FAES, la fundación de Aznar, desprecia el derecho internacional y lo califica como "criminalmente ingenuo"

FAES mantiene una visión del orden global basada en el atlantismo de hierro y el escepticismo radical hacia el multilateralismo formal cuando este bloquea la acción de las potencias occidentales

04 de Marzo de 2026
Actualizado a la 13:39h
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Alberto Núñez Feijóo y José María Aznar
Alberto Núñez Feijóo y José María Aznar

El debate sobre la posición de España en el nuevo tablero de Oriente Próximo ha reabierto una herida histórica en la política exterior nacional. La fundación Faes, presidida por el expresidente José María Aznar, ha lanzado una ofensiva dialéctica contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez, calificando de "criminalmente ingenuo" el recurso al derecho internacional para justificar la negativa española a participar en la ofensiva contra Irán. Para la fundación, la doctrina de la legalidad internacional que invoca el Palacio de la Moncloa no es más que una fórmula prestigiosa para abdicar de las responsabilidades defensivas, situando a España en una posición de irrelevancia estratégica.

El epicentro de la controversia reside en la decisión del Gobierno de no autorizar el uso de las bases militares estadounidenses en España para las operaciones contra Teherán, una intervención que carece del aval del Consejo de Seguridad de la ONU y del propio Congreso de los Estados Unidos. Mientras Sánchez apuesta por el multilateralismo y el respeto a las normas globales como escudo diplomático, Faes sostiene que invocar reglas frente a un régimen que no las reconoce es una contradicción lógica. Ese argumento no se sostiene por el posicionamiento de Faes respecto a los regímenes de los países del Golfo o Marruecos. Según el editorial de la fundación, esta postura de apaciguamiento y equidistancia no solo aísla a España frente a sus aliados tradicionales, sino que la proyecta como un actor "excéntrico y poco fiable" en el escenario de la seguridad colectiva.

Resulta inevitable que resuenen los ecos del pasado. La firme defensa de la intervención que hoy propone Faes evoca inevitablemente el escenario de 2003, cuando Aznar apoyó la guerra de Irak bajo la premisa de unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Aquella decisión, tomada también al margen del criterio de Naciones Unidas, marcó un antes y un después en la diplomacia española. Aunque años después el propio Aznar admitió el error de inteligencia, su fundación recupera hoy la misma tesis: ante un "desafío existencial", el derecho internacional no puede ser un instrumento que sirva únicamente para desarmar a las democracias frente a sus enemigos.

La retórica de Faes escala al calificar la actitud del Gobierno como una "vergonzosa claudicación" que, lejos de proteger al país, ha envalentonado a los adversarios. El organismo menciona explícitamente las amenazas veladas del embajador iraní en Madrid como prueba de que la diplomacia del "buenismo" ha fracasado. En un giro argumentativo que busca subrayar el descrédito exterior, la fundación pone al mismo nivel las felicitaciones de grupos terroristas como Hamás y de figuras del activismo como Susan Sarandon, sugiriendo que tales apoyos comprometen el honor y la seguridad de todos los españoles.

Las Azores y Teherán

El posicionamiento de la fundación presidida por José María Aznar frente a la crisis iraní revela una notable continuidad ideológica con la doctrina que justificó la intervención en Irak hace más de dos décadas. A través de un análisis comparado, se observa que FAES mantiene una visión del orden global basada en el atlantismo de hierro y el escepticismo radical hacia el multilateralismo formal cuando este bloquea la acción de las potencias occidentales.

En 2003, el argumento central de FAES y del Gobierno de Aznar fue que la legalidad internacional no podía limitarse a la interpretación estricta de las resoluciones de la ONU si estas permitían que un dictador como Sadam Husein desafiara al orden global. Se priorizó la legitimidad de una coalición de democracias sobre la legalidad del Consejo de Seguridad.

En 2026, la retórica se ha radicalizado. FAES define ahora el respeto al derecho internacional invocado por el Gobierno de Sánchez como una "fórmula prestigiosa para abdicar de las responsabilidades". La tesis actual sostiene que invocar reglas frente a actores que no las respetan es un acto de "criminal ingenuidad". El cambio sutil reside en que, mientras en 2003 se buscó una interpretación flexible de la ley, en 2026 se sugiere que la ley misma es un mecanismo que desarma a Occidente.

La narrativa de 2003 pivotó sobre la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, un pretexto material y concreto que resultó ser falso, como el propio Aznar admitió años después. La seguridad nacional se vinculaba a la posesión física de tecnología bélica por parte de un estado enemigo.

Sin embargo, en el análisis actual sobre Irán, FAES eleva el tono hacia lo metafísico. Ya no se habla solo de centrifugadoras o uranio, sino de un "desafío existencial" y de la lucha contra una "actitud apaciguadora". La amenaza hoy no es solo militar, sino moral: el peligro reside en la "falta de fiabilidad" de España como socio de Estados Unidos, lo que, a ojos de la fundación, compromete la seguridad colectiva de forma más grave que la propia guerra.

La obsesión con el "aislamiento" ha sido una constante. En 2003, Aznar defendió que la foto de las Azores colocaba a España en la "primera división" de la geopolítica, alejándola de la irrelevancia de la "vieja Europa" (Francia y Alemania).

Hoy, FAES utiliza términos casi idénticos para denunciar la postura de Pedro Sánchez. Al prohibir el uso de las bases de Morón y Rota, España es calificada como un "actor excéntrico", un término que evoca el miedo de la derecha española a quedar fuera del núcleo de confianza de Washington. La diferencia es que, en 2003, la alianza era con una administración republicana clásica (Bush), mientras que en 2026 el alineamiento se produce con el neo-aislacionismo intervencionista de Donald Trump, un escenario mucho más volátil.

Un punto de ruptura interesante es la gestión de la verdad. En 2007, Aznar reconoció el error sobre las armas de Irak alegando falta de "astucia" informativa. No obstante, en 2026, la fundación no muestra cautela alguna por aquel precedente; al contrario, utiliza las felicitaciones de actores como Hamás o Susan Sarandon hacia el Gobierno actual como un argumento de autoridad inversa para descalificar la diplomacia de Sánchez.

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