Ultimátum del Supremo al Gobierno por la Ley de Nietos

La Sala de lo Contencioso da 5 días a los ministros Bolaños y Albares para que entreguen la lista completa con los nombres de más de 160.000 nuevos nacionalizados. Si no lo hacen antes del 28 de octubre, se enfrentan a responsabilidades penales

23 de Octubre de 2026
Actualizado a la 13:12h
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IRPH Misterio Supremo

El poder judicial no suele hablar con gritos, sino con susurros de papel oficial. Sin embargo, lo que se ha firmado en la Sala Tercera no es un murmullo burocrático más, es un cañonazo en toda regla, un golpe sobre la mesa de la alta magistratura que retumba directamente en los despachos de la Moncloa y del Palacio de Santa Cruz. A veces la política se reduce a una fecha y a una hora concreta en la que alguien tiene que sudar frío. Anoten este dato: las tres de la tarde del próximo 28 de octubre de 2026.

Ese es el minuto exacto en el que vence el plazo perentorio concedido por el Alto Tribunal para que dos de los hombres más poderosos del Gabinete de Pedro Sánchez cumplan la ley. Hablamos de Félix Bolaños, ministro de Presidencia y Justicia, y de José Manuel Albares, titular de Asuntos Exteriores.

La orden no admite pausas, dilaciones ni excusas de ventanilla: la Abogacía del Estado tiene que entregar inmediatamente una lista con nombres y apellidos. La relación nominal y completa de las 163.020 personas nacionalizadas mediante la célebre Disposición Adicional Octava de la Ley de Memoria Democrática. O lo que es lo mismo: los beneficiarios de la popularmente bautizada como Ley de Nietos.

Un ultimátum con nombres, apellidos y amenaza de cárcel

Si uno lee con detenimiento los dos autos notificados por la Sección de medidas cautelares de la Sala de lo Contencioso-Administrativo, descubre que los jueces han perdido la paciencia. Ya no hay espacio para las buenas palabras entre instituciones. El texto es de un rigor helado.

Los magistrados exigen que ese padrón de más de 160.000 nuevos ciudadanos sea enviado de forma simultánea a tres ventanillas clave: a la propia Sala del Supremo, a la Junta Electoral Central y a la Oficina del Censo Electoral. ¿Y qué pasa si el Gobierno vuelve a dar largas?

Pues bien, ahí es donde el escrito judicial deja de ser una mera petición administrativa y se viste con el traje de la investigación penal. La Sala apercibe de forma explícita a los ministros echando mano del artículo 112 de la Ley Jurisdiccional. Eso significa dos cosas muy concretas y nada agradables para un servidor público. Primero, la imposición de multas coercitivas que salen del bolsillo personal del sancionado, no de las arcas del Estado. Y segundo, algo mucho peor: deducir testimonio de particulares y enviar el expediente a la vía penal para exigir responsabilidades por desobediencia.

Imaginemos por un segundo la escena en los servicios jurídicos del Estado. Un fin de semana de llamadas cruzadas, abogados revisando cada coma y secretarios de Estado buscando carpetas a contrarreloj. Porque el tiempo en la justicia vuela, pero cuando hay una amenaza de querella rondando los despachos de la Moncloa, el reloj corre el doble de rápido.

La batalla por los votos del exilio

Para entender la enorme marejada que se esconde detrás de este pleito hay que alejarse un poco del jerga procesal y mirar el mapa de la política real. Todo esto arranca cuando la Ley de Memoria Democrática abrió la puerta para que miles de descendientes de españoles que huyeron durante la Guerra Civil o la dictadura —y también sus familias en América Latina— pudieran solicitar la nacionalidad.

La intención original de la norma buscaba reparar una deuda histórica. Nadie lo discute. Pero en la trastienda de los partidos políticos, la matemática electoral es un animal muy distinto y mucho más calculador.

En cuestión de meses, miles de nuevos electores han entrado de golpe en las listas del Censo de Residentes Ausentes en el Extranjero (CERA). Un caudal de votos masivo que, en provincias pequeñas y medias de España donde un diputado se decide por apenas quinientas o mil papeletas, tiene la capacidad real de volcar el resultado de unas elecciones generales.

Ahí es donde saltaron todas las alarmas en la oposición y en varios organismos independientes. Fue precisamente la Junta Electoral Central la que, desbordada por las dudas operativas para aplicar las medidas cautelares fijadas con anterioridad por el propio Supremo, acudió al Alto Tribunal pidiendo instrucciones precisas. La respuesta de los jueces ha sido esta embestida frontal: ni una excusa más, entreguen el listado de inmediato.

La jueza que no quiso firmar el hachazo

Sin embargo, en esta historia de alta tensión constitucional nada es completamente blanco o negro. La Sala del Supremo que ha firmado estos dos autos no es un bloque sin fisuras, y ese es un detalle que en el Palacio de la Moncloa han anotado en rojo.

La Sección está compuesta por seis magistrados. Cinco de ellos votaron a favor de acorralar al Ejecutivo con la amenaza de las sanciones penales. Pero hubo una voz disonante. El auto incluye el voto particular de una magistrada que decidió marcar distancias con sus compañeros de bancada.

Esta jueza discrepa de la dureza de las medidas. En su voto particular deja entrever que apretar de esa manera las tuercas a dos ministros de Estado, amenazándolos casi por la vía rápida con el código penal en la mano por un problema de tramitación de datos masivos, supone traspasar una línea de prudencia institucional en el equilibrio de poderes.

Esa pequeña grieta en el frente judicial demuestra hasta qué punto el asunto es delicado. No es un simple papeleo entre ministerios; es una discusión profunda sobre dónde acaba la facultad de dirección del Gobierno y dónde empieza el control implacable de los tribunales sobre el proceso electoral.

Choque final entre poderes

A medida que pasan las horas, la presión se traslada al área de trabajo de la Abogacía del Estado. ¿Tienen listos esos 163.020 nombres? ¿Se pueden filtrar datos personales protegidos por leyes de privacidad sin vulnerar otros derechos, o prima la transparencia del censo público dictada por el Tribunal Supremo?

El choque entre el Gobierno y la magistratura ha dejado de ser un debate soterrado para convertirse en una crisis institucional abierta. Si el ministro Félix Bolaños y el ministro José Manuel Albares ceden y entregan el documento antes del miércoles 28 de octubre a las tres de la tarde, la justicia habrá ganado el pulso y el censo de la 'Ley de Nietos' quedará expuesto a la lupa de los partidos y de los jueces.

Si por el contrario el Ejecutivo busca una nueva argucia procesal para ganar tiempo o se niega a enviar la relación nominal alegando dificultades técnicas, el Supremo estará ante el abismo de cumplir su promesa: abrir las diligencias penales contra los miembros del Gabinete.

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