El permanente, e inacabable, conflicto por la defensa del derecho a la educación y la sanidad públicas frente a los poderes que quieren laminarlo, no es solo para evitar que se conviertan en un negocio privado; sino que tiene un trasfondo ideológico porque lo que está en juego es enseñar potenciando la comprensión, la creatividad y el espíritu crítico de las nuevas generaciones o adocenar sus mentes. Igual sucede con el derecho a la asistencia sanitaria universal y gratuita para nacionales y migrantes, por humanidad y para evitar pandemias sanitarias y mentales. Riesgos que no importan a los que, por ideología y para enriquecerse, viven obsesionados por reducir el estado de bienestar y los derechos ciudadanos que comporta.
Pugna ideológica expresada en la resistencia de los sectores conservadores de instituciones estatales, autonómicas y municipales, a reconocer nuevos derechos o a soltar dinero para mejorar las condiciones laborales de los docentes que dignifiquen su labor fundamental para la sociedad; para reducir el número de alumnos por aula; para realizar las constantes mejoras que requieren unas instalaciones que se desgastan por el uso permanente; para climatizarlas y evitar que los alumnos se congelen en invierno o sufran golpes de calor en verano; o para dotar de recursos a los gestores de los centros educativos para la intendencia general, la contratación de profesores de refuerzo o desarrollar actividades paralelas que complementen la enseñanza reglada.
Estas son las demandas sustanciales que los docentes tienen que reclamar cada curso a las que se resisten las autoridades conservadoras, porque aceptarlas supondría detraer dinero que fluye desde lo público a la enseñanza privada y concertada. Desvío de fondos mediante la cesión gratuita de suelo a instituciones religiosas y asimilados—OPUS DEI— para que construyan colegios con programas educativos que priman la religión y la visión conservadora y sesgada de la historia y la sociedad como eje axial de su proyecto educativo. De ahí su estrategia de mantener a la educación y sanidad públicas en un letargo degradante de su función social, por la vía de reducir sus presupuestos públicos o subirlos sin llegar a cubrir el incremento anual del IPC. El objetivo, acrecentar el negocio de empresas sanitarias amigas y de colegios, privados y concertados,
Por eso parto una lanza en favor de la valentía que demuestran las profesoras y profesores que se manifiestan y salen a la calle, aun perdiendo dinero por cada día de protesta, como ha sucedido en la Comunidad Valenciana, donde tras un mes de huelga se han visto en la obligación de aceptar, de momento, la propuesta de mínimos presentada por la Consejera de Educación, a la espera de que las negociaciones para el resto de exigencias se retomen en mesas sectoriales. Un modo de reducir el impacto social de las protestas que, a buen seguro, florecerán con el nuevo curso. Ejemplo valenciano que describe las protestas habidas, y que seguirán, en el sector educativo en otros territorios; por ejemplo, en Madrid donde los sindicatos han anunciado una huelga general de la enseñanza pública para septiembre. O en Cataluña, donde los profesores se vienen manifestando contra la política educativa de un gobierno progresista.
El mismo esquema ideológico es el que justifica los recortes del presupuesto en sanidad pública, en especial en Comunidades Autónomas con gobiernos conformados con un fuerte componente conservador radical, como Madrid y Andalucía, territorios en los que se destina menos dinero por habitante para la sanidad pública de toda España, mientras las empresas privadas del sector se benefician del dinero público merced a los conciertos millonarios firmados con algunas comunidades para gestionar hospitales construidos con dinero de los contribuyentes, o reciben una cantidad desorbitada por paciente derivado a la sanidad privada para reducir las listas de espera. Razón por la que crecen de manera deliberada en la sanidad pública.
Este apunte somero de lo que se cuece en dos sectores fundamentales para la sociedad y su futuro, desmiente a quienes creen que las ideologías han muerto y enaltece a los profesionales que bregan a diario en escuelas infantiles, colegios, institutos, universidades, centros de salud y hospitales públicos, con presupuestos que no dejan de menguar o suben sin llegar a cubrir nunca el aumento de las necesidades y del coste de la vida. ¡Unos héroes!