Antonio Aguado Sánchez

Las indecencias de Feijóo y del PP no tienen límites

17 de Febrero de 2026
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Feijóo populista
Alberto Núñez Feijóo en un acto de campaña en Extremadura | Foto: Partido Popular

Con toda probabilidad el Partido Popular ha sido (y es) el partido más corrupto de Europa. Los casos más graves de corrupción en nuestro país han sido protagonizados por sus dirigentes, empezando por Aznar que llegó a la Presidencia de Castilla y León en julio de 1987, después de hacerle una campaña detractora burda y miserable con acusaciones falsas a quien era presidente Demetrio Madrid. Éste para no dañar a la institución, aun sabiendo de su inocencia dimitió el 29 de octubre de 1986. Como se esperaba, fue absuelto por el Tribunal Superior de Castilla y León en enero de 1990.

Así fue como Aznar empezó  “su brillante carrera política”, que entre otras cosas nos llevó de forma ilegal y con mentiras a participar España en la Guerra de Irak. Por este  motivo, nuestro país fue objetivo del atentado terrorista del 11 de marzo del 2004, con el resultado de 192 fallecidos y 1.856 heridos. Sin embargo, con toda la gravedad de lo ocurrido, al respecto, no ha sido juzgado y mucho menos condenado.

Su sucesor Mariano Rajoy, perdió la Presidencia del Gobierno, mediante una moción de censura que le presentó, el Grupo Socialista el 31 de mayo del 2018. Se votó al día siguiente y al obtener la mayoría absoluta, Pedro Sánchez pasó a ser el presidente del gobierno. La referida moción, fue como consecuencia del llamado caso Gürtel, en el que estuvo a nivel general implicado el Partido Popular, demostrándose las muchas “mordidas” que de las empresas recibía, lo que permitió al PP afrontar las campañas electorales, con mucha ventaja en modo dopaje con el resto de las organizaciones políticas. Algo que electoralmente debería estar penalizado, lo mismo que ocurre con los deportistas que realizan este tipo de comportamientos, y son desposeídos de sus títulos y trofeos.

En los papeles del mencionado caso Gürtel, a titulo individual aparecen varios dirigentes que, fraudulentamente, se beneficiaron de diversas cantidades de dinero, entre otros un tal M.Rajoy. Pues bien, sorpresivamente aún “no se sabe quien es este señor”.

Éste fue sustituido no como presidente del gobierno, pero si del Partido Popular, por Alberto Núñez Feijóo, que tiene como “gran mérito”, haber sido amigo del narcotraficante Marcial Dorado, que junto como otros de su misma calaña, tanto daño causaron durante las décadas de los años 80 y 90 a muchos jóvenes gallegos. Por ese motivo fue sentenciado y condenado a diez años de presidio. Sería el colmo que el más que indecente Feijóo llegue a presidir el Gobierno de nuestro país.

Son muchas (demasiadas) las indecencias cometidas por Feijóo, entre otras la de apoyar a Carlos Mazón, responsable por su negligencia de gran parte de las 230  víctimas, que se produjeron durante la DANA que asoló el 29 de octubre a la Comunidad Valenciana con devastadoras lluvias torrenciales. Inexplicablemente, le sigue manteniendo en su cargo de diputado de Las Cortes Valencianas en el Grupo del Partido Popular, y como presidente del PP Valenciano.

Igualmente viene apoyando al alcalde de Badalona Xavier García Albiol, conocido por sus comportamientos y medidas reaccionarias en contra de la población inmigrante de su municipio, llegando a expulsar de un instituto que estaba abandonado a 400 sin darles la posibilidad de alojamiento habitacional.

Las conductas indecentes de Feijóo para llegar a la Moncloa no tiene límites. En este sentido, no ha tenido reparos en compartir con el fascista Vito Quiles, el acto de cierre de campaña de las pasadas elecciones autonómicas de Aragón, con el pretexto de que Vox no le quitara votos al Partido Popular. Para él todo le vale, no puso ninguna objeción a que el referido Vito Quiles, expusiera que Pedro Sánchez debería ser colgado en un pino. Es muy inquietante el ascenso de la fascista extrema derecha de Vox, pero, también lo es que, le haga causa común, el reaccionario Partido Popular.

Son muchos más los casos de corrupción protagonizados por dirigentes del Partido Popular, siendo de los más destacados el de Esperanza Aguirre que, para lograr presidir la Comunidad de Madrid, en junio del 2003 se apoyó en dos tránsfugas del PSOE, Eduardo Tamayo y María Teresa Saez.

Pero sin duda el caso de corrupción más grave (por ahora), ha sido el que protagonizó  el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, cuando aprovechándose de su cargo institucional, se dedicó a legislar y aprobar leyes a la carta que beneficiaban a las empresas que, previamente acudían a recabar beneficios fiscales a través del despacho de Equipo Económico que al respecto había creado.

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