11 de Septiembre de 2026
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Miedo acusado
Foto: Melanie Wasser / Unsplash

La cosa empieza a ponerse fea. Ni los servicios de información, ni las policías varias, ni los juzgados, ni los políticos responsables en el lugar, ni los intereses internacionales que estratégicamente buscan la desestabilización del Gobierno español, ni siquiera el Gobierno marroquí y su Rey, son objeto manifiesto de odio popular, la gente quiere juzgar o incluso ahorcar, si los dejaran, a Pedro Sánchez.

Me impresiona ver todo un estadio gritando la consigna de Ayuso, la de la fruta. Me pregunto si este hombre, Presidente del Gobierno, podría salir a la calle como cualquiera. Veo a gente en teoría cualificada, desgañitándose, exaltada, venas desaforadas y ojos inyectados, desaparecido cualquier atisbo de racionalidad legal, política, analítica.

Usted, presa de esa furia inoculada durante años (la he denunciado sin parar) ya está pensando que este artículo es una defensa del citado. No. Ni lo voto ni estoy de acuerdo con sus políticas; pero de forma racional, rebusco en mi memoria la labor de otros Presidentes, y no encuentro una sola cosa esencialmente distinta de lo que han hecho los anteriores, incluso, si lo miro, a veces cosas mucho peores como montar grupos terroristas (de Estado) o policías patrióticas para reprimir ideas políticas y empurar a representantes democráticos legítimos y destruir partidos, sin entrar en corrupciones sistémicas de incalculables consecuencias económicas o intervenciones descaradas en lo judicial.

Muchas cosas de éstas se le pueden atribuir al actual Gobierno. Lo de Ceuta ha sido la puntilla. Está clarísimo que ha cogido a Sánchez con el pie cambiado y le está costando volver al pase de baile correcto. El problema es que yo empiezo a tener miedo a decirlo, porque muchísima gente quiere actuaciones ejemplares, habla de ejército, de la necesidad de “quitar” a este tío que está destruyendo la convivencia... me pregunto qué interés puede tener la oposición en ocupar el poder, a cambio de haber transmitido y casi conseguido ya la deslegitimación de una mayoría parlamentaria que puede no gustar pero es legal y en ningún caso diferente a las que han usado ellos mismos antes, o emplean donde gobiernan, incluso con partidos anticonstitucionales.

La virulencia, la violencia latente... nos falta la excusa, una víctima para después santificarla y justificar toda nuestras frustraciones sobre la cabeza de los antiespañoles. Lo he visto venir, lo he dicho y ya lo veo instalado. Nos han inoculado no una vacuna robótica sino la frustración personal, lo peor. Lo ultra, la reacción, es un síntoma de degradación social, cultural (PISA), una elevación de lo simbólico-cutre (patria y religión), un desprecio por las formas, pero sobre todo es la supresión del individuo por la masa (no aporto nada nuevo), ya no se piensa por encima de los hechos sino que, como un automatismo, hago en función de este hecho concreto, y quien no: es mi enemigo, se vilipendia la idea: todo ha de coincidir con lo que pensamos “la mayoría normal”.

No se engañe, esto no es algo que haya hecho Pedro Sánchez, amortizado y sustituible como político si usted lo desea, usted está siendo víctima de una propaganda bestial repleta de racismo, de odio a la Cultura, a la pobreza como signo de raza y no como consecuencia de la economía, usted no busca los por qués de sus problemas, las raíces, no, usted busca a un culpable y quiere, como en una revolución disfrazada de inevitabilidad, quemar en la plaza a determinadas personas que, curiosamente, no son los beneficiarios de todos estos desastres, ésos siguen amasando sus fortunas cada vez mayores y usted es sólo su instrumento.

Debemos empezar a tener miedo. La independencia, la labor intelectual, el pensamiento crítico, la verdadera normalidad está siendo rodeada por la necedad, la ignorancia acumulada, la autosuficiencia simulada, y no proviene de mítines, estadios o desfiles, eso fue otra época, sino de su puto móvil del que no se separa ni para cagar. Ya uno arriesga al hablar, al escribir, en público casi conviene callar para evitar disgustos, en familia ni rozar la cuestión... y la amenaza es ¡usted! que en vez de preguntarse qué ha pasado con Ceuta, por ejemplo, o con la vivienda, o con el poder adquisitivo, o con las fortunas que no paran de crecer, o con las barriadas degradadas convertidas en guetos, o con los extranjeros que se enquistan y no se integran generando un problema, o con la dependencia de nuestro modelo económico precisamente del trabajo foráneo por falta de personal y de diversidad laboral, usted, que se cree que un poderoso tiene material sexual en su móvil de trabajo para que lo trinque quien quiera sin problemas y lo extorsione, usted que en vez de hacerse preguntas y ver soluciones o quién las aporta, admítalo, le gustaría ver a Pedro Sánchez mecido por el viento en el mismo palo de bandera donde se escarrafunció aquel día el paracaidista que este Sánchez mandó para ridiculizar ¡a España!

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