Los despachos de la sede del PSOE en la calle Ferraz ya no respiran el entusiasmo de las grandes noches electorales. Lo que hay hoy es ese silencio pesado de los edificios que se saben bajo sospecha. Se nota en las miradas de reojo, en las conversaciones a media voz junto a la máquina de café y en los teléfonos que echan humo. La nave capitana del partido atraviesa un temporal judicial de los que dejan cicatriz. Y la última en declarar ante el juez no ha hecho precisamente más fácil la travesía.
Ana María Fuentes Pacheco, la gerente del partido, cruzó la puerta de la Audiencia Nacional como investigada para explicar qué pasó con las facturas que salían aprobadas de su departamento. Pero, lejos de apagar el fuego, su testimonio terminó por señalar con el dedo hacia arriba o, mejor dicho, hacia un despacho muy concreto: el del exsecretario de Organización, Santos Cerdán.
Facturas muy reales
Ante el juez Santiago Pedraz, la gerente tiró de un guion clásico en la política española: el "yo solo firmaba". Aseguró que ella se limitaba a dar el visto bueno a los pagos dando por hecho que los trabajos estaban hechos. Que todo venía de Santos Cerdán. Y, por supuesto, dejó claro que ni Pedro Sánchez ni la ejecutiva sabían de la misa la media, es decir, absolutamente nada .
A ver, seamos serios. Nos piden creer que en un partido que mueve millones de euros y donde hasta el último sello pasa por tres controles, de repente los contratos con abogados estrella se hacían de palabra. "Encargos verbales", lo llamaron. Como quien le pide al vecino que le eche un ojo al coche. Es lo mismo que los acuerdos verbales de José Luis Rodríguez Zapatero con Análisis Relevante.
Sólo que aquí no hablábamos de favores entre amigos. Hablábamos de miles de euros para contratar a letrados encargados, supuestamente, de dinamitar las causas judiciales que acorralaban al entorno de Pedro Sánchez y a la Moncloa.
Para la Guardia Civil, sin embargo, la cosa está bastante menos clara. En sus informes sitúan a la gerente como una pieza clave en la logística del invento. Según la UCO, lo que se hacía era fabricar "notas de encargo ficticias" a despachos de abogados para camuflar el dinero que terminaría en manos de la fontanera del partido, Leire Díez. Un enjuague en toda regla para pagar operaciones en la sombra.
La trampa de los cortafuegos
Al final, la estrategia del PSOE en el caso de sus cloacas es transparente: buscar un chivo expiatorio y levantar un cortafuegos lo bastante alto para que las llamas no alcancen al presidente. Cerdán por un lado, la gerencia por otro, y el resto del partido mirando hacia otro lado con cara de no haber roto un plato.
Pero el juez Pedraz no se chupa el dedo. Tiene muchas horas de cuartel. Aunque ha rechazado de momento analizar el teléfono móvil de la gerente por considerarla una colaboradora y no la mente maquetadora, ha dejado intacta su imputación por falsedad en documento mercantil. Cómplice o no, la firma en el papel está.
Y eso duele. Duele especialmente en un partido que hizo de la regeneración democrática y la limpieza institucional su bandera para llegar al poder.
El PSOE hace agua por la contabilidad
No nos engañemos. Cuando la defensa de un partido de Gobierno consiste en admitir que se funcionaba con contratos verbales y facturas dudosas con tal de salvar al líder, el problema ya no es solo de los tribunales. Es un problema de credibilidad política.
A estas alturas de la película, resulta muy difícil convencer a la gente de que la cúpula socialista vivía en una inopia absoluta mientras en la planta baja se montaba una oficina paralela para hacer descarrilar causas penales.
Las siglas del PSOE pesan mucho, sí. Tienen más de un siglo de historia a sus espaldas. Pero cuando la fontanería interna acaba convertida en un desfile ante la Audiencia Nacional, ni el cortafuegos más elaborado del mundo puede evitar que el humo termine llegando hasta el despacho principal.
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