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¿Hablamos en serio de las pensiones?

25 de Febrero de 2026
Actualizado a las 6:29h
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Desde hace un tiempo se viene advirtiendo en nuestro país un tono entre apocalíptico, histérico y paranoico a la hora de hablar de las pensiones y de su futuro. Los autoproclamados portavoces de los Millenials, sea lo que sea que signifique eso, han lanzado un anatema general contra los supuestos privilegios de los llamados Boomers. Y al parecer entre ellos está el cobrar una pensión de reparto.

No vamos a tratar de ridiculizar a youtubers, influencers y otras víctimas de la LOGSE. Vamos a tratar de establecer un cierto rigor y seriedad en el tema de las pensiones, sus problemas y posibles,  o no tanto,  soluciones. En definitiva, no vamos a soltar proclamas. Vamos a hablar  pues en serio.

Pero antes que nada vamos a exponer claramente nuestra tesis. España gasta y gastará un alto porcentaje de su PIB en pensiones por la sencilla razón que los sueldos en España son miserables y ridículos, el mercado laboral tiene una estructura lamentable y aboca a carreras fragmentadas y mal pagadas. Por esa sencilla razón gastar un porcentaje menor abocaría a la ruina y a la miseria absoluta a la inmensa mayor parte de jubilados españoles, presentes,  y  sobre todo futuros. Y vamos a exponer también de forma diáfana otra tesis secundaria. Los millenials españoles son la generación más rica de facto de la Historia de España, que más facilidad ha tenido para colocarse, mucha más que los Boomers. Y ello por la sencilla razón que son muchos menos. Un 33 % menos que los jóvenes de 19 a 35 años de hace 25 años. De ahí esa facilidad para entrar en el mercado laboral. Por no hablar del enorme patrimonio inmobiliario que recibirán en herencia o están ya recibiendo mediante donaciones, un patrimonio inmobiliario infinitamente mayor que el que recibieron sus padres, y no digamos sus abuelos. A ello hay que añadir, que si se hace caso a las recomendaciones de los autoproclamados portavoces millenials, este patrimonio tendrán que emplearlo en establecer una hipoteca inversa para completar las miserables pensiones que  pretenden,  con sus reformas,  que cobren los españoles en pocas décadas.

Que España tiene que abordar, como lo está haciendo, reformas en algunos parámetros para calcular las pensiones es algo que no admite discusión. El invierno demográfico y la jubilación masiva de Boomers y de la Generación X, ha abocado irremediablemente a ello. Ahora bien, hay que tener cuidado. Y hablar de forma honrada y pública de la tasa de reemplazo que se espera. La tasa de reemplazo o sustitución es la relación entre el último salario percibido por el pensionista y su pensión. Hay cálculos y proyecciones con las reformas abordadas. De hecho, la UE lo hace a través de sus periódicos informes llamados Ageing Report. El último es del 2024.

En este sentido, conviene señalar que el sistema nocional sueco, tan alabado por algunos, establece según la propia Unión Europea, una tasa de reemplazo de un 33 % en apenas unas décadas. Es decir, que los jubilados suecos cobrarán un 33 % de pensión en relación a su último salario. Ahora se sitúan en un 40 %.  No vamos a centrarnos siquiera en otros países. Vamos a fijarnos en Suecia. Y en España. En este sentido, en nuestro país, el sueldo medio de nuestro país es, según el INE, de 2.358 euros brutos al mes. El salario mediano, que divide los trabajadores en dos partes, se coloca en 2001 euros al mes. El 40 % de los trabajadores ganaron entre 1582,3  y 2.659  euros brutos. Un 30 % de los españoles gana menos de 1582 euros al mes. ¿Hacemos cálculos con la tasa de remplazo del sistema sueco aplicada a España? Hagámoslos. Para el salario medio, aplicando el sistema sueco, la pensión se situaría ahora en 943 euros brutos y en 778 euros en pocas décadas. Para el salario mediano las cifras irían de 800 euros ahora a 660 euros en el futuro. Para el 40 % de los españoles las cifras oscilarían entre 1063 y 632 euros. Y en el futuro entre 877 y 522 euros. Y para el 30 % de los españoles con menores salarios las cifras irían de menos de 632 euros ahora a menos de 522 en unas décadas. Es decir, lisa y llanamente la miseria total y absoluta para los jubilados españoles, presentes y sobre todo futuros. Son cifras que impresionan, ¿verdad?

Y me diréis, ¿y cómo admiten los suecos esto? Pues muy sencillo, por dos razones fundamentales. Porque cobran mucho más sueldo que los españoles y pueden siempre venir a países como España donde hace sol y es más barato que en Suecia. Y  porque no dudan en vender sus casas. Pero, ¿y los españoles? ¿Dónde vamos a ir? ¿A Mauritania, dicho con todos los respetos? ¿Y vendemos nuestra casa y no dejamos nada en herencia a nuestros hijos? Pues antes muertos, la verdad. Al menos los que recibimos ciertos valores. Como por ejemplo que había que cuidar de los nuestros y de nuestra familia. Y velar siempre por ellos.

Aun así, la jubilación de la generación del Baby Boom y la cercana de la llamada Generación X, junto con la caída a plomo de la natalidad condiciona, nos guste más o menos, el futuro de las pensiones. De hecho, en España, como indica el INE, las proyecciones demográficas indican que la población mayor de 65 años aumentará del 20,4 % actual al máximo del 30,5 % en 2055 para descender después al 30,3% en 2070. Ello hace que haya sido y sea  incuestionable la necesidad de abordar la reforma de las pensiones. Queramos más o queramos menos, y si pretendemos mantener como base fundamental el sistema de reparto en las pensiones, es decir que la financiación de las mismas recaiga en la generación en activo para que acumule en su conjunto derechos para sus futuras jubilaciones, y que haya una transferencia solidaria de rentas  entre generaciones, ha sido y es necesario abordar la necesidad de ciertos cambios.

Ahora bien, estos cambios no tienen por qué ser como pretenden los ultraliberales. De hecho no deben ser así; no debemos caer en las pensiones privadas de capitalización. Ni siquiera como una de las partes del sistema. En este sentido, dejando al margen que las pensiones privadas han naufragado en Chile y han proporcionado pensiones ridículas más del 90 % de los jubilados chilenos, o el pánico que han desatado las medidas arancelarias de Trump y el desplome consiguiente de la Bolsa norteamericana entre los jubilados estadounidenses que dependen del  llamado 401(k), lo que es innegable es que además de la volatilidad de las pensiones privadas de capitalización, éstas pueden verse afectadas por la inflación y por múltiples factores que pueden dejar en la indigencia a los más mayores. No olvidemos la realidad que se ve en Estados Unidos de jubilados ofreciéndose a empaquetar en los supermercados para ganarse unos dólares, o la brutalidad del coste de las residencias. Pensiones escasas y grandes gastos llevan a que muchos jubilados tengan que vender su casa para poder pagarse la vejez y las atenciones necesarias. Es el equivalente de lo que aquí se anuncia de “Hipoteca inversa”. Y precisamente eso llevaría a que los ancianos no pudiesen dejar en herencia la casa a sus hijos. Algo, el quedarse sin herencia, que haría torcer el gesto a los que cargan contra los Boomers, ¿verdad? Por no hablar de que costear esas pensiones privadas durante la vida laboral encarecería notablemente el gasto de las empresas, que tendrían que contribuir a  las  pensiones de sus empleados, como ocurre en Estados Unidos, y disminuiría notablemente  además los ingresos de los mismos, que tendrían que pagar otra parte. Por no emplear el argumento definitivo. Y es que como muy bien apunta la profesora Rubio Lara  transitar de un sistema de reparto a uno de capitalización es prácticamente imposible porque es imposible un “doble pago” que “exigiría un periodo de transición durante el cual los trabajadores tendrían que financiar las pensiones del sistema de reparto y, además, ahorrar para su propia pensión”.

El sistema mixto nocional de Suecia ya hemos visto la tasa de reemplazo que tiene.

No cabe entonces otro remedio que una reforma en algunos parámetros. Es lo que hizo Rajoy y lo que ha hecho Escrivá. Además de aumentar los años  de cálculo de cotizaciones  para las pensiones que implantó Zapatero la Comisión Europea, en su informe del  Ageing Report del 2021, contemplaba la reforma del gobierno Rajoy,  que consistía en incorporar un doble mecanismo de ajuste automático: a) el denominado Factor de Equidad Inter-generacional, que relacionaba la pensión con la esperanza de vida del pensionista en el momento de su jubilación, de forma que su cuantía se reducía si aumentaba la última, y b) el factor de Revaloración Anual, que permitía en su indexación que las pensiones subiesen por debajo del IPC. El resultado según el informe de la UE era una tasa de remplazo del 41,3 % para el 2070, con el camino por supuesto previo para llegar a la misma. ¿Y ello qué significa? %. Si quieren ahorrarse los mismos, estaríamos hablando de una pensión anual de 11.200 euros anuales correspondientes al salario medio, y de 9.243 euros anuales (660 euros al mes en 14 pagas) para el salario mediano, con cifras del 2024. Unas cifras muy parecidas a las suecas por otro lado.

Las perspectivas no son buenas, pero son bastante menos malas con la reforma Escrivá. La AIReF, en su informe del 31 de marzo de este año , donde avala que el gasto medio en pensiones se mantendrá por debajo del 15 % del PIB en el periodo 2022-2050,  enumera estas medidas como son el Mecanismo de Equidad Inter-generacional (MEI), la evolución de las bases máximas de cotización de 2024 a 2050, la cotización adicional de solidaridad a los salarios más altos, la reforma del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), las transferencias del Estado a la Seguridad Social para fortalecer los ingresos del sistema pública de pensiones y el impacto permanente o estructural sobre los ingresos del sistema de los incrementos del Salario Mínimo Interprofesional y de las medidas de la reforma laboral. Como consecuencia,  la tasa de reemplazo se situaría, según el informe de la UE del 2024,  en un 64 %, más de 22 puntos por encima de lo que implicaba el informe del 2021. Ello implica unas pensiones brutas entre 1.500 euros al mes para el salario medio y 1.250 para el mediano.

En cualquier caso, de lo que se trata es de que,  en cualquier debate,  hay que ir con la verdad por delante. Y decir las cosas claras. Y una de ellas es decir la tasa de reemplazo o de sustitución que se espera con cada reforma propuesta. Los futuros jubilados tienen derecho a saber qué les espera. Algo que los autoproclamados portavoces de los Millenials parecen no entender ni querer.

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