Ayuso sigue callada ante las profanaciones de Israel a símbolos cristianos

La presidenta de la Comunidad de Madrid ha denunciado la situación contra los cristianos en países musulmanes, pero calla ante las profanaciones del Ejército de Israel o los ataques del gobierno de Netanyahu a los ritos cristianos

11 de Mayo de 2026
Actualizado a la 13:09h
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Profanacion Israel Ayuso
Un soldado israelí profana la imagen de un crucificado en Líbano | Foto: X

La política internacional, a menudo, se convierte en un espejo donde se reflejan las incoherencias del discurso doméstico. Mientras el sur de Líbano asiste a una cadena de profanaciones cristianas por parte de efectivos del ejército israelí, el eco de estos actos se apaga al llegar a los despachos de la Puerta del Sol. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien ha hecho de la defensa de los valores occidentales y la denuncia de supuestos ataques musulmanes al cristianismo una bandera de su identidad política, mantiene hoy un silencio estrepitoso ante las imágenes de soldados israelíes derribando estatuas de Jesucristo con hachas o mofándose de figuras de la Virgen María.

Este contraste no es solo una anécdota de redes sociales, sino un síntoma de un análisis político donde la ética parece subordinada a la alianza estratégica. En localidades como Debel, las tropas israelíes no solo han combatido a Hezbolá, sino que han dejado un rastro de desprecio simbólico que la propia comunidad cristiana local ha denunciado. El caso del soldado que destruyó una efigie de Cristo se volvió tan viral que forzó a Benjamín Netanyahu a emitir un comunicado inusual, aunque redactado exclusivamente en inglés, en un claro ejercicio de control de daños orientado a calmar a sus aliados cristianos en Occidente, evitando dar explicaciones a su audiencia nacional en hebreo.

La realidad sobre el terreno desmiente los intentos de maquillaje institucional. Aunque Israel intentó reparar el daño entregando una cruz de reemplazo, el gesto fue percibido como un insulto por ser de un rito distinto al maronita y por la desidia en su instalación. Fueron los cascos azules de la UNIFIL quienes finalmente devolvieron la dignidad al pueblo con una estatua adecuada, recibida entre campanas y aplausos. Sin embargo, mientras el nuncio apostólico en Líbano, Paolo Borgia, ponía voz al dolor de los fieles, en el tablero político español la doble moral se hacía evidente. La facilidad con la que Ayuso señala la intolerancia en países árabes desaparece cuando los autores de los atropellos pertenecen al ejército que ella define como el más moral del mundo.

El catálogo de agravios es extenso y documentado por los propios perpetradores. Desde soldados fumando mientras colocan cigarrillos en la boca de una estatua de la Virgen, hasta la demolición de un convento de las Hermanas Salvatorianas en Yarún o parodias de bodas en iglesias de Deir Mimas. Estos actos no son descuidos aislados, sino que forman parte de una cultura de impunidad digital donde los militares se vanaglorian de la devastación. El hecho de que el ejército israelí mantenga bajo investigación incidentes de hace más de un año, como el video de la brigada Golani en una iglesia, sugiere una falta de voluntad real para sancionar estas conductas, algo que choca frontalmente con la narrativa de respeto religioso que Ayuso suele exigir con vehemencia en otros contextos.

La omisión de estos hechos en el discurso de la derecha española revela una geopolítica de conveniencia. Al callar frente a la destrucción de infraestructuras vitales como placas solares en comunidades cristianas o la profanación de sus templos, se desvirtúa la supuesta defensa de la libertad religiosa para convertirla en una herramienta de ataque partidista. El drama de los cristianos en el sur de Líbano, atrapados entre el fuego de Hezbolá y el desprecio simbólico de las tropas israelíes, pone de manifiesto que el humanismo político solo es coherente cuando se aplica sin mirar la bandera del agresor. Por ahora, en Madrid, la defensa de la fe parece terminar donde comienzan los intereses del eje Tel Aviv-Sol.

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