La investigación sobre el accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) empieza a acotar el foco técnico del siniestro que dejó 43 fallecidos tras la colisión entre un tren Iryo Málaga-Madrid y un Alvia Madrid-Málaga. Los primeros indicios apuntan ahora a un elemento anómalo en la vía que habría provocado daños progresivos en varios convoyes antes del descarrilamiento.
Según ha explicado el ministro de Transportes, Óscar Puente, en una entrevista en TVE, los trenes que circularon más de una hora antes por el punto del accidente no presentan marcas en sus ruedas, mientras que los “dos o tres” convoyes que pasaron después sí muestran muescas, entre ellos el Iryo que terminó descarrilando.
Una muesca clave en los bogies del Iryo
El hallazgo más relevante se encuentra en los bogies de los vagones delanteros del tren Iryo. En ellos se ha detectado una muesca de aproximadamente un milímetro de espesor y varios centímetros de anchura, una señal que se repite de forma sistemática en todas las plataformas de eje y ruedas de esos coches.
Este patrón no es casual. Los vagones delanteros fueron los que atravesaron el tramo de vía dañado, considerado por los investigadores como el punto exacto del descarrilamiento. Según los datos preliminares, el incidente se produjo a la altura del sexto vagón, lo que provocó que el séptimo y octavo, los últimos del tren, invadieran la vía contraria.
La secuencia que llevó a la colisión
La invasión de la vía adyacente coincidió con el paso del tren Alvia de Renfe, que circulaba en sentido contrario, desencadenando una colisión frontal de consecuencias devastadoras. El análisis técnico sugiere que el descarrilamiento no fue un evento súbito, sino el resultado de un proceso previo de deterioro o impacto repetido.
“Esto nos puede llevar a pensar que hay algo que ha ido causando esa muesca”, señaló Puente, apuntando a la posibilidad de que un elemento de la propia vía o un objeto ajeno a la infraestructura estuviera presente durante un periodo limitado de tiempo, afectando solo a determinados trenes.
Indicios compartidos por otros trenes
El ministro confirmó además que se han observado marcas similares en los bogies de los dos o tres trenes que pasaron inmediatamente antes del descarrilamiento, reforzando la hipótesis de que la causa se generó poco antes del accidente, y no se trataba de un fallo estructural prolongado ni detectado con antelación.
Este dato resulta clave desde el punto de vista del análisis de riesgos, ya que sugiere una ventana temporal muy concreta en la que la vía dejó de ser segura, complicando la detección preventiva por los sistemas habituales de supervisión.
Investigación en curso y preguntas abiertas
Aunque las conclusiones definitivas aún tardarán semanas, la investigación se orienta ahora a identificar qué produjo las muescas, si fue la propia vía al empezar a romperse o la presencia de un elemento extraño. La respuesta será determinante para depurar responsabilidades técnicas y operativas y para revisar los protocolos de detección temprana de anomalías en líneas de alta velocidad.
Mientras tanto, el caso de Adamuz sigue marcando la agenda política y técnica del transporte ferroviario en España, convertido ya en un punto de inflexión sobre la seguridad de la red y la capacidad del sistema para anticiparse a fallos que, en cuestión de segundos, pueden derivar en tragedias de enorme magnitud.
