La vivienda llega a la huelga general, los sindicatos convierten el 11-N en una movilización de país

CCOO, UGT y otras organizaciones formalizan la huelga general del 11 de noviembre para reclamar vivienda asequible, mejores salarios y más protección social, con el objetivo de mantener la movilización más allá de esa fecha

21 de Octubre de 2026
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La vivienda llega a la huelga general, los sindicatos convierten el 11-N en una movilización de país
Manifestantes de vivienda, este sábado en Madrid, foto Agustín Millán

La crisis de la vivienda ha cruzado una nueva frontera. Lo que durante años fue percibido como un problema residencial, urbanístico o generacional ha terminado por convertirse en una reivindicación laboral y social capaz de articular una huelga general.

La formalización de la convocatoria del próximo 11 de noviembre por parte de CCOO, UGT, CGT, CNT, Co.Bas, Intersindical, Solidaridad Obrera, la Unión de Actores y Actrices y la Confederación de Sindicatos de Inquilinas marca un punto de inflexión en el debate público. No tanto por la propia huelga, sino porque refleja hasta qué punto el acceso a una vivienda digna ha pasado a ocupar un lugar central entre las preocupaciones de amplias capas de la sociedad.

Por primera vez en muchos años, la vivienda aparece como el eje vertebrador de una convocatoria de huelga general de ámbito estatal.

La vivienda ya no es solo un problema residencial

El mensaje trasladado por las organizaciones convocantes fue prácticamente unánime. El problema de la vivienda no puede separarse del deterioro del poder adquisitivo, de la precariedad laboral o de las dificultades que afrontan millones de trabajadores para llegar a fin de mes.

Durante la presentación de la convocatoria, los representantes sindicales insistieron en que el encarecimiento de alquileres e hipotecas está absorbiendo una parte creciente de los ingresos familiares y condiciona la capacidad de acceder a otros derechos básicos.

La idea que recorre toda la convocatoria es clara, tener empleo ya no garantiza poder acceder a una vivienda o mantenerla sin destinar una parte desproporcionada de los ingresos y por ello, la movilización incorpora reivindicaciones relacionadas con los salarios, las pensiones y los servicios públicos, además de las vinculadas al mercado inmobiliario.

Una alianza poco habitual

Uno de los elementos más significativos de la convocatoria es la amplitud del bloque que la respalda. Junto a los sindicatos mayoritarios aparecen organizaciones de tradición anarcosindicalista, sindicatos alternativos, colectivos de vivienda y representantes del sector cultural. Una fotografía poco frecuente que refleja la capacidad que ha adquirido la cuestión de la vivienda para unir demandas procedentes de ámbitos muy distintos.

La convocatoria busca precisamente presentar la vivienda como una causa transversal que afecta a trabajadores, jóvenes, pensionistas, inquilinos y familias con independencia de su situación laboral o territorial.

La portavoz de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, Valeria Racu, insistió durante el acto en que la huelga trasciende a las propias organizaciones convocantes y apeló a una implicación directa de la ciudadanía en su preparación.

Una movilización que no quiere acabar el 11 de noviembre

El planteamiento de los convocantes va más allá de una única jornada de protesta. Representantes de distintas organizaciones coincidieron en señalar que el 11-N debe entenderse como una etapa dentro de un proceso de movilización social más amplio. El objetivo es mantener la presión política e institucional sobre el problema de la vivienda y sobre sus consecuencias en las condiciones de vida de la población trabajadora.

En ese contexto se enmarca también el lanzamiento de Toka, la nueva plataforma digital impulsada para coordinar actividades, asambleas, reuniones y comités de trabajo vinculados a la huelga. La herramienta pretende facilitar la participación directa de quienes quieran implicarse en la organización de la protesta y reforzar una estructura descentralizada basada en la movilización territorial.

Del caso Maricarmen a la huelga general

La convocatoria hunde sus raíces en el ciclo de movilizaciones abierto tras el desahucio de Maricarmen Abascal en Madrid. Aquel caso actuó como catalizador de numerosas protestas y dio lugar a acampadas y concentraciones que extendieron el debate sobre la vivienda por buena parte del país.

Desde entonces, la reivindicación ha ido ampliando su alcance hasta conectar con otras demandas sociales relacionadas con la protección de los servicios públicos, el sistema de pensiones o la mejora de las condiciones laborales. La huelga general del 11 de noviembre es, en gran medida, la expresión más visible de ese proceso de convergencia entre movimiento sindical y movimientos por el derecho a la vivienda.

La vivienda entra de lleno en la agenda política

La convocatoria llega además en plena precampaña electoral y en un momento en el que la vivienda se ha consolidado como una de las grandes preocupaciones sociales. El debate ya no gira únicamente alrededor de la construcción de nuevas promociones o de las políticas urbanísticas. Cada vez tiene más que ver con la capacidad real de trabajadores y familias para desarrollar un proyecto de vida sin que el coste de la vivienda absorba buena parte de sus ingresos.

Ese es el terreno sobre el que los sindicatos pretenden situar el 11-N, convertir el acceso a una vivienda digna en una cuestión central dentro del debate sobre derechos sociales, condiciones laborales y distribución de la riqueza.

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