Sánchez contundente: "Hay que privilegiar el uso residencial de la vivienda"

El presidente del Gobierno invoca la prospectiva para anticipar las mutaciones del Estado social frente al absolutismo de las grandes corporaciones

28 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 14:13h
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Sánchez contundente vivienda

Moncloa ha decidido librar una batalla contra la tiranía del presente. Flanqueado por la dirección de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia y rodeado de la cúpula institucional catalana, Pedro Sánchez ha utilizado el marco del informe Vidas futuras no como un mero ejercicio académico, sino como una trinchera conceptual.

Frente a las dinámicas aceleradas de la política de titular, el jefe del Ejecutivo ha defendido la urgencia de diseñar políticas públicas capaces de envejecer con dignidad. En un discurso salpicado de advertencias sobre el colapso del contrato social tradicional, el presidente ha planteado una enmienda a la totalidad contra el inmovilismo legislativo. Recordando que cuando las instituciones se niegan a evolucionar al ritmo de la calle, el marco legal termina convertido en una caricatura obsoleta. Ahí está el meollo del asunto.

La palabra prohibida: "ilegítimo"

La intervención arrancó con una mirada inquisitiva hacia el propio lenguaje. Y la capacidad de la norma para perpetuar estigmas históricos. Recuperando conceptos que el derecho comparado y la moral pública han arrinconado en el desván de la vergüenza, el mandatario apeló a la memoria jurídica de España para ilustrar cómo el progreso social termina por desarmar los viejos dogmas.

"Hay palabras, efectivamente, que una sociedad deja de utilizar porque ya no puede pronunciarlas sin avergonzarse", aseveró Sánchez, para introducir, a continuación, un giro rotundo en su argumentación: "Una de esas palabras que me gustaría hoy traer a colación es 'ilegítimo'. Durante años, en España, un niño o una niña podían llegar al mundo y encontrarse con que, antes incluso de haber tomado una sola decisión en su vida, la ley ya había decidido cómo llamarlo: o un hijo legítimo, o una hija legítima, o un hijo o una hija ilegítima".

La sala guardó silencio. Porque todos sabían de qué hablaba.

La metamorfosis de los hogares

A partir de esta premisa, la radiografía desplegada por el informe Vidas futuras constata el naufragio de la estructura familiar homogénea que dominó el siglo XX. Frente a la antigua progresión lineal de estudio, empleo estable, matrimonio y jubilación, la realidad sociológica española exhibe una fragmentación irreparable.

El aumento vertiginoso de los hogares monomarentales. La convivencia no compartida. El retorno de los mayores a las aulas universitarias. Y la movilidad geográfica recurrente. Todo eso ha dejado de ser excepción para convertirse en norma.

"En los años ochenta, más del 80% de quienes tenían entre 30 y 34 años vivía en pareja. Hoy esa cifra apenas supera el 50%", enfatizó el presidente, subrayando, así, la necesidad de que el Estado adapte su arquitectura fiscal, de cuidados y de protección social a una sociedad profundamente heterogénea.

Esta transformación del tejido vital entronca directamente con una de las principales batallas políticas de la legislatura: el acceso a la vivienda.

En un guiño explícito a la gestión de las administraciones locales y autonómicas presentes en el acto, el líder del Ejecutivo urgió a exprimir las competencias regulatorias para frenar la especulación. Y garantizar que las tendencias demográficas no liquiden los proyectos de emancipación de las nuevas generaciones.

"Tenemos que actuar en el ámbito de la vivienda, sin duda alguna, y hay que poner el foco de una vez por todas en la accesibilidad, en privilegiar el uso residencial de la vivienda frente al turístico", reclamó Sánchez, señalando a la intervención del mercado residencial frente al uso turístico como la palanca indispensable para evitar que la brecha de emancipación siga destruyendo la cohesión social.

Feudalismo tecnológico

El bloque más duro del análisis político emergió al abordar el impacto de la digitalización, la inteligencia artificial y la acumulación desmedida de poder en manos de las grandes corporaciones globales. Alejándose del entusiasmo acrítico que suele rodear a la innovación tecnológica, el jefe del Gobierno situó la concentración de capital en la cúpula de las plataformas digitales como la amenaza existencial más grave para las democracias contemporáneas.

La denuncia del ascenso de los caudillos del entorno algorítmico sirvió para enmarcar el verdadero dilema al que se enfrentan los Estados avanzados: si la transformación digital servirá para redistribuir la riqueza o para consolidar una brecha de clase insalvable. En un pasaje de marcada agresividad ideológica contra el libertarismo corporativo, el mandatario denunció el surgimiento de estructuras de poder que escapan a cualquier control ciudadano.

"Jamás ha habido una concentración de poder económico como la que ahora mismo hay y jamás ha habido en la historia de la humanidad una desigualdad como la que hoy actualmente existe entre esa tecnooligarquía y el resto de la ciudadanía", denunció Sánchez para apostillar, a continuación, con una referencia directa al modelo social estadounidense: "El que en Estados Unidos una sola, una sola persona concentre el 20% de la riqueza de toda esa sociedad estadounidense ya te dice exactamente cuál es la desigualdad que ahora mismo se está produciendo y cuál es el rechazo social que se está generando".

La regulación de la inteligencia artificial frente los tecnooligarcas se perfila así como el nuevo gran eje de confrontación para el Estado del bienestar.

Progreso como victoria cultural

En el tramo final de su alegato, el presidente del Gobierno buscó reconectar la estrategia de prospectiva con la tradición del reformismo social.

Lanzando un dardo directo a los sectores conservadores que históricamente han obstaculizado la ampliación de libertades civiles en España.

Evocando las batallas legislativas en torno al matrimonio igualitario o la eutanasia, Sánchez ironizó sobre la pauta recurrente de las fuerzas de la derecha. Que tras oponerse ferozmente a las reformas progresistas terminan por asumir sus beneficios en la vida cotidiana.

Para el líder socialista, la anticipación política no es un lujo teórico. Sino la única vía para garantizar que la prosperidad futura no quede reservada a una minoría privilegiada.

Reivindicando la función pedagógica y esperanzadora de la política pública frente al derrotismo de los discursos distópicos, el presidente cerró su intervención situando la ampliación de derechos como el verdadero motor de la historia democrática.

"Cada derecho que hoy nos parece evidente tuvo antes a alguien diciendo que era demasiado pronto, o que estábamos yendo demasiado lejos", concluyó Sánchez ante el auditorio, rematando su reflexión sobre la conquista de libertades: "Al final acaba beneficiándose todo el mundo, porque estamos hablando de derechos y lo que un día fue una batalla, una batalla termina siendo la vida cotidiana de nuestros hijos y nuestras hijas. Y, por tanto, ese es, yo creo, el maravilloso significado de la palabra progreso, que abre puertas incluso para quienes intentaron mantenerlas cerradas". Porque, al final, el progreso siempre gana. Aunque tarde décadas en llegar.

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