El PNV reclama que no se criminalice a los pequeños propietarios

El Grupo Vasco advierte a Isabel Rodríguez de que los nuevos decretos no resolverán la emergencia residencial, reclamando incentivos al pequeño tenedor y rechazando la trinchera ideológica

30 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 15:05h
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PNV Maribel Vaquero

La diputada del PNV, Maribel Vaquero, lanzó un aviso para navegantes con esa frialdad casi quirúrgica que siempre ha caracterizado a los suyos. El borrador de los decretos de vivienda les había llegado de madrugada, en el último minuto, como suele pasar cuando el Gobierno va con el agua al cuello.

Pues bien, la bancada vasca evitó el pataleo ideológico, sí, pero le sacó las vergüenzas al paquete social del Consejo de Ministros en un santiamén. Con una mezcla muy calculada de buenas maneras y colmillo retorcido, Vaquero se lo dejó clarito a la ministra Isabel Rodríguez: lo que han aprobado en La Moncloa son parches para salir del paso. Remiendos que no van a curar la herida del mercado inmobiliario.

La postura del PNV resume a la perfección el sudoku imposible en el que vive metido el Gobierno. Mientras la izquierda alternativa le exige mano dura y castigo al propietario, en Bilbao recuerdan algo muy básico: si no hay seguridad jurídica, la gente esconde las llaves de sus pisos. Vaquero trazó una línea clarísima en la tribuna. Una cosa es blindar al inquilino que se queda en la calle y otra muy distinta acribillar al pequeño ahorrador que ha puesto su piso en alquiler para redondear la pensión.

El diagnóstico vasco vino a desmontar la fiesta que tenían montada en el Gobierno tras firmar los decretos. La diputada lo admitió sin rodeos: el texto puede parar un desahucio sangrante mañana por la mañana, de acuerdo, pero no le va a conseguir un piso pagable a un chaval de veintitantos años que quiera irse de casa de sus padres. Salvar los muebles hoy no arregla el problema de mañana.

Y ahí es donde los jeltzales meten el dedo en la llaga. Tratar al pequeño propietario como si fuera un buitre de Wall Street es un tiro en el pie; lo único que consigues es que retire la vivienda del mercado y los precios se pongan aún más por las nubes. Lo dijo la propia Vaquero con todas las letras: «Se debe defender al inquilino sin criminalizar a quien pone una vivienda en alquiler». Menos garrote, en definitiva, y más incentivos fiscales.

En un Congreso donde todo el mundo parece atrincherado esperando a que el de enfrente tropiece, el PNV vuelve a jugar la carta del pragmatismo. Nada de sumarse a los bloqueos de la oposición ni a las exigencias imposibles de expropiación que piden otros socios. Ellos prefieren sentarse con la pluma en la mano a redactar la letra pequeña de la ley.

Esa filosofía de «más zanahoria y menos palo» es pura doctrina jeltzale. Dinero y garantías antes que prohibiciones. Y se lo dijeron bien alto a la ministra desde el escaño: «No nos encontrará en la trinchera, ministra; al PNV lo encontrarán trabajando para alcanzar acuerdos». Un mensaje conciliador, claro que sí, pero que viene con factura adjunta.

A Isabel Rodríguez no le quedó más remedio que encajar el golpe con elegancia. Lejos de encararse, la ministra agradeció el tono y soltó una confesión de esas que revelan lo pesada que se vuelve la moqueta ministerial a estas alturas: «Usted lo sabe, el acuerdo está siendo complicado en materia de vivienda». Vaya si lo es.

La Moncloa necesita los votos del PNV como el comer si no quiere ver sus decretos tumbados en el Pleno. El dilema es endiablado: si cede ante las exigencias moderadas de Bilbao para dar aire a los propietarios, la izquierda de la investidura le montará un pollo monumental. Así están las cosas. Habrá que ver si el pragmatismo vasco logra salvar los muebles o si la dichosa crisis del alquiler termina por saltar los plomos de la coalición.

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