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El día que el banquero salte del séptimo piso

28 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 10:47h
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éxito banquero

 En mi familia corre desde hace años un refrán de esos que contienen más economía política que un máster: «El día que veas a un banquero tirarse de un séptimo piso, entonces preocúpate. Mientras tanto, pagarás la hipoteca cada día 1 del mes».

Conviene recordarlo porque vivimos instalados en el apocalipsis permanente.

Esta semana puede matarnos Rusia. La siguiente nos invadirán los inmigrantes. Después será China. Y, si sobrevivimos heroicamente a todo ello, una inteligencia artificial adquirirá conciencia de sí misma, localizará los códigos nucleares y decidirá que el problema del planeta somos nosotros. Que, dicho sea de paso, tampoco sería una conclusión completamente extravagante.

Hay amenazas reales. Rusia desarrolla operaciones híbridas, sabotajes y ciberataques en Europa, para vengarse de las putadas que desde hace décadas le hace continuamente “occidente”. Pero los propios responsables europeos y de la OTAN distinguen entre eso y una invasión convencional: el 23 de septiembre, dirigentes europeos señalaban que no consideran inminente un ataque ruso directo contra la Alianza, y el comandante supremo de la OTAN pedía estar «calm and confident».

El detalle de estar tranquilos suele perderse por el camino.

Con la inmigración ocurre algo parecido. Vox calificaba este mismo septiembre la llegada de migrantes a Ceuta no como crisis migratoria ni humanitaria, sino literalmente como una «invasión». La palabra es magnífica: una invasión exige ejércitos, trincheras, héroes y, sobre todo, dirigentes capaces de salvarnos. «Gestión administrativa de movimientos migratorios» tiene bastante menos tirón electoral.

Y ahora llega la inteligencia artificial. En septiembre hemos escuchado advertencias sobre «riesgos existenciales» de Naciones Unidas, de empresarios tecnológicos y hasta del rey Carlos III. Puede haber riesgos serios, naturalmente. Lo curioso es que quienes anuncian la llegada de Terminator continúan captando inversiones, vendiendo capacidad de cómputo y aumentando valoraciones. Incluso Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha acusado a algunos dirigentes del sector de tener otros intereses cuando proclaman el apocalipsis.

Y mientras discutimos sobre nuestra próxima extinción, el banquero sigue sin acercarse peligrosamente al balcón.

Los seis grandes bancos españoles ganaron 20.164 millones de euros durante el primer semestre de 2026, un récord y un 18 % más que el año anterior. Solo en España obtuvieron 9.481 millones, otro récord. BBVA ganó 6.051 millones y anunció otros 2.000 millones en recompra de acciones. Santander alcanzó 8.973 millones de beneficio atribuido.

No parece que se estén preparando para saltar.

Entretanto, la política española ofrece su propia contribución a la serenidad ciudadana: investigaciones que afectan al entorno socialista conviven con sentencias y causas procedentes de etapas de gobiernos del PP, desde Mediador hasta Púnica, Kitchen o Lezo. Hay acusaciones, investigados, condenas y procedimientos pendientes, y cada partido explica con enorme precisión la corrupción del contrario.

Quizá el negocio del siglo no sea la banca, ni la IA, ni siquiera la política.

Quizá sea el miedo.

Es barato de fabricar, no paga IVA y consigue algo extraordinario: que el ciudadano mire constantemente hacia Rusia, Marruecos, los inmigrantes, ChatGPT o el próximo monstruo disponible mientras sigue trabajando, callado, pagando impuestos, pagando intereses y llegando puntual a la hipoteca.

Por eso conservo el refrán familiar.

El día que el banquero salte del séptimo, me preocuparé de verdad.

Hasta entonces, el día 1 procuraré tener saldo.

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