El juez Leopoldo Puente, instructor del caso Koldo en el Tribunal Supremo, ha ordenado el ingreso inmediato en la cárcel de Soto del Real tanto de José Luis Ábalos como de quien fuera su hombre de confianza en el Ministerio de Transportes, Koldo García, al considerar que existe un “riesgo de fuga extremo” en ambos casos. Una decisión excepcional en su contundencia, pero que refleja la gravedad de los delitos atribuidos y el alcance que ha adquirido un escándalo que mezcla corrupción, pandemia y poder político.
Ábalos, el que fuera el hombre fuerte del sanchismo y una de las personas clave para que Pedro Sánchez recuperara la Secretaría General del PSOE, se convierte, de este modo, en el primer diputado en activo en ingresar en prisión.
Durante la vistilla celebrada en la mañana de hoy, la Fiscalía Anticorrupción había solicitado su encarcelamiento no eludible bajo fianza, argumentando que los ex altos cargos se enfrentan a penas de prisión tan elevadas que podrían verse tentados a escapar de la justicia. La gravedad de los hechos imputados (pertenencia a organización criminal, cohecho, aprovechamiento de información privilegiada, tráfico de influencias y malversación) coloca a Ábalos y García en el centro de una de las causas por corrupción más significativas surgidas tras la pandemia.
Para el Ministerio Público, el riesgo de fuga no es retórico: los investigadores sostienen que la supuesta red criminal habría manejado grandes sumas de dinero en contratos públicos vinculados a la compra de mascarillas en plena emergencia sanitaria, recursos que podrían facilitar una eventual escapada. El juez Puente ha hecho suyo este razonamiento, subrayando en su auto que tanto Ábalos como García presentan un perfil “incompatible” con una medida menos gravosa.
Aunque el ingreso en prisión preventiva de otro ex número tres del PSOE de Sánchez ya supondría un terremoto político por sí mismo, lo que convierte a este caso en especialmente sensible es la posición que Ábalos ocupó durante años dentro del núcleo duro del presidente Pedro Sánchez. No era un ministro más: fue su operador interno, el arquitecto de pactos parlamentarios y uno de los dirigentes con mayor poder orgánico dentro del partido.
El encarcelamiento de Ábalos abre un escenario inédito para el PSOE, que desde el estallido del caso ha tratado de desvincularse del escándalo con una estrategia basada en la idea de que el comportamiento investigado fue individual y no sistémico. Sin embargo, el encarcelamiento del exministro mina ese relato. La imagen de un dirigente de su calibre entrando en prisión preventiva es una señal política de enorme impacto y plantea interrogantes sobre los controles, la supervisión y la arquitectura ética de la Administración durante los años más duros de la pandemia.
Soto del Real: una nueva fase
El ingreso en la prisión de Soto del Real no es el final del proceso, sino el inicio de una etapa de especial intensidad judicial. La prisión provisional, en este contexto, responde a tres objetivos: asegurar la presencia de los acusados en futuras actuaciones, impedir la destrucción de pruebas y bloquear cualquier intento de coordinar versiones entre imputados. Ni Ábalos, ni Koldo García, ni anteriormente Santos Cerdán, están condenados. Ni siquiera han sido juzgados, pero desde un punto de vista político, la entrada de estos tres hombres en la cárcel, supone un golpe político porque sobre ellos se construyó el retorno del sanchismo a la primera línea.
Aunque el Ejecutivo ha insistido en que respeta la independencia judicial, la detención de alguien tan próximo al presidente añade un nuevo frente político a un Gobierno ya sometido a presiones por múltiples flancos: negociaciones legislativas frágiles, tensiones territoriales y desgaste acumulado.
El desafío para el PSOE y para el Gobierno será ahora demostrar que el caso no revela un fallo estructural, sino un episodio concreto de responsabilidad individual. La justicia, entretanto, avanza hacia una conclusión que podría redefinir la gravedad de uno de los mayores escándalos públicos derivados de la pandemia.