Autónomos: El mordisco de 12.000 euros a las futuras jubilaciones

La reducción acumulada de casi 32% en las bases mínimas de cotización y la congelación presupuestaria impuesta por el Ministerio de Inclusión amenazan con empobrecer las pensiones de los trabajadores autónomos a partir de 2028

14 de Octubre de 2026
Actualizado a las 12:22h
Guardar
Autónomos: España

El autónomo en España vive siempre con el agua al cuello. Por eso, cuando hace tres años los ministros salieron del Consejo luciendo sonrisa amplia y vendiendo a bombo y platillo la reforma del régimen especial, más de uno suspiró con cierto alivio. La música, desde luego, sonaba de maravilla: pagar en función de lo que realmente se ingresa. Justicia pura, ¿verdad? Los que menos ganan, menos pagan.

La ilusión ha durado lo que tarda en llegar la primera liquidación oficial. Porque cuando uno aparta los discursos de los telediarios y desciende al barro de los números, la factura de ese supuesto alivio mensual revela una trampa financiera de proporciones bíblicas.

La reducción continuada de las bases mínimas, rematada por la congelación de los tramos en este 2026 y la amenaza latente de prorrogar el tijeretazo en 2027, está abriendo un boquete silencioso pero demoledor en las futuras prestaciones. Un mordisco que pagarán, y muy caro, quienes piensen en jubilarse a la vuelta de la esquina.

Las alarmas las ha encendido el Observatorio Económico de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA España). Las cifras que manejan sus analistas quitan el sueño a cualquiera. Los trabajadores de ingresos más modestos que accedan al retiro a partir del año 2028 habrán completado un lustro entero cotizando muy por debajo de los niveles previos a la reforma. ¿El resultado? Una tijera permanente en su nómina pública de unos 600 euros anuales. Proyecten esa merma sobre una esperanza de vida media de dos décadas tras la jubilación y hagan la cuenta: doce mil euros de quebranto por cada pensionista. Una auténtica barbaridad.

Casi un 32% menos de base de cotización

Para entender cómo hemos llegado a este atolladero hay que tirar de la manta y repasar la hemeroteca. En el año 2022, justo antes de que el nuevo invento por rendimientos netos echara a andar, la base mínima general de cotización en el RETA estaba fijada en 960,60 euros al mes. Tampoco es que fuera para tirar cohetes, pero aguantaba el tipo.

Sin embargo, con el escalonamiento de la reforma, los tramos inferiores iniciaron una pendiente cuesta abajo que no parece tener fin. En 2023 la base cayó a 751,63 euros. En 2024 bajó un peldaño más hasta los 735,29 euros. Y en 2025 remató la faena recortándose hasta los 653,59 euros al mes. Ahí se ha quedado clavada, congelada como un témpano durante todo este ejercicio de 2026.

La diferencia respecto a la casilla de salida roza los trescientos siete euros mensuales. Estamos hablando de un recorte de la base mínima de cotización del 31,96%. Y aquí viene la trampa mortal que muchos no vieron venir: esas cantidades no son cuotas bonificadas o descuentos mágicos sobre una base alta. Qué va. Es la base real, la chicha sobre la que la Seguridad Social echa sus cuentas para calcular el día de mañana cuánto te corresponde para comer.

El fontanero, la electricista o el pequeño comerciante que hoy cotiza por ese tramo más bajo se ahorra, sí, unos euros en el recibo bancario de cada mes. Pero, sin saberlo, está levantando su futura pensión sobre un cimiento raquítico de apenas 653,59 euros. Pan para hoy y hambre para mañana. Literalmente.

La Seguridad Social no perdona

El verdadero choque con la realidad llegará en el año 2028. Para entonces, la primera remesa de trabajadores bajo este nuevo modelo habrá acumulado cinco ejercicios completos cotizando con el freno de mano puesto.

Y las reglas del juego para calcular la pensión no entienden de paños calientes. Para ese año, la ley exige seleccionar las 306 mejores bases de los últimos 312 meses. O lo que es lo mismo: de los últimos veintiséis años trabajados, el sistema solo te permite tirar a la papelera seis meses de malas cotizaciones. ¿El resto? Se suma todo, se divide y de ahí sale tu pensión de jubilado.

Intentar tapar un agujero de cinco años cotizando bajo mínimos eliminando únicamente seis meses es como intentar apagar un incendio en el monte con un vaso de agua. Inútil.

Los números que maneja UPTA para el caso de un autónomo de rentas humildes indican que perderá de golpe unos cuarenta y tres euros al mes en su pensión. Si lo multiplicamos por las catorce pagas de rigor, el sablazo roza los 600 euros al año. Y si ese jubilado tiene la suerte de vivir veinte años disfrutando de su retiro, la pérdida acumulada roza esos dichosos 12.000 euros. Un castigo desproporcionado que golpea con más fuerza, como siempre.

Los precios y la patata caliente del Gobierno

Por si fuera poco el descalabro en los valores nominales, hay otro enemigo silencioso que devora el plato por debajo: la inflación. Esa carcoma que no hace ruido pero que te vacía los bolsillos.

La decisión de congelar las bases en 2026, sumada al riesgo tremendo de que los Presupuestos de 2027 vuelvan a dejar los números tal cual, es un disparate económico. Con un coste de la vida que sube a un ritmo cercano al 3,5% anual, pasar dos años sin tocar las tablas equivale a regalar un 6,65% del poder adquisitivo real de las cotizaciones. Pura magia negra presupuestaria.

Desde la ejecutiva de UPTA España, su presidente Eduardo Abad no se ha mordido la lengua. Le ha puesto voz al enfado acumulado en las calles y le ha enviado un recado directo a los despachos del Ministerio: "La responsabilidad de garantizar las futuras pensiones de los trabajadores autónomos es del Gobierno de España, sea cual sea su color político. No se puede hacer política de cotizaciones pensando únicamente en lo que pagan hoy los autónomos y olvidando lo que van a cobrar cuando se jubilen".

Exigen una rectificación de rumbo inmediata. Para 2027, la organización pide una actualización que recupere de golpe el IPC no aplicado en 2026 más la inflación prevista para el año que viene. En total, una subida acumulada cercana al 7,12%. Cualquier otra cosa, advierten, será condenar a la masa de trabajadores por cuenta propia al precipicio.

El debate que hoy quita el sueño a las asociaciones de autónomos ya no es una simple pelea técnica sobre tablas de Excel o decimales en un decreto ley. Es un examen moral sobre el modelo de protección social en nuestro país. Si el Ejecutivo no corrige el tiro a tiempo, la tan cacareada reforma de las cotizaciones de autónomos pasará a los anales de la historia no como la victoria de la justicia social, sino como la gran trampa que convirtió a millones de pequeños emprendedores en jubilados de segunda categoría. Y el tiempo, créanme, se agota.

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído