La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo en la comisión del Congreso que investiga la gestión de la dana de octubre de 2024 dejó un rastro nítido: el Partido Popular ha optado por blindar a Carlos Mazón y administrar el desgaste como si fuera un problema de relato, no de responsabilidades. La estrategia es conocida —repartir culpas, invocar fallos generales, subrayar una dimisión como gesto suficiente—, pero en este caso choca con un hecho incómodo: el expresidente valenciano sigue en Les Corts, aforado y con protagonismo parlamentario.
Feijóo admitió que Mazón “se equivocó”, pero lo presentó como “el único” que asumió responsabilidades. El matiz importa. No es una absolución explícita, pero sí una coartada política: si todos fallaron y uno dimitió, la cadena de mando queda difuminada. El problema es que la gestión de una emergencia no se juzga por gestos posteriores, sino por decisiones —o ausencias— en el momento crítico.
La dimisión sin retirada
El PSOE ha puesto el foco en esa contradicción. Dimisión sin apartamiento efectivo del poder es una fórmula que vacía de contenido la rendición de cuentas. Mazón dejó la presidencia, pero conserva escaño, aforamiento y un papel relevante en el Parlamento valenciano. No es un detalle menor: es el mensaje que el PP envía cuando una catástrofe se salda con cientos de víctimas. La responsabilidad política, en este marco, se convierte en un trámite administrado desde la dirección nacional.
Feijóo defendió que ninguna administración estuvo a la altura. Es una afirmación amplia que, en abstracto, puede parecer razonable. En la práctica, funciona como un escudo: si la culpa es de todos, no es de nadie. Y si no es de nadie, no hay decisiones que revisar ni consecuencias que asumir.
La comparecencia incluyó un episodio revelador. Al ser preguntado por la ausencia de Mazón el día de la dana, Feijóo estableció un paralelismo con la hospitalización del president catalán, Salvador Illa, tras un accidente ferroviario. La comparación no aporta información sobre la gestión de la emergencia valenciana, pero sí cumple una función política: normalizar la ausencia del responsable en el momento más delicado.
Ese desplazamiento del debate —de la cadena de decisiones a la mera presencia física— es lo que el PSOE califica de indecente. No se trata de dónde estaba Mazón a una hora concreta, sino de por qué el máximo responsable de la protección civil no lideró la respuesta cuando ya había indicios de víctimas mortales y la situación se desbordaba.
Información conocida, relato construido
Otro punto de fricción es la afirmación de Feijóo de que Mazón “actuó con la información que tenía”. Los socialistas sostienen que esa versión no resiste el contraste con los datos: existía conocimiento de fallecidos horas antes de que se reconociera públicamente. Aquí el debate deja de ser partidista y entra en el terreno de la gestión de crisis, donde el tiempo, la transparencia y la toma de decisiones son determinantes.
El líder del PP insistió también en señalar al Estado y a la Aemet. Es un recurso clásico en situaciones límite: desplazar la responsabilidad hacia organismos técnicos o niveles superiores. Pero la emergencia tenía un mando claro. Y ese mando no estuvo, según los propios hechos, donde debía estar.
La decisión de mantener a Mazón como diputado y portavoz en una comisión autonómica es la pieza que completa el puzle. Para el PSOE, no es solo protección: es premio. Mientras las víctimas esperan explicaciones y la investigación judicial avanza, el PP opta por cerrar filas y garantizar cobertura política y jurídica a uno de los suyos.
La comisión del Congreso ha servido, por ahora, para confirmar una línea: el PP no está dispuesto a revisar su gestión interna ni a asumir un coste político real por la dana. La comparecencia de Feijóo no aportó hechos nuevos, pero sí consolidó un enfoque: convertir una tragedia en un problema de comunicación, administrar el desgaste y preservar la estructura del partido. En ese cálculo, la responsabilidad queda subordinada a la disciplina orgánica.