La expectación por la rueda de prensa del Consejo de Ministros era importante y, aunque se han aprobado y tratado otros temas, había uno que solapaba todo: los decretos de vivienda. Fuegos artificiales, gestos graves y una escenografía calculada al milímetro en la sala de prensa de La Moncloa. Así salió la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, a jugarse el todo por el todo. Sabe de sobra que el drama de los alquileres es el agujero negro de esta legislatura, y por eso combinó el tono emotivo con la jerga de los despachos.
Tras semanas de peleas a puerta cerrada que obligaron a trocear el acuerdo en dos textos distintos, el Ejecutivo optó por una pirueta política: apelar a la fibra moral de los diputados usando como escudo el desahucio de una anciana. Todo para blindar una gestión acorralada por las críticas.
La propia ministra dejó entrever las prisas de última hora. Trocear el paquete regulatorio —dejando las grandes reformas en una norma y aislando la más explosiva, la de los contratos indefinidos, en un decreto aparte— es una maniobra de pura contención. Buscan evitar que el incendio ideológico se lleve por delante todo el trabajo. En un Congreso donde cada voto cuesta un potosí, Rodríguez intentó repartir la patata caliente con la oposición y sus socios, pidiéndoles que den la cara en un pleno extraordinario de urgencia.
El hilo de su intervención no fue una aburrida lista de cifras o tipos de interés. Fue el dolor de la calle.
La imagen de Mari Carmen, expulsada de su piso a los 87 años y sacada en camilla, se convirtió en el argumento estrella para mover el avispero institucional. Rodríguez no esquivó el asunto; lo usó de palanca: «Se ha dado la circunstancia de que la aprobación en el Consejo de Ministros de este real decreto, además, está marcada por un contexto social que tampoco podemos obviar... la sociedad española no se puede permitir, no debe permitirse, episodios como este».
Con ese empujón emocional justificó el decreto principal. ¿El objetivo? Estirar el llamado escudo social hasta finales de 2030, apretar las tuercas procesales a los fondos de inversión y poner nombres y apellidos a los grandes tenedores: «No solamente ponemos nombres y apellidos a los especuladores, como ha ocurrido en el caso de Urba Gestión, sino que además vamos a identificar a esas empresas para prohibirles que sigan mercadeando con un bien esencial».
El paquete incluye además ajustes en la fiscalidad de las Socimis y un intento de taponar la vía de agua hacia los pisos turísticos imponiéndoles un IVA del 10%. Para los pequeños propietarios que alquilen por debajo de los 33.000 euros anuales habrá bonificaciones en el IRPF, buscando dar algo de aire a 1,6 millones de familias.
A eso se suma el reclamo estrella para los jóvenes con sueldo pero sin ahorros: el programa Tu Casa. Un préstamo público al 0% de interés para cubrir la entrada de la primera vivienda. «El Gobierno va a adelantar el préstamo a las familias para asumir esa primera vivienda a través del crédito hipotecario», prometió la ministra, vendiendo además el blindaje del suelo público para que no vuelva a caer en manos privadas.
Pero, claro, la trampa estaba en el segundo decreto.
Ahí metieron, solito y sin acompañamiento, el asunto de la renovación automática de los alquileres para hacerlos prácticamente indefinidos. La propia Rodríguez admitió que a ese texto le faltaba cocción y trabajo con los partidos: «Se trata de un texto que vamos a pedir la renovación automática de los contratos... pero que ciertamente no hemos podido trabajar con los grupos políticos con la dedicación, el tiempo, los debates con los que ya habíamos trabajado las medidas de ese otro primer real decreto-ley». Blanco y en botella: lo aislaron para contentar a la izquierda sin arriesgar el resto de la ley frente al no ya anunciado de Junts o del PNV.
Para cerrar el acto, la ministra buscó emocionar al personal recordando a David Lucas, su secretario de Estado recién fallecido y muñidor de los textos: «Detrás de este real decreto-ley, hasta los últimos instantes de su vida... estuvo una persona que me ha acompañado durante estos tres años en esta tarea, que fue el secretario de Estado David Lucas. Y, por tanto, esa firma está también en este texto».
Ahora, la función se traslada a la moqueta del Congreso. Pedir "generosidad y altura de miras" está muy bien para los titulares, pero los números en el hemiciclo son fríos. Separar las medidas para salvar los muebles puede terminar en un fiasco si los socios de investidura deciden bajar el pulgar este viernes. Nos enteraremos pronto de si la emoción y el recuerdo de Mari Carmen bastan para salvar a un Ejecutivo exhausto o si las cuentas de la Cámara terminan por pasarle factura.
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