Es que no se cansan... Ya en vías de acabarse el verano, aunque siga habiendo días de calor, continúan con la matraca de la «emergencia climática» y sus consecuencias mortales.
No se cortan un pelo en escribir titulares y noticias atribuyendo a las altas temperaturas un montón de muertes... que para nada han sido provocadas por este fenómeno climático.
Durante estos días he leído en publicaciones digitales sobre temas sanitarios que resaltan esta aparente problemática. Se afirma que en la práctica médica ya se está notando la importancia de este factor climático, hasta llegar a resaltar que la gente de nuestra sociedad va muriendo cada vez más por el calor.
Un ejemplo:
«El cambio climático ya no es solo un problema ambiental, sino un reto sanitario creciente, medible y cada vez más visible en la práctica clínica diaria».
¿Quién lo dice así con esa rotundidad? Ni más ni menos que la coordinadora del Grupo de Trabajo One Health de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias.
En uno de los artículos que he leído se afirma lo siguiente:
«Los propios profesionales de emergencias trabajan cada vez con mayor frecuencia en entornos de alto riesgo, marcados por incendios forestales, inundaciones, olas de calor y otros fenómenos meteorológicos extremos que complican las labores de rescate y asistencia urgente».
Vamos, que están pintando un entorno desolador, aparentemente fuera de lo común y, claro está, fundamentado por el dichoso cambio climático. Un fenómeno que parece nuevo y dramático, y que, si el ser humano no hace nada por frenarlo, la humanidad y el resto de la faz de la Tierra sucumbirán sin remedio.
Nada de esto es así. Siempre ha habido cambios en el clima. Éste es uno de los fenómenos más complejos y con más alta variabilidad de factores de entre la realidad que nos podemos encontrar en este
planeta. La cuestión es que prima la miopía en la mayor parte de «expertos climáticos» y en los periodistas que expanden sus dramáticas hipótesis. No son capaces de ver más allá de estos últimos decenios y desprecian lo ocurrido no ya en los siglos anteriores sino en toda la historia de este planeta.
No hay ninguna relación causal entre el aumento de CO2 y el aumento de la temperatura planetaria. Esto es demostrable geológicamente a nada que esta gente se ponga las gafas correctas que compensen su miopía a la hora de mirar a lo lejos. Hay ejemplos geológicos diversos que así lo comprueban.
Pero ellos siguen, erre que erre, con sus peroratas incentivadoras de miedo.
¿Que en estos últimos decenios está produciéndose un aumento de temperaturas? Está claro que sí. No se puede negar. Pero es un efecto totalmente normal dentro de un ciclo en el que la Tierra, nuestro planeta, señoras y señores, se está enfriando globalmente. Repito, si alzamos la vista y no somos miopes, podemos ver que estamos inmersos en una curva de mayor alcance temporal en la que la Tierra se está enfriando.

Transcribo de un trabajo científico, de ésos que no suelen salir en los medios, no porque no sea válido sino porque no conviene que se oigan este tipo de datos reales:
Los núcleos de hielo antárticos se utilizan habitualmente para representar no sólo registros de CO2 a escala global, sino también registros de temperatura global de los últimos 800.000 años. Curiosamente, si comparamos la Antártida moderna con la paleo Antártida vemos que «en el último siglo no se ha observado ningún calentamiento a escala continental de la temperatura antártica».
El calentamiento global reportado de 1’1°C durante el último siglo (desde la década de 1920) es «ni siquiera inusual» dentro del contexto de los últimos 20.000 años, ya que «el 16% de los siglos desde el final de la última Edad del Hielo muestran un aumento al menos tan grande (1’1°C) como el del siglo actual».
Como las tasas de calentamiento modernas son «bastante comunes», esto pone en duda la tendencia a atribuir los cambios de temperatura a la actividad humana.
Para dejar las cosas en su sitio y no creer que lo que ahora está pasando nunca ha pasado y que de ésta no vamos a salir bien, sigo copipegando más datos:
El hemisferio norte se calentó entre 4 y 5°C «en unas pocas décadas» hace 14.500 años, y durante estos siglos el nivel del mar aumentó a tasas de hasta 7’5 metros por siglo, que es entre 20 y 30 veces más rápido que las tarifas modernas.
Pero, repito, este tipo de datos y sus consecuencias no generan el miedo y el efecto culposo que se intentan provocar en la población acusándonos de ser los causantes principales de este pretendido caos en el que nos encontramos.
¡Ah! Que los corales van a desaparecer, que los polos se van a derretir, que... podéis colocar aquí cualquier sentencia devastadora que se ha defendido como premonición cierta sobre lo que se nos viene encima.
Por citar sólo un ejemplo, «calentito» (esto es sorna) por lo reciente: la destrucción de los corales. Mirad la gráfica que ha sacado un informe del gobierno de Australia hace unos días. Resulta que los miedos de que esa gran barrera de coral desapareciera en 2022 han sido totalmente infundados dado que ha experimentado un resurgimiento tremendo desde 2019.

¿Y qué pasa con los grandes incendios?
La tozuda realidad es que, como bien expresa el incisivo Fernando Del Pino Calvo-Sotelo, «los montes no arden porque haga calor, sino porque la maleza está seca». Y es que esa maleza se está prohibiendo limpiarla como se hacía antaño. ¿Quién es el responsable de esta atrocidad? Pues, ni más ni menos, que la legislación que ha sido aprobada por los políticos de turno haciendo uso de su mayoría parlamentaria y calentando con sus culos sus poltronas en el consejo de ministros.
Sigue afirmando este escritor:
...Desde 1979, el aumento de temperaturas en el planeta ha sido de 0'16ºC por década; es decir, de pocas centésimas de grado por año. ... Este ligero aumento de temperatura global tampoco ha producido un aumento detectable en la frecuencia y severidad de las sequías, como reconoce hasta el IPCC.
...El número e intensidad de incendios a nivel mundial, y la superficie quemada, han disminuido en las últimas
dos décadas. ... España no ha sido una excepción, y la superficie quemada por incendios en los últimos 50 años también ha disminuido, según el propio Ministerio de Transición Ecológica.
Mirad la tendencia en esta gráfica:

Un dato más, y no sacado de la manga sino de un estudio publicado en la aparentemente prestigiosa revista Nature y también mostrado por Fernando Del Pino:
Un análisis de 35 años de datos de satélite durante el período 1982-2016 publicado en su día en la revista Nature, concluyó que «la superficie forestal mundial había aumentado en 2'24 millones km2 (un 7% más)». España no ha sido una excepción: siendo el tercer país con mayor masa forestal de Europa, ha visto aumentar sus bosques un 32% desde 1990.
Vamos, que la propia AEMET reconoce en su Informe de 2025 sobre el estado del clima en España que el gráfico de temperaturas medias máximas correspondiente al día más cálido «no presenta ninguna tendencia significativa» desde 1975.

Pero... es que se está muriendo gente por el calor... y cada vez más... mucho más...
Según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, se estima que han fallecido 4.581 personas desde el 16 de mayo hasta el 19 de agosto de 2026. Se han atribuido al calor 1.108 muertes en la primera quincena de agosto.
¡Qué rápidos que son emitiendo este tipo de datos!, cuando el propio Instituto Nacional de Estadística tarda la intimerata en sacar las cifras anuales de mortalidad y tenemos que esperar un montón de meses para conocer el número de personas que han fallecido en nuestro país.
Como de forma tan clara y juiciosa he escuchado decir al colega Dr. Luis Benito De Benito, ¿dónde están esos certificados de defunción en los que conste el calor como causa fundamental de la muerte de esas personas cuyo número aparece en los titulares sensacionalistas? ¿Qué médico en su sano juicio va a firmar un certificado con ese dato? Nadie.
No son más que cálculos estadísticos, meras estimaciones estadísticas, cruces de tasas midiendo fenómenos diferentes: mortalidad por un lado y temperaturas por otro.
Como popularizó en su día el escritor Mark Twain, «existen mentiras, grandes mentiras y estadísticas». Y esto es la pura verdad. La ciencia (con minúscula) está plagada de verdades estadísticas que son grandes falsedades. Datos que son cocinados por intereses creados con la finalidad de engañar a la población sobre uno u otro tema.
En Medicina, lo sé bien, esto es, tristemente, la norma.
Salud para ti y los tuyos.
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