Faltan pocas semanas para las elecciones generales del 29 de noviembre y todas todas las miradas del mapa político nacional apuntan a un mismo despacho. Un lugar discreto, sin focos ni cámaras, pero con un poder inmenso. Hablamos del despacho del juez Santiago Pedraz. En el centro de las pesquisas del 'caso Leire', la posible imputación del Partido Socialista Obrero Español como persona jurídica revolotea como una espada de Damocles sobre la sede de Ferraz. Una amenaza silenciosa, constante, que pesa como una losa sobre el equipo de campaña de Pedro Sánchez.
Sin embargo, en un movimiento que otorga un respiro táctico de incalculable valor para el PSOE, el juez ha decidido enfriar los tiempos procesales. No abordará la citación del exsecretario de Organización Santos Cerdán ni la imputación del Partido Socialista antes de las elecciones. Es decir, que la tormenta judicial, al menos por ahora, esperará. Se queda en la orilla. No salta al ruedo electoral, una decisión que tumba la paranoia conspiranoica sobre los jueces que invade al PSOE de Pedro Sánchez.
Fuentes jurídicas citadas por El Confidencial confirman que el magistrado no prevé citar en las próximas semanas al todopoderoso exdirigente socialista. La comparecencia de Cerdán, considerada por la Fiscalía Anticorrupción como el trámite imprescindible y la bisagra procesal previa antes de valorar si procede dirigir formalmente la causa contra el PSOE como persona jurídica al amparo del artículo 31 bis del Código Penal, quedará relegada al periodo posterior al 29-N. Salvo que el propio Cerdán solicite de forma voluntaria declarar ante la Audiencia Nacional, el juez ha optado por blindar la instrucción de las turbulencias electorales. Permitir que la marea informativa no estalle en plena recta final de la campaña. Una decisión, sin duda, cargada de consecuencias.
Los indicios de Anticorrupción
Pese a la paralización temporal de las decisiones de calado, el dossier que reposa sobre la mesa del magistrado dibuja un horizonte sumamente complejo para la formación socialista. Y no es una exageración. La Fiscalía Anticorrupción no ha dudado en dejar por escrito que existen indicios racionales que apuntan de forma directa a la responsabilidad penal del partido. La tesis del Ministerio Público sostiene que, a través de Santos Cerdán, la organización política habría puesto a disposición de la trama investigada toda su infraestructura logística y financiera. Desde el uso de despachos y salas de reuniones en la propia sede nacional de Ferraz, hasta el pago de gastos y transferencias vinculadas con la actividad presuntamente delictiva sufragados con fondos de las cuentas del partido.
El material acumulado tras las recientes declaraciones practicadas en el juzgado resulta, cuando menos, abrasador. Los testimonios prestados por la gerente socialista, Ana María Fuentes Pacheco, y por varias secretarias del área de Organización han estrechado el cerco sobre el núcleo del poder interno. De las diligencias practicadas se desprende que las órdenes de gasto no respondían a iniciativas individuales o a francotiradores aislados. No. Se ejecutaron en el corazón del círculo directivo de la formación. En nombre, por cuenta y en beneficio directo o indirecto de la propia estructura patrimonial del PSOE. Un entramado de pagos y autorizaciones que la oposición, encabezada por el Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo, ha calificado formalmente como la articulación de una verdadera cloaca financiada con dinero de las siglas del Gobierno.
Trazabilidad bancaria y la prueba del conocimiento
Frente a la insistencia del PP para que se imputara de inmediato al PSOE y se designara un representante legal para la causa, el juez Pedraz ha sido tajante en sus últimos autos. La atribución de la condición de persona jurídica requerida exige algo más que sospechas generales. Mucho más. Aunque el instructor admite de forma explícita que los hechos investigados "pudieran presentar en abstracto apariencia delictiva por parte del PSOE", precisa que actualmente no existe la solidez probatoria suficiente para dar el paso sin completar una batería de diligencias clave que llevan tiempo.
Para dar el paso definitivo e imputar al PSOE, la Justicia necesita acreditar con precisión milimétrica la trazabilidad de los caudales. El magistrado ha dejado fijados los requisitos imprescindibles que deberán concretarse tras las elecciones. Verificar si las transferencias efectuadas a terceros se ordenaron sabiendo el fin ilícito que perseguían. Esclarecer qué personas estaban autorizadas para disponer de los salarios y cuentas de Ferraz. Comprobar la existencia de facturas o contratos de cobertura e indagar si los órganos de administración del partido conocieron, validaron o carecieron de los mecanismos de prevención y cumplimiento normativo (el famoso compliance) exigidos por la ley. Todo un entramado documental cuyo análisis exhaustivo prolongará la fase de instrucción durante meses. Quizá años.
Tregua de campaña
La decisión de Pedraz de ralentizar el procedimiento y congelar la citación de Cerdán hasta después del 29-N concede un valioso balón de oxígeno a Pedro Sánchez en un momento de extrema polarización política. Sin la foto de un representante legal del PSOE sentado en el banquillo de la Audiencia Nacional en vísperas de acudir a las urnas, el sanchismo esquiva el que habría sido el impacto mediático más devastador de la legislatura. Una imagen que, sin duda, habría marcado la campaña que habría dominado los titulares que habría enterrado cualquier otro mensaje.
Sin embargo, el aplazamiento no equivale a un carpetazo ni a una exoneración. Tal como advierten los fiscales anticorrupción en sus dictámenes, la imputación del partido sigue sobre la mesa y es "cuestión de tiempo" que la Audiencia Nacional dirima la responsabilidad penal de la formación. La contienda electoral del 29-N se celebrará así bajo una tregua procesal temporal. Un paréntesis de silencio en los juzgados que pospone para el invierno el veredicto definitivo sobre el papel de las siglas socialistas en el caso Leire.
La espada de Damocles sigue colgando
Mientras tanto, la espada de Damocles sigue colgando. No se ha caído. Pero tampoco se ha retirado. Sigue ahí, sujeta por un hilo. Un hilo que el juez Pedraz ha decidido no cortar antes de las elecciones. Pero que, tarde o temprano, habrá que cortar. Porque la Justicia, nos guste o no, tiene sus tiempos. Y sus silencios. Y sus estrategias. Y en este caso, la estrategia parece clara: no interferir en el proceso electoral. No dar munición gratuita a unos. No desactivar por completo a otros. Simplemente, esperar. Dejar que los ciudadanos hablen primero. Y después, ya veremos.
Es una decisión, cuanto menos, prudente o calculada, según se mire. Porque no es lo mismo imputar a un partido en plena campaña electoral que hacerlo cuando las urnas ya han hablado. No es lo mismo sentar a un exdirigente en el banquillo antes del 29-N que después. La política, como la vida, es cuestión de tiempos. Y el juez Pedraz, al parecer, ha decidido que este no es el momento, que la tormenta judicial puede esperar, que la campaña merece un respiro. O quizá no. Quizá solo sea estrategia procesal. Quizá sea falta de pruebas concluyentes. Quizá sea respeto institucional. Las razones, como casi siempre en estos casos, son múltiples. Y opacas. Y sujetas a interpretación.
El invierno judicial que espera a Ferraz
El 29-N pasará. Las urnas hablarán. Y entonces, solo entonces, volverá el ruido de los juzgados. La citación de Cerdán. La posible imputación del PSOE. La trazabilidad bancaria. Las facturas. Los contratos. Las declaraciones. Los testigos. Todo eso que ahora duerme en los cajones de la Audiencia Nacional despertará. Y lo hará, presumiblemente, con más fuerza. Con más urgencia. Con más presión. Porque el calendario electoral ya no será una excusa, porque la campaña ya habrá terminado y porque la Justicia, aunque lenta, es implacable. O eso dicen. O eso esperan. O eso temen. Según quién.
Sánchez, mientras tanto, respira. Toma aire. El PSOE prepara su defensa y confía en que el tiempo juegue a su favor. Confía en que las pruebas no sean tan sólidas como parecen. Confía en que la opinión pública olvide y mire hacia otro lado porque en política, como en la vida, la memoria es frágil. El escándalo de hoy es el olvido de mañana. O eso parece. Hasta que deja de serlo.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.