Me asomo a la actualidad política cada vez menos por sus perniciosos efectos eméticos y lo hago como si acudiera a ver una película de terror, que no es ni mucho menos mi género favorito, estableciendo una distancia defensiva que me permite preservar la cabeza del hipnótico síndrome del espectador. Preferiría una del oeste o de amor, pero si no echan otra cosa, pues qué le vamos a hacer…
Hoy ha comenzado con una secuencia que me ha dejado pasmado: María Jesús Montero ha afirmado que Juanma Moreno Bonilla "ha tragado con todo el ideario de Vox" para asegurar su investidura y le acusa de no tener paciencia como «hacemos en el Gobierno de Sánchez» para negociar. Esta mujer tiene un morro que se lo pisa o padece una grave disrupción cognitiva. ¿Negociar es decir dime qué quieres que te podamos dar y vótanos a favor (una vez más)? Sin pretender, por imposibilidad espacial, mencionar todas las dádivas mercadeadas a cambio de apretar el botoncito destaco el indulto, la amnistía, los miles de millones entregados o condonados, la alcaldía de Vitoria, el palacio parisino del Instituto Cervantes, el uso del catalán y el vascuence en el parlamento, los Rodalies, los 113 millones de rescate a la empresa vasca Tubos Reunidos, hoy en quiebra, los 20 millones para doblar películas al catalán, competencias de la Agencia Tributaria y de la Seguridad Social, la financiación singular de Cataluña y un largo etcétera.
Al margen de lo que pase en Andalucía, que no entro, un mínimo pudor debería impedirle a esta señora afear a nadie que haya «tragado con todo» cuando ella ha sido miembro, o miembra, del gobierno que más ha practicado lo de arrodillarse y bajar la cremallera de la historia de la democracia. Decir esto me puede poner en la picota, porque, aunque mis compañeros progresistas saben que es verdad, también piensan que es inconveniente, y como la verdad ya no pinta nada, pues soy de los malos. Vivimos, tristemente, tiempos de «prietas las filas», peligroso fenómeno de alquimia política que convierte a los dirigentes en gurús y a los simpatizantes en hooligans, de donde todo queda reducido al nanoprincipio de «si no estás conmigo eres del enemigo», acabando con el escaso espacio del pensamiento crítico y libre.
Desgraciadamente los dos grandes partidos están inmersos en un ciclo infernal que parece insoslayable: el PP solo puede gobernar pactando con los mononeuronales de VOX (por lo que serán acusados de fascistas y de hacer el juego a la extrema derecha) y el PSOE solo puede gobernar pactando con el popurrí de la izquierda radical, integrada por una mezcolanza de tipos raros, como en la Cantina de Mos Eisley, de la Guerra de las Galaxias, donde hay independentistas catalanes que quieren salvar a los españoles, comunistas escamados aclimatados al Parque Jurásico, matemáticos que suman restando y nostálgicos del "Bella Ciao" que predican la hiperdemocracia y promueven referéndums internos para saber si Ceaucescu y Elena pueden vivir en un chalet de Galapagar. Patético. Y, en este caso, con el agravante de que además de pactar con los susodichos necesitan también comprar el apoyo de los nacionalistas-independentistas, que no son nada baratos.
El PSOE se encamina hacia el abismo conducido por el buhonero Sánchez. La gente ha dejado de creerse los cuentos chinos y por eso vino la debacle autonómica (el PP gobierna en 12 comunidades más Ceuta y Melilla), lo que le permitió a Sánchez salvar los muebles, semanas más tarde, sacando la pancarta de «que viene el lobo», de elevada categoría intelectual.
Un grupo de socialistas ha reaccionado, motivando un artículo escrito por Juan José López Burniol publicado en la Vanguardia con el título de «Hay que salvar al PSOE, si se deja…» que reproduzco en parte porque vale la pena: «Para decir que hay que salvar al PSOE, si se deja, parto de dos premisas: 1.ª El PSOE está en riesgo grave, porque no se puede engañar a todos siempre. 2.ª El PSOE es necesario, como partido socialdemócrata, para un funcionamiento cabal de la democracia española, por encuadrar a la práctica totalidad del centroizquierda.
¿Cómo ha llegado el PSOE a su actual situación crítica? Un grupo de militantes liderados por Pedro Sánchez se hizo con el partido. Una vez dominado el partido, se hizo con el gobierno de España. Una vez ocupado el gobierno de España, fue a por el Estado, erosionando la división de poderes y colonizando sus instituciones. Y, ya en sus manos buena parte del Estado, ha comenzado a controlar compañías mercantiles y entidades privadas.
El grupo de Sánchez no se bastaría para pilotar este proceso, de no contar con la ayuda determinante e interesada de todos los separatistas catalanes y vascos de alto y bajo octanaje, que nunca soñaron con un grupo de españoles que, sabiendo o no lo que hacen, apuestan de continuo por un régimen plurinacional (…) De ahí su pertinaz apoyo al actual Gobierno por su extrema debilidad, aunque desconfíen del presidente Sánchez.
Y ahí radica la corrupción política del PSOE: a) En aceptar el menoscabo de España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata, en el que todos los españoles son iguales. Y b) En hacerlo por un motivo espurio: facilitar a Pedro Sánchez y adláteres su permanencia en el poder. Ahora bien, así las cosas, hay que preguntarse: ¿Todos los dirigentes socialistas apoyan este desvarío?, ¿todos los diputados?, ¿todos los militantes? Si es así, este artículo es absurdo».
Yo me di de baja en otoño de 2023 para no ser cómplice de este desaguisado que va a llevar al PSOE a compartir el fondo marino con los pecios del PSF, el PASOK, el SPD, el PSI… Porque es indudable que el Gran Timonel y su cuchipandi de okupas de Ferraz van a acabar haciendo polvo a la socialdemocracia de este país, más polvo profundamente enamorado.
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