Ferraz choca con un sector del PSOE de Extremadura y deja a Guardiola a merced de Vox

Ferraz ha determinado desactivar la vía del entendimiento reclamada por una parte del socialismo extremeño, lo que deja a la lideresa del PP en la tesitura de "travestirse de Vox" o convocar nuevas elecciones

12 de Febrero de 2026
Actualizado el 13 de febrero
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Sanchez abstención Guardiola
Pedro Sánchez y María Guardiola | Foto: Pool Moncloa

El panorama político en Extremadura ha dado un vuelco definitivo tras la orden tajante emitida desde la sede nacional del PSOE. La dirección federal ha cerrado cualquier resquicio de esperanza para una investidura tranquila de la popular María Guardiola, sentenciando que no habrá abstención socialista bajo ningún concepto. Esta decisión no solo dinamita el puente que algunos barones regionales intentaban construir, sino que deja a la candidata del PP ante una elección binaria: ceder ante las pretensiones de la formación de Santiago Abascal o asumir el riesgo de una repetición electoral.

La negativa de Ferraz llega como un jarro de agua fría para un sector del PSOE de Extremadura que, encabezado por figuras como el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, abogaba por una "solución técnica". Osuna había planteado que, ante la evidente dificultad de un pacto entre las derechas, lo más "lógico" sería facilitar un gobierno en solitario del PP para evitar la parálisis institucional de la región. Sin embargo, la cúpula nacional ha desautorizado esta vía, recordando que Guardiola ha manifestado reiteradamente su preferencia por negociar con Vox antes que con la izquierda.

Este movimiento de Madrid subraya una estrategia de polarización política donde se busca retratar al PP como un rehén de las exigencias de Vox. Al bloquear la abstención, el PSOE traslada toda la presión a Guardiola, quien tiene hasta el 3 de marzo para lograr una investidura exitosa en un escenario donde la aritmética parlamentaria no perdona.

Las exigencias de Vox

La situación en Extremadura no es un caso aislado, sino que refleja un patrón de negociación que Vox ha perfeccionado en otros puntos del mapa nacional. Mientras que en los primeros años de su irrupción el partido se conformaba con apoyos externos a cambio de medidas programáticas, la formación ha evolucionado hacia una exigencia de poder ejecutivo real y carteras con alto peso ideológico y presupuestario.

En regiones como la Comunidad Valenciana o Castilla y León, la formación de Abascal ya sentó precedentes al exigir vicepresidencias y consejerías clave como Agricultura, Justicia o Cultura. En Extremadura, las demandas actuales siguen esta línea de "máximos", solicitando hasta cuatro carteras estratégicas que incluyen Economía e Industria, algo que el PP extremeño tilda de "inasumible". A diferencia de pactos anteriores donde la gestión se centraba en la rebaja de impuestos, ahora Vox impone condiciones que tocan el núcleo de la estructura autonómica, como la revisión de las subvenciones a agentes sociales y el control de las políticas migratorias regionales.

Tablero de bloques

La actual crisis en Extremadura simboliza el colapso definitivo del centro político como espacio de entendimiento. La decisión de Ferraz de prohibir la abstención responde a una lógica de supervivencia de bloque; los socialistas entienden que cualquier gesto de ayuda al PP diluye la frontera entre ambos y legitima la estrategia de Feijóo.

Por otro lado, la comparativa con otras autonomías revela que el modelo de "apoyo externo" ha muerto. Esto sitúa a María Guardiola en una posición de debilidad inédita: si acepta las condiciones de Vox, traicionará su promesa de un gobierno independiente; si las rechaza, el PSOE no estará allí para recogerla, dejando a los ciudadanos extremeños ante la incertidumbre de unas nuevas elecciones.

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