Cerco judicial a Miguel Ángel Rodríguez, mano derecha de Ayuso

Un juzgado de Madrid ha imputado por revelación de secretos al jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso

13 de Marzo de 2026
Actualizado a la 13:23h
Guardar
Miguel Ángel Rodríguez MAR tras declarar ante el Supremo.
Miguel Ángel Rodríguez MAR tras declarar ante el Supremo.

La citación de Miguel Ángel Rodríguez como imputado para el próximo 6 de mayo marca un hito en la tensa relación entre el poder político en Madrid y el ejercicio del periodismo de investigación. El jefe de gabinete de Isabel Díaz Ayuso deberá responder ante el Juzgado de Instrucción número 25 por la presunta difusión de datos personales de dos redactores de El País, quienes indagaban en el fraude fiscal de Alberto González Amador, pareja de la presidenta regional. Este proceso no es solo una disputa de nombres y apellidos, sino un ensayo sobre los límites de la privacidad y el uso de la información institucional como herramienta de choque contra los medios de comunicación que resultan incómodos al ejecutivo autonómico.

El camino hacia esta comparecencia ha sido tortuoso y revela una profunda discrepancia de criterios en el seno de la magistratura. Inicialmente, la jueza Raquel Robles González optó por el archivo de la querella, argumentando que la mera identificación nominal no vulneraba la esfera privada de los profesionales. Sin embargo, la Audiencia Provincial de Madrid corrigió de forma tajante esta decisión, obligando a reabrir la causa al considerar pertinente averiguar cómo y por qué llegaron esos datos a manos de Rodríguez. La instrucción deberá ahora dilucidar si el querellado utilizó información extraída de los atestados de la escolta policial de Ayuso, lo que elevaría el caso a un escenario de presunta revelación de secretos agravada por la naturaleza del cargo público.

La estrategia desplegada por Rodríguez durante el estallido del caso González Amador ha sido calificada por diversos sectores como una campaña de hostigamiento sistemático. Más allá de la difusión de identidades y fotografías, el jefe de gabinete fue el origen de bulos que acusaban a periodistas de intentar asaltar la vivienda de la presidenta portando capuchas, un relato que buscaba criminalizar la labor de documentación en las inmediaciones del domicilio presidencial. Esta investigación por revelación de secretos pone bajo la lupa si la defensa de la pareja de la presidenta justificaba el señalamiento público de reporteros que, en el ejercicio de sus funciones, buscaban contrastar informaciones sobre delitos tributarios ya procesados.

Un punto crítico del proceso será la identificación de los agentes de la Unidad adscrita de la Policía Nacional que identificaron a los redactores en la calle. La justicia busca determinar el hilo conductor que une una identificación rutinaria de seguridad con la publicación de esos datos en los dispositivos de Miguel Ángel Rodríguez. Este episodio reabre el debate sobre la protección del secreto profesional y la seguridad de los periodistas en entornos donde la polarización política convierte la labor informativa en un riesgo personal. La resolución de este caso determinará si el uso de información sensible para atacar a la prensa queda amparado por la libertad de expresión o si, por el contrario, constituye un abuso de poder delictivo.

El horizonte del 6 de mayo se presenta así como una fecha clave para la higiene democrática de las instituciones madrileñas. Con el PSOE y El País personados como acusación, la declaración del hombre fuerte de Sol pondrá a prueba la solidez de los protocolos de ética gubernamental y la capacidad de los tribunales para frenar inercias que parecen más propias de regímenes autocráticos que de democracias liberales.

Lo + leído