Francisco Silvera

Bibi & Asociados

23 de Abril de 2026
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Trump y Netanyahu. Bibi & Asociados
Trump y Netanyahu en una imagen de archivo

Llevo toda mi modesta vida intelectual defendiendo como esencia de la Cultura detectar el totalitarismo, para evitarlo, y defender el Humanismo y los Derechos como “sine qua non” de la convivencia, considerando sólo Estado a una voluntad expresable como comunidad, jamás pueblo, nación, patria, tradición...

El execrable régimen nazi ha sido simbólicamente la plasmación del mal, porque su voluntad no era criminal sino de exterminio sistemático y mecanizado; Stalin ha sido uno de los mayores criminales de la Historia, un delincuente, un asesino con rasgos de la peor calaña, cruel y sanguinario. Lo de Hitler (y sus adláteres fascistas y falangistas, entre otros) era diferente: fue un genocida.

Netanyahu huele a “genocida” de lejos, y hay que decirlo por la memoria de las víctimas de la Shoah: que llame antisemitas a quienes le critican es un agravio contra los judíos muertos en manos de los nazis. Ser antisionista no es ser antisemita, ser un “semitófilo” sí puede frisar el racismo, porque hay millones de judíos que no son sionistas, que no acuden a Torah para sanar sus frustraciones vitales, que no pueden defender sus posiciones personales y se ven obligados a comulgar con ruedas de molino por fanáticos religiosos disfrazados de víctimas con la piel de sus antepasados.

No sabemos por qué (hay sospechas más que claras), Bibi tiene cogido por los uebos a este ser abominable llamado Trump. Lo ha arrastrado a provocar el momento más peligroso de la reciente Historia con objetivos que no son, precisamente, un bien para la Humanidad. Seamos justos, Israel pelea contra regímenes que tienen como objetivo la desaparición de este país; que una parte de su población no vea mal la supresión de la amenaza constante es lógico, recuerden aquel bárbaro y enorme atentado terrorista que dio la excusa a Bibi para arrasar Gaza... Pero un estadista se mide por su capacidad para construir futuro; destruir, matar, exterminar, ocupar, conquistar, suprimir, torturar... no es la mejor manera, y seamos también claros: así, o eliminan de raíz a sus posibles enemigos (exterminio) o están sembrado vientos que, en el futuro, podrían ser la desgracia peor para los habitantes de Israel. Ésta es la dinámica pervertida en marcha.

Destruir Palestina o Líbano, matar indiscriminadamente a 70.000 u 80.000 mil personas arrasando sus poblaciones hasta los cimientos, ocupar sus territorios, aprobar penas de muerte “ad hoc” para la ciudadanía de esos países, provocar una guerra con Irán sin importar implicar al planeta entero y sus consecuencias, esto huele no a antisemitismo sino a un nazismo de nuevo cuño que forma parte de la gran bola mundial inspirada en la neorreligiosidad, la ignorancia, el fanatismo y el poder económico... lo de siempre. Netanyahu ha dilapidado el sentimiento de empatía que el Holocausto despertaba en cualquier humano del planeta; hablo del sentimiento, del prestigio adquirido por el sufrimiento de ser víctima... Bibi es verdugo, no víctima.

Ver a Trump como a un jesucristo o a Netanyahu como neocamisanegra-parda-azul, uno metiéndose con el Papa diciéndole divinamente qué debe hacer, el otro llamando nazis a los creadores de una falla popular que lo criticaba en España, sería espantosamente ridículo si no fuera trágico por lo cerca que están de generar un conflicto mundial. Despierte, por muy ladrona que le parezca la democracia: no es comparable con matar, violar, con aniquilar, si perdemos la oportunidad que nos dan las Leyes, el mercado regulado por las constituciones, los derechos individuales y colectivos, todo por seguir el atajo de Netanyahu y su bufón Trump, socios de la esfinge de hielo Putin, por uebos, decíamos, quién sabe si no verá usted morir a su descendencia, o si los obligará a comerse a sus congéneres, porque ésta es la puerta de la barbarie. China no es la solución, por supuesto. La solución es intentar convivir y a ver qué pasa, sin provocar cataclismos. Esta gentuza vive de la guerra, no podemos comprenderlos: es colaboracionismo.

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