La derecha española regresa al ruido en plena alerta sanitaria

El líder del PP reclama informes y nombres de expertos y utiliza la incertidumbre sanitaria para alimentar un relato de descontrol político contra el Gobierno

08 de Mayo de 2026
Actualizado a las 9:52h
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Flickr Partido Popular

Hay una forma muy contemporánea de hacer oposición que consiste en no afirmar nunca nada de manera rotunda, pero dejar siempre en el aire la sensación de que alguien oculta algo. Alberto Núñez Feijóo ha convertido ese método en una forma de comunicación política casi industrial. No necesita denunciar directamente una negligencia. Le basta con repetir que faltan explicaciones, que existe “confusión”, que la ciudadanía merece “certezas”. El efecto buscado es exactamente el mismo.

Esta vez el escenario es el crucero afectado por el brote de hantavirus y la posible llegada de pasajeros a territorio español. Desde un mitin en Cádiz, Feijóo pidió conocer los documentos científicos que avalan las decisiones del Gobierno y exigió saber qué expertos participan en la gestión de la crisis. El tono parecía el de un dirigente preocupado por la salud pública. Pero el contexto revelaba otra cosa mucho más política. La utilización de una emergencia sanitaria como espacio de desgaste contra el Ejecutivo.

Porque resulta difícil no advertir cierta teatralidad en esta súbita reivindicación de la autoridad científica. Durante la pandemia, buena parte de la derecha española convirtió epidemiólogos, comités técnicos y restricciones sanitarias en objetivos habituales de sospecha y confrontación. Ahora, en cambio, los expertos aparecen invocados casi como guardianes morales de la democracia.

La ciencia cambia mucho de prestigio dependiendo de quién gobierne.

Feijóo insiste en que el Gobierno transmite mensajes contradictorios porque los protocolos han ido modificándose conforme avanzaban las evaluaciones sanitarias. Pero eso no demuestra necesariamente improvisación. Demuestra simplemente cómo funciona cualquier gestión epidemiológica seria. Las decisiones se adaptan según evolucionan los datos disponibles.

Lo inquietante sería exactamente lo contrario. Que las autoridades sanitarias permanecieran inmóviles mientras cambian las circunstancias.

Sin embargo, la política actual vive atrapada en la lógica del sobresalto permanente. Cada matiz se interpreta como rectificación. Cada ajuste operativo se presenta como síntoma de caos. Y cada comparecencia institucional termina convertida en material de confrontación partidista.

En ese clima, Feijóo ha encontrado un terreno cómodo. El de dirigente prudente que aparenta reclamar calma mientras alimenta cuidadosamente la sensación de inseguridad.

La fórmula funciona porque explota un miedo profundamente contemporáneo. El miedo a que nadie controle realmente las crisis globales. Pandemias, guerras, apagones, amenazas energéticas o emergencias sanitarias internacionales producen una ansiedad colectiva que ciertos discursos políticos aprovechan muy bien. No necesitan fabricar el miedo. Solo administrarlo.

Por eso el líder del PP habla constantemente de “transparencia” y “certezas”. Son palabras eficaces porque sugieren inmediatamente que existen zonas oscuras aunque no se aporten pruebas concretas de ello.

Mientras tanto, el debate verdaderamente importante queda desplazado. El hantavirus sigue siendo una enfermedad de transmisión limitada entre humanos, sometida a protocolos internacionales estrictos y monitorizada por organismos sanitarios europeos y mundiales. Nada de eso encaja demasiado bien en el dramatismo político cotidiano.

Feijóo también aprovechó para cargar contra la ministra de Sanidad, Mónica García, reprochándole sus discusiones internas en Más Madrid. La escena resume bastante bien el momento político español. Incluso una alerta epidemiológica termina reducida a una pieza más dentro de la maquinaria electoral permanente.

Y quizá ese sea el verdadero problema de fondo. La incapacidad creciente de parte de la política para distinguir entre fiscalizar una gestión y erosionar deliberadamente la confianza pública en medio de una crisis. Porque una oposición responsable tiene derecho a exigir información rigurosa. Lo que empieza a resultar más discutible es utilizar cada incertidumbre científica como una oportunidad para instalar sospechas continuas sobre cualquier decisión institucional. En tiempos de miedo colectivo, esa frontera importa mucho más de lo que parece.

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