La publicación del último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), dirigido por José Félix Tezanos, ha arrojado un veredicto demoscópico demoledor que refleja el profundo impacto de los recientes escándalos judiciales que asedian al núcleo del partido del Gobierno. Por primera vez, el organismo público se ve obligado a registrar un desplome histórico en la intención de voto del PSOE, que se deja casi cinco puntos porcentuales en un margen de apenas tres semanas, coincidiendo con un escenario de máxima gravedad judicial y política en el seno del socialismo.
El desgaste del capital electoral socialista encuentra su detonante en dos frentes judiciales de enorme carga simbólica y orgánica. El primero de ellos se sitúa en la Audiencia Nacional, tras la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por presunto tráfico de influencias en relación con el rescate de la aerolínea Plus Ultra. A este golpe moral para las filas gubernamentales se añade la investigación sobre las denominadas cloacas de Ferraz, una presunta trama destinada a hostigar a estamentos judiciales y policiales para frenar el avance de las causas por corrupción política en España, un entramado en el que las pesquisas señalan de manera directa a figuras de la máxima confianza del Ejecutivo como Santos Cerdán y Leire Díez.
El análisis de los datos del instituto público revela un escenario paradójico que alimenta el debate sobre la demoscopia oficial. A pesar de certificar una caída a plomo que sitúa a la formación liderada por Pedro Sánchez en el 31,3% de los apoyos, el barómetro del CIS insiste en mantener a la formación gobernante como la opción preferida por los ciudadanos. Esta tesis choca frontalmente con los estudios privados de las principales firmas demoscópicas del país, las cuales coinciden en señalar un vuelco electoral absoluto donde el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo se consolidaría como primera fuerza política nacional con una ventaja que supera los cuatro puntos de diferencia respecto a los socialistas.
La fuga de votos del bloque gubernamental no se traduce, sin embargo, en un trasvase matemático idéntico hacia las filas de la oposición conservadora. El crecimiento de los populares se cifra en poco más de dos puntos, una dinámica que los analistas atribuyen a la dispersión del electorado descontento hacia opciones abstencionistas o hacia el voto en blanco. Por su parte, la formación Vox sufre una ralentización en sus expectativas de crecimiento y cede terreno en favor del bloque de centroderecha, cuya suma global comienza a rozar la mayoría absoluta en la proyección de escaños de los sondeos independientes.
La sorpresa del actual escenario demoscópico se localiza en el comportamiento del socio minoritario de la coalición gubernamental. En medio de un clima de fuerte contestación interna y crisis de liderazgo, la plataforma Sumar logra captar una parte de los electores desencantados de las siglas socialistas, actuando como un dique de contención para evitar el colapso definitivo del bloque progresista. El apoyo incondicional mostrado por esta formación hacia el presidente del Gobierno frente a la ofensiva judicial parece haber reactivado a un sector del electorado de izquierdas, consolidando una estrategia de polarización partidista que marcará el devenir de la legislatura en las Cortes Generales ante un calendario de declaraciones judiciales que promete perpetuar la tensión política durante los próximos meses.