La política exterior española ha entrado de lleno en el debate político interno. No por una decisión improvisada ni por un gesto unilateral del Gobierno, sino por lo que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, considera una deriva irresponsable del Partido Popular, ejemplificada en las declaraciones de Elías Bendodo. Unas palabras que, a juicio del ministro, cruzan una línea peligrosa: equiparar al presidente del Gobierno de España con líderes autoritarios y cuestionar la legitimidad democrática de las instituciones españolas en un momento de enorme fragilidad internacional.
El contexto no es menor. España sigue con atención la posible liberación de presos en Venezuela, entre los que podrían encontrarse ciudadanos españoles. Albares ha insistido en un mensaje constante: prudencia absoluta. La información procede de anuncios realizados por las autoridades venezolanas, en concreto por Jorge Rodríguez, pero el Gobierno español no dará por cerrada ninguna confirmación hasta disponer de datos contrastados por su propia red diplomática.
Venezuela: cautela, no propaganda
El ministro ha explicado que el Ejecutivo dispone de información preliminar, pero que no facilitará cifras ni detalles hasta poder verificar plenamente los hechos y contactar directamente con los afectados. Esta cautela, lejos de ser una maniobra dilatoria, responde a una lógica elemental de protección consular y responsabilidad institucional. Anunciar datos sin confirmar puede generar falsas expectativas, poner en riesgo operativos diplomáticos y, en el peor de los casos, perjudicar a las personas implicadas.
Si la liberación se confirma, Albares la considera un paso positivo por parte de la nueva dirección venezolana, encabezada de forma interina por Delcy Rodríguez, y un gesto que podría abrir una etapa distinta. Pero el ministro subraya que un gesto no equivale a una normalización automática ni a un borrón y cuenta nueva. La política exterior no se construye sobre titulares, sino sobre hechos verificables.
El choque con el PP: una línea roja democrática
Donde Albares se muestra especialmente contundente es en su respuesta a las declaraciones de Elías Bendodo, que situaban al presidente del Gobierno español al mismo nivel que dirigentes autoritarios extranjeros. El ministro no se limita a calificarlas de desafortunadas: las define como una vergüenza democrática. Para él, no se trata de una simple exageración retórica, sino de un ataque directo al sistema constitucional español.
España, recuerda Albares, es una democracia plena. Su presidente ha sido elegido conforme a la Constitución y refrendado por una mayoría parlamentaria legítima. Equiparar esa realidad con regímenes autoritarios supone, en su opinión, erosionar deliberadamente la credibilidad institucional del país y romper los consensos básicos que durante décadas han guiado la política exterior española.
El ministro acusa al Partido Popular de estar desorientado y de recurrir al ruido como sustituto de una propuesta clara. En un mundo en transformación acelerada, sostiene, España necesita una política exterior coherente, alineada con sus socios y basada en principios, no declaraciones altisonantes destinadas al consumo interno.
Un mundo que retrocede peligrosamente
El fondo del debate va mucho más allá de la confrontación partidista. Albares sitúa estas declaraciones en un momento crítico para el orden internacional. La actitud de Donald Trump, con anuncios unilaterales y una retórica de fuerza, se suma a una tendencia global que cuestiona los pilares sobre los que se ha sostenido la paz durante décadas.
El ministro advierte de un riesgo claro: el retorno a un mundo gobernado por la ley del más fuerte, donde los Estados poderosos imponen su voluntad mediante la coacción, la amenaza o la fuerza militar. Frente a ese modelo, Albares defiende el derecho internacional, la igualdad soberana de los Estados y el marco multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
En ese contexto, señala directamente a Vladimir Putin como uno de los principales exponentes de esa ruptura del orden internacional. Pero añade una advertencia incómoda: ese cuestionamiento no solo viene de fuera, sino que encuentra eco en discursos internos que trivializan la democracia y normalizan la deslegitimación del adversario político.
Europa como respuesta política
Para Albares, la respuesta no puede ser el repliegue ni la resignación. La Unión Europea debe reforzar su autonomía estratégica, su capacidad económica y su seguridad. Eso implica diversificar alianzas, reducir dependencias y avanzar en acuerdos clave como Mercosur, que permitirían crear un espacio económico de enorme peso global.
Pero la defensa europea no es solo material. Es también una defensa de valores: democracia, cooperación, derechos humanos y respeto a las normas. Renunciar a ellos, advierte el ministro, supondría vaciar de contenido el propio proyecto europeo.
Democracia, dentro y fuera
Albares lanza un mensaje directo a la ciudadanía: atacar el derecho internacional es atacar también la democracia nacional. Quienes cuestionan la Naciones Unidas y su Carta cuestionan, en realidad, las reglas que protegen nuestras libertades y nuestro modelo de convivencia.
Por eso, insiste, no todo vale en política exterior. No todo vale en el debate público. La liberación de presos en Venezuela, si se confirma, será una buena noticia. Pero el verdadero desafío está en otro lugar: en decidir si España contribuye a fortalecer un orden internacional basado en reglas o si se deja arrastrar por el ruido, la crispación y las comparaciones irresponsables.
En un mundo cada vez más inestable, la advertencia del ministro es clara: trivializar la democracia y el derecho internacional no es una opinión más, es una amenaza real al futuro común.