Interinos: Moncloa quiere combatir la precariedad, pero la fomenta por decreto

Mientras, tal y como informó este medio, todo indica que ya se estarían encargando informes para la concesión de la fijeza, el gobierno de Sánchez ahora quiere solucionar la jubilación de funcionarios con un incremento de la contratación de interinos

20 de Marzo de 2026
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Interinos: Gobierno expulsión
Pedro Sánchez, María Jesús Montero y Félix Bolaños en el Congreso de los Diputados | Foto: Pool Moncloa

La inminente aprobación por parte del Gobierno de Pedro Sánchez de un nuevo marco para la jubilación parcial del personal laboral del sector público, tal y como ha publicado El Economista, lejos de resolver un problema estructural, abre un inquietante frente jurídico y social que pone en entredicho la coherencia normativa del Ejecutivo y su compromiso real con la estabilidad en el empleo público.

El instrumento elegido, un Real Decreto-ley que deberá ser validado por el Congreso de los Diputados, ya anticipa una práctica legislativa recurrente en la actual etapa política: el uso de mecanismos de urgencia para corregir errores generados por el propio gobierno. Lo que ahora se presenta como una solución técnica no es sino la consecuencia directa de una reforma fallida que, desde abril de 2025, había bloqueado de facto la jubilación parcial en amplios sectores de la Administración.

Improvisación normativa

La raíz del problema reside en la exigencia introducida por la reforma anterior: la obligatoriedad de que el trabajador relevista contara con un contrato indefinido a tiempo completo y permaneciera al menos dos años tras la jubilación total del sustituido. En el sector privado, esta condición podía sortearse con relativa facilidad. Sin embargo, en el ámbito público, sometido a los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, la exigencia resultó incompatible con los tiempos y procedimientos de la contratación pública.

El resultado ha sido un bloqueo administrativo que el propio Ejecutivo ahora intenta desactivar mediante una solución de urgencia: permitir contratos temporales de relevo mientras se resuelven las convocatorias estructurales. Esta rectificación no solo evidencia falta de previsión, sino que plantea dudas sobre la seguridad jurídica de un sistema que cambia de reglas en cuestión de meses.

Combatir la temporalidad fomentándola

El elemento más controvertido de la nueva norma es, sin duda, la introducción explícita de contratos temporales como mecanismo transitorio. En un contexto en el que la tasa de temporalidad en el sector público español está muy por encima de los estándares de la Unión Europea, el Gobierno Sánchez opta por institucionalizar una figura que perpetúa el problema que dice querer erradicar.

Desde un punto de vista jurídico, esta decisión plantea una tensión evidente con las exigencias europeas en materia de estabilidad laboral y abuso de la contratación temporal. Desde una perspectiva social, consolida una dualidad en el empleo público que penaliza a los trabajadores más vulnerables y erosiona la credibilidad de las políticas laborales del Ejecutivo.

El argumento gubernamental, que estas contrataciones serán meramente transitorias, no resulta convincente a la luz de la experiencia reciente. La temporalidad en la Administración española ha demostrado una notable capacidad de cronificación, convirtiendo soluciones excepcionales en prácticas estructurales.

Sobre todo, sorprende esta decisión cuando, según las fuentes consultadas por Diario Sabemos, es el propio Gobierno quien presuntamente habría pedido informes para la concesión de la fijeza a los trabajadores interinos en abuso de temporalidad. 

Planificación deficiente

El texto normativo introduce la obligación de que las administraciones públicas diseñen instrumentos de planificación de recursos humanos que anticipen las jubilaciones parciales. Sobre el papel, podría tratarse de una medida razonable. En la práctica, supone trasladar la carga del problema a unos niveles administrativos que ya operan con recursos limitados y bajo fuertes restricciones burocráticas.

Esta descentralización de la responsabilidad no resuelve el fallo de origen: la desconexión entre la legislación laboral y la realidad operativa del sector público. Más bien, añade una nueva capa de complejidad que puede derivar en desigualdades territoriales y en una aplicación desigual de la norma.

Tensionar los principios constitucionales

La introducción de contratos temporales de interinidad vinculados a jubilaciones parciales plantea, además, interrogantes de fondo sobre el respeto a los principios que rigen el acceso al empleo público. Aunque se planteen como soluciones provisionales, estos mecanismos pueden abrir la puerta a prácticas discrecionales que erosionen los estándares de transparencia y objetividad.

El hecho de que estas contrataciones se extingan cuando se incorpore personal fijo no elimina el riesgo de utilización abusiva en el corto plazo. En términos jurídicos, se configura un espacio gris donde conviven la excepcionalidad y la necesidad, un terreno fértil para la litigiosidad.

El movimiento del Gobierno revela un patrón más amplio en la gestión normativa: reformas que generan problemas estructurales y posteriores correcciones urgentes que, lejos de solucionarlos, introducen nuevas distorsiones. La jubilación parcial del personal laboral se convierte así en un caso paradigmático de cómo la falta de coordinación interministerial y la ausencia de un diseño integral pueden desembocar en inseguridad jurídica y conflicto social.

El hecho de que el texto haya sido negociado entre varios ministerios no oculta la sensación de improvisación. Más bien evidencia la dificultad del Ejecutivo para articular una política coherente en materia de empleo público, atrapado entre las exigencias de Bruselas, las presiones internas y la necesidad de ofrecer soluciones inmediatas.

Deterioro institucional

La reforma no solo afecta a un aspecto técnico del sistema de pensiones, sino que incide directamente en la calidad institucional del Estado. La utilización recurrente del decreto-ley, la normalización de la temporalidad y la transferencia de problemas a niveles administrativos inferiores configuran un modelo de gobernanza reactivo, más orientado a apagar incendios que a construir soluciones sostenibles.

La gestión de la jubilación parcial bajo el Gobierno de Pedro Sánchez ilustra, en definitiva, una tensión no resuelta entre discurso y práctica. Mientras se proclama la defensa del empleo estable y de calidad, mientras se podrían estar encargando informes para la fijeza, las decisiones adoptadas apuntan en dirección contraria, consolidando un sistema cada vez más fragmentado y jurídicamente incierto. Y todo esto, con la amenaza de sanción millonaria de la Comisión Europea.

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