Por ello, la hoja de ruta neoconvergente pasa por mantener las distancias formales con los bloques de la derecha madrileña mientras profundizan en el desgaste diario del PSOE en el Congreso. El objetivo estratégico no es forzar un relevo traumático en la Moncloa a través de alianzas contranatura, sino cercar y asfixiar la acción legislativa del Ejecutivo de tal manera que la parálisis política obligue al propio Pedro Sánchez a activar el botón rojo del adelanto electoral.

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