Alberto Núñez Feijóo regresa este martes al Cercle d'Economia en un momento especialmente significativo para la política española. Lo hace en plena ofensiva del Partido Popular contra los socios parlamentarios del Gobierno y con un mensaje cada vez más insistente dirigido a Junts y al PNV. Retirar su apoyo a Pedro Sánchez y facilitar un cambio de ciclo político.
Cataluña se ha convertido en una de las prioridades estratégicas del líder popular. No tanto porque el PP haya logrado consolidar allí una posición determinante, sino precisamente porque sigue siendo uno de sus principales déficits electorales. Pese a la mejora obtenida en las elecciones autonómicas de 2024, los populares continúan muy lejos de disputar la hegemonía política al PSC o a Junts, y siguen arrastrando dificultades para conectar con amplios sectores de la sociedad catalana.
La paradoja es evidente. Feijóo reclama a Junts que contribuya a desalojar a Sánchez del poder al mismo tiempo que intenta disputar a la formación de Carles Puigdemont parte de su espacio electoral. Una estrategia compleja que obliga al PP a moverse constantemente entre la confrontación política y la búsqueda de interlocución.
El líder popular insiste en presentar la actual legislatura como una situación excepcional e insostenible. Sin embargo, los números parlamentarios continúan mostrando una realidad mucho más incómoda para la oposición. Sánchez mantiene una mayoría suficiente para gobernar y ninguno de los socios habituales del Ejecutivo ha dado señales concluyentes de estar dispuesto a facilitar una alternativa encabezada por el Partido Popular.
La aritmética que condiciona la estrategia
La principal dificultad de Feijóo no está en Ferraz, sino en el Congreso. Desde las elecciones generales de 2023, el líder popular ha intentado construir un relato basado en la idea de que el Gobierno se encuentra en una situación terminal. Sin embargo, la legislatura ha seguido avanzando entre dificultades, negociaciones complejas y acuerdos puntuales que han permitido al Ejecutivo mantener la iniciativa política.
Esa realidad explica en buena medida el endurecimiento del discurso del PP durante los últimos meses. La presión sobre Junts, el PNV y otros socios parlamentarios responde menos a una posibilidad inmediata de cambio de Gobierno que a la necesidad de alimentar la expectativa de un adelanto electoral que, por el momento, sigue dependiendo exclusivamente de una decisión de Pedro Sánchez.
En paralelo, Feijóo intenta proyectar una imagen de alternativa económica ante el empresariado catalán. Pero también aquí aparecen algunas contradicciones. Resulta difícil reclamar estabilidad institucional mientras se plantea de forma recurrente un escenario de colapso político inminente. Del mismo modo que resulta complicado presentarse como garantía de moderación cuando buena parte de la estrategia opositora gira alrededor de la confrontación permanente y de la construcción de un clima de excepcionalidad política.
Cataluña vuelve así a convertirse en un termómetro especialmente revelador. Allí se mide la capacidad real del PP para ampliar su base electoral más allá de sus espacios tradicionales. Allí también se observa hasta qué punto el discurso de desgaste contra el Gobierno encuentra límites cuando se enfrenta a electorados que priorizan la estabilidad institucional y los acuerdos frente a la confrontación constante.
Por eso la visita de Feijóo al Cercle d'Economia tiene una dimensión que va más allá de una simple intervención ante empresarios. Es también un intento de demostrar que el PP puede convertirse en una alternativa de gobierno en territorios donde todavía sigue siendo percibido, por amplios sectores sociales, más como un actor de oposición que como una fuerza capaz de articular mayorías diversas. Y esa, probablemente, continúa siendo la asignatura pendiente del proyecto político de Alberto Núñez Feijóo.