Trump fue manipulado por la inteligencia israelí para iniciar la guerra contra Irán

Según ha publicado The New York Times, la guerra se comenzó a gestar en una serie de reuniones con Israel en las que se presentaron informes por parte del Mossad que mostraban una realidad falsa de Irán, lo que hizo que Trump viera una victoria fácil

08 de Abril de 2026
Actualizado a las 15:29h
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Trump engañado Israel
Donald Trump observa a Benjamin Netanyahu | Foto: The White House

El análisis pormenorizado de las reuniones en la Casa Blanca previas a la Operación Furia Épica, que han sido publicadas por The New York Times, sugiere una conclusión inquietante: el presidente Donald Trump pudo ser el destinatario de una maniobra de manipulación estratégica por parte de la inteligencia israelí. Lo que en la ‘Sala de Situaciones’ se presentó como una operación quirúrgica de resultados garantizados, ha derivado en un conflicto de desgaste que ha superado todas las previsiones negativas de la inteligencia estadounidense. El despliegue informativo realizado por Benjamin Netanyahu y el director del Mossad, David Barnea, parece haber sido diseñado para vencer las reticencias de un mandatario que, si bien buscaba neutralizar el peligro nuclear, no deseaba verse arrastrado a una guerra de recursos de duración indefinida.

El núcleo del presunto engaño reside en la disparidad entre las promesas de Israel y la realidad técnica sobre el terreno. Durante el encuentro decisivo del 11 de febrero, Netanyahu aseguró con vehemencia que el programa de misiles de Irán sería aniquilado en apenas unas semanas, eliminando cualquier posibilidad de represalia significativa. Esta narrativa buscaba desactivar el principal temor del Pentágono: el bloqueo de las rutas comerciales energéticas. Sin embargo, la persistencia del cierre del estrecho de Ormuz y la incapacidad de la ofensiva para detener el flujo de misiles revelan que la capacidad de resistencia de Teherán fue deliberadamente minimizada por los mandos israelíes para forzar la intervención de Washington.

La advertencia del general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, cobra ahora una relevancia profética. Caine fue el único en señalar abiertamente que el procedimiento habitual de los israelíes consistía en prometer resultados inalcanzables para asegurar el respaldo del poder militar de Estados Unidos. Según el análisis posterior, Netanyahu no solo vendió una victoria rápida, sino que utilizó la inteligencia israelí para dibujar un escenario de cambio de régimen inminente que el propio director de la CIA, John Ratcliffe, calificó de ridículo. Israel conocía la necesidad de contar con la potencia de fuego estadounidense y, para obtenerla, pudo haber maquillado la fragilidad interna del sistema iraní.

Otro factor determinante en esta arquitectura de persuasión fue el uso de la psicología personal de Trump. Al vincular la amenaza de la República Islámica con los planes de asesinato que el régimen habría urdido contra el presidente tras la muerte de Suleimani, los servicios secretos israelíes transformaron una cuestión de Estado en una vendetta personal. Esta personalización del conflicto, sumada a la falsa garantía de que la inestabilidad mundial sería mínima y el combustible no subiría, cegó los mecanismos de prudencia de la Casa Blanca, llevando a Trump a aprobar un bombardeo cuyas consecuencias económicas ahora amenazan su propio legado interno.

El escenario actual de subida de carburantes y bloqueo de barcos mercantes es el testimonio de un cálculo fallido o, más probablemente, de una trampa diplomática exitosa. Mientras que Israel ha logrado que Estados Unidos asuma el coste material y humano de atacar a su mayor enemigo regional, la administración Trump se enfrenta a una guerra con Irán que sus propios asesores, como el vicepresidente JD Vance o Marco Rubio, ya intuían como una enorme pérdida de recursos basada en premisas alejadas de la realidad. El "me parece bien" de Trump en aquella sala de reuniones queda hoy como el eco de una decisión tomada bajo un espejismo de información sesgada.

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