Los autónomos reclaman completar una reforma que sigue dejando demasiadas zonas de precariedad

Uatae pide retomar el diálogo social para corregir los desequilibrios del RETA y reforzar la protección de quienes trabajan por cuenta propia

12 de Mayo de 2026
Actualizado el 13 de mayo
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Durante décadas, el trabajo autónomo en España ha ocupado un lugar extraño dentro del sistema laboral. Fundamental para sostener buena parte de la economía cotidiana y, al mismo tiempo, condenado muchas veces a una protección social claramente inferior a la del trabajo asalariado.

La Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores, Uatae, volvió este lunes sobre una idea que atraviesa desde hace años el debate laboral español. La reforma del RETA sigue incompleta.

La organización reclama reactivar el diálogo social para culminar una modernización del sistema que permita corregir algunos de los desequilibrios más persistentes del trabajo por cuenta propia. Especialmente entre quienes sobreviven con ingresos bajos, actividades inestables o márgenes económicos mínimos.

Porque detrás de la palabra “autónomo” conviven realidades profundamente distintas. No es lo mismo quien dirige una gran actividad empresarial que quien factura apenas lo suficiente para sostener un pequeño negocio, trabajar como falso independiente o encadenar meses de enorme incertidumbre económica.

Y, sin embargo, durante mucho tiempo el sistema español trató situaciones muy diferentes bajo reglas prácticamente idénticas.

Uatae insiste ahora en una de las cuestiones más sensibles del debate. La presión de las cuotas sobre los tramos de ingresos más bajos.

Miles de trabajadores autónomos continúan destinando una parte desproporcionada de sus rendimientos únicamente a mantener las cotizaciones, incluso en etapas donde los ingresos resultan extremadamente frágiles o irregulares.

El problema no afecta sólo a la rentabilidad de muchos pequeños negocios. También condiciona la propia supervivencia de amplias capas del trabajo autónomo.

La organización reclama además reformar el sistema de cese de actividad, una prestación que sobre el papel debía funcionar como una especie de “paro de los autónomos”, pero que en la práctica sigue siendo muy difícil de cobrar para buena parte del colectivo debido a requisitos especialmente restrictivos.

La paradoja lleva años instalada en el modelo español. Se exige a los autónomos una contribución creciente al sistema mientras la cobertura efectiva frente a situaciones de vulnerabilidad continúa siendo mucho más limitada que en el empleo asalariado.

Por eso el debate sobre el RETA ha dejado de ser únicamente técnico. También afecta a una cuestión de igualdad social.

Uatae vuelve a plantear además otra demanda histórica. Extender el subsidio para mayores de 52 años a quienes trabajan por cuenta propia y se ven obligados a cerrar su actividad.

El envejecimiento del colectivo autónomo empieza a convertirse en un problema silencioso dentro de la economía española. Miles de trabajadores afrontan el final de sus negocios sin mecanismos suficientes de protección y con enormes dificultades para reengancharse posteriormente al mercado laboral.

La fragilidad de muchos autónomos aparece precisamente cuando dejan de poder seguir trabajando.

En el fondo, la discusión sobre el RETA refleja una transformación mucho más amplia del mercado laboral contemporáneo.

Las fronteras tradicionales entre empleo estable, trabajo autónomo, economía digital y autoempleo son cada vez más difusas. Y muchos sistemas de protección social continúan funcionando todavía con estructuras pensadas para un mercado laboral mucho más rígido y homogéneo que el actual.

Por eso organizaciones como Uatae insisten en que la reforma no puede detenerse ahora. España ha avanzado parcialmente hacia un modelo de cotización por ingresos reales, pero sigue arrastrando importantes déficits de cobertura, protección y equilibrio interno dentro del colectivo autónomo.

La cuestión de fondo es bastante simple. Si una economía necesita cada vez más flexibilidad laboral, trabajos independientes y pequeñas actividades empresariales, también necesita construir mecanismos de seguridad capaces de evitar que esa flexibilidad termine convirtiéndose únicamente en precariedad individualizada.

Porque detrás del discurso del emprendimiento muchas veces sigue existiendo algo bastante menos épico. Personas que trabajan solas, asumen todos los riesgos y continúan demasiado expuestas cuando llegan la enfermedad, las pérdidas o simplemente el agotamiento económico.

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