Durante su entrevista del 12 de octubre en la Cadena Ser, el exdirector del Gabinete de Pedro Sánchez afirmó: «Yo le doy prácticamente un 50 % de probabilidades de que el Partido Socialista pueda ser primera fuerza».
Redondo sostiene que la clave de las elecciones no debe buscarse únicamente en los porcentajes nacionales, sino en el reparto de diputados de las 52 circunscripciones electorales: las 50 provincias, Ceuta y Melilla.
Según sus estimaciones, 28 provincias presentan una competencia especialmente ajustada. Mencionó territorios como Zamora, Guadalajara y varias provincias de la Comunidad Valenciana, además de destacar la importancia de Cataluña.
Su interpretación es que el crecimiento de Vox puede perjudicar al PP en determinados repartos provinciales y que la movilización de electores progresistas podría modificar adjudicaciones de escaños que actualmente parecen favorables a la derecha.
También calcula que el PSOE y las formaciones del Frente Amplio necesitarían situarse alrededor de los 150 diputados para disponer de una base desde la que negociar una eventual mayoría con otras fuerzas parlamentarias.
Sin embargo, ese análisis constituye una estimación personal, no una proyección demoscópica verificada. Los microdatos provinciales que afirma manejar no se han publicado íntegramente y el 50 % que atribuye al PSOE no procede de un modelo estadístico cuya metodología pueda examinarse públicamente.
Las encuestas todavía favorecen claramente al PP y Vox
El principal obstáculo para la hipótesis de Redondo son los datos publicados el propio 12 de octubre. Las encuestas de Sigma Dos, GAD3 y SocioMétrica atribuyen al Partido Popular entre 133 y 141 diputados, a Vox entre 64 y 68, y al PSOE entre 103 y 107. Las estimaciones ofrecen, por tanto, mayorías parlamentarias amplias a la combinación de PP y Vox, aunque ambos partidos compitan por parte de un mismo electorado.
La diferencia con el escenario de Redondo es sustancial. Para que el PSOE recuperara la primera posición tendría que producirse una variación del voto y de su distribución territorial que todavía no aparece reflejada en esos sondeos.
El precedente de 2023 demuestra que las encuestas pueden equivocarse. Algunas sobrestimaron al PP e infravaloraron al PSOE, alterando considerablemente las expectativas previas de escaños. Pero aquel antecedente tampoco permite dar por segura una nueva corrección en la misma dirección. La campaña continúa abierta, aunque abierta no significa necesariamente empatada.
El verdadero desafío: transformar la movilización en una mayoría parlamentaria
Redondo establece una distinción esencial entre ser la fuerza más votada y reunir los apoyos necesarios para gobernar.
España no atribuye automáticamente la Presidencia del Gobierno al partido con más diputados. La investidura depende de las mayorías que se construyan en el Congreso.
El PP conoce bien esa diferencia después de las elecciones de 2023, cuando ganó en votos y escaños, pero Feijóo no consiguió la investidura y Sánchez reunió posteriormente los apoyos parlamentarios necesarios.
La izquierda afronta también dificultades propias. Las negociaciones entre Sumar, Podemos, Izquierda Unida y otras organizaciones siguen condicionadas por diferencias estratégicas, mientras el acuerdo electoral de Podemos con ERC ha introducido una nueva controversia en Cataluña.
Redondo sostiene que la cooperación entre esas fuerzas permitiría mejorar el rendimiento de sus votos y considera que Gabriel Rufián podría contribuir a acercar posiciones. Pero durante la misma entrevista Ignasi Guardans cuestionó esa interpretación y recordó que la existencia de liderazgos populares no elimina la competencia entre candidaturas.
Son dificultades que no desaparecen por los errores que pueda cometer el Partido Popular.
Feijóo afronta una campaña en la que cada explicación cuenta
El inicio de la precampaña revela varios riesgos para la estrategia popular: un mensaje económico que necesita mayor concreción, una controversia sobre las pensiones planteada por Vox, diferencias de tono entre sus principales dirigentes y una dependencia parlamentaria de Santiago Abascal que las encuestas siguen señalando.
Pero esos problemas no constituyen todavía una crisis electoral demostrada.
Feijóo conserva una posición favorable en los sondeos y dispone de una importante estructura territorial. Sánchez, por su parte, tiene que afrontar el desgaste acumulado del Gobierno, las dificultades de sus aliados y las controversias judiciales que afectan a personas vinculadas al PSOE.
La entrevista de Iván Redondo permite identificar variables que podrían modificar el escenario, especialmente la movilización electoral, la competencia provincial y la distribución del voto entre PP y Vox. No permite, por sí sola, afirmar que la remontada socialista esté en marcha.
La cuestión central del 29-N será si Feijóo consigue transformar su ventaja demoscópica en una mayoría de gobierno o si las controversias de campaña, la competencia con Vox y una eventual movilización de otros electorados reducen esa ventaja.
Por ahora, el primer balance de su discurso en IFEMA deja una advertencia comunicativa: cuando un candidato anuncia sacrificios sin detallarlos y promete estabilidad mientras sus aliados intensifican la confrontación, puede terminar dedicando parte de la campaña a explicar sus propias palabras en lugar de presentar sus propuestas.
Y esa es una dificultad que el Partido Popular tendrá que gestionar antes del 29 de noviembre.
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