Jabaroot abre una grieta peligrosa: qué pueden significar para España los secretos de Marruecos

La filtración de datos del aparato de seguridad marroquí, la pista de antiguos miembros de la DGST y las amenazas sobre Ceuta y Pegasus pueden convertirse en un problema de Estado si aparecen pruebas verificables, aunque por ahora no demuestran que Rabat

05 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 9:26h
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Jabaroot abre una grieta peligrosa

Lo verdaderamente inquietante de Jabaroot no son los titulares sobre «70.000 espías marroquíes», una simplificación que los datos conocidos no permiten sostener con rigor, sino la sucesión de piezas que comienzan a colocarse alrededor de un mismo tablero: una ciberguerra que golpea al Estado marroquí desde 2025, una posible fractura dentro de sus servicios de inteligencia, una gigantesca filtración de información sobre miembros de su aparato de seguridad, amenazas de revelar documentación sobre Ceuta y referencias al espionaje Pegasus que sufrió el Gobierno español.

Cada una de estas historias podría ser manejable por separado. Juntas adquieren otra dimensión.

Jabaroot se dio a conocer con ataques contra instituciones marroquíes y filtraciones masivas de información, entre ellas la sufrida por la seguridad social del país en abril de 2025, que expuso datos salariales de alrededor de dos millones de personas. Desde entonces ha seguido publicando documentación relacionada con diferentes organismos y estructuras del poder marroquí.

La última operación elevó considerablemente el nivel del desafío al difundir 70.381 registros atribuidos a trabajadores de la DGSN y de la DGST, los dos grandes organismos policiales y de seguridad interior de Marruecos. Entre los nombres aparecen altos responsables del aparato de seguridad, incluido Abdellatif Hammouchi, pero eso no significa que las 70.381 personas sean agentes secretos ni que toda la información proceda directamente de una intrusión reciente en las bases de inteligencia. Rabat niega que sus sistemas hayan sido penetrados y sostiene que parte del material procede de antiguas bases administrativas y aseguradoras.

La noticia cambia de naturaleza cuando Le Monde asegura, de acuerdo con sus propias informaciones, que la última filtración habría sido realizada por cinco antiguos miembros de la DGST exiliados en Europa. La posibilidad de que detrás de Jabaroot existan personas que trabajaron dentro del propio servicio significa que determinados documentos podrían no proceder de una penetración informática exterior, sino de conocimiento o materiales obtenidos desde el interior de la estructura de seguridad marroquí.

Eso todavía no convierte en auténtica cualquier afirmación difundida por Jabaroot, pero obliga a tomarlas con una combinación mucho más exigente de interés y cautela.

Ceuta es la línea que cambiaría todo

El grupo asegura disponer de documentación que demostraría quién «orquestó» desde Marruecos los acontecimientos del 30 y 31 de julio y ha anunciado futuras revelaciones relacionadas con la operación. Hasta el momento, no ha hecho públicas pruebas verificables que permitan concluir que las autoridades marroquíes organizaron la entrada de más de 70.000 personas, y esa distinción debe conservarse escrupulosamente.

Pero si algún día apareciesen órdenes internas, comunicaciones, instrucciones operativas o documentos auténticos que pudieran ser sometidos a verificación técnica e independiente, el problema para España sería enorme porque chocaría directamente con la posición expresada por Pedro Sánchez, quien asegura que ningún servicio español o extranjero ha proporcionado información que permita responsabilizar al Gobierno marroquí de la génesis de la crisis.

No estaríamos ante una simple polémica parlamentaria, sino ante la posible utilización deliberada de una frontera europea y de decenas de miles de seres humanos como instrumento de presión política contra España. Un escenario semejante exigiría explicaciones diplomáticas a Rabat, una investigación completa de los mecanismos de inteligencia españoles y probablemente una implicación mucho mayor de las instituciones europeas, porque Ceuta no es solamente territorio español: constituye también una frontera exterior de la Unión.

Los propios servicios españoles están trabajando ya sobre una hipótesis menos extrema pero suficientemente seria. Según EL PAÍS, no consideran acreditado que Marruecos planeara la avalancha, aunque sí contemplan que pudiera haberla aprovechado posteriormente y estiman como probable que Ceuta y Melilla afronten nuevas acciones dentro de la denominada «zona gris», donde caben ciberataques, campañas de desinformación, sabotajes y otras formas de presión difíciles de atribuir formalmente a un Estado.

Pegasus convierte la amenaza en algo todavía más delicado

Jabaroot ha introducido además en sus mensajes otro nombre explosivo: Pegasus y Pedro Sánchez.

Aquí hay que extremar la precisión porque existen hechos probados y atribuciones que continúan abiertas. Los teléfonos del presidente y de varios ministros españoles fueron infectados con Pegasus, pero durante años la investigación judicial española no consiguió establecer definitivamente quién estaba detrás de las intrusiones.

La situación adquirió una nueva dimensión en julio de 2026, cuando una investigación internacional coordinada por Forbidden Stories y en la que participaron medios como The Guardian y Le Monde publicó nuevas evidencias sobre el empleo de Pegasus por los servicios marroquíes. Un antiguo integrante de la DGST identificado mediante el pseudónimo «Safir» describió el funcionamiento del sistema, mientras documentación interna de NSO y análisis técnicos permitieron profundizar en la vinculación de Marruecos con esta herramienta de espionaje. Amnesty International publicó paralelamente documentación técnica sobre el funcionamiento interno de Pegasus basada también en materiales de NSO conocidos a través del litigio de WhatsApp y Meta contra la compañía.

Esto hace especialmente sensible cualquier eventual publicación de Jabaroot relacionada con España, pero no permite dar el salto lógico de afirmar que el grupo posee realmente los archivos extraídos del teléfono de Sánchez. La amenaza existe; la prueba todavía no.

Si apareciera información auténtica procedente de aquellas intrusiones y pudiera demostrarse su cadena de custodia y origen, España se enfrentaría no solo a un escándalo diplomático, sino también a una extraordinaria brecha de seguridad nacional, porque un teléfono del presidente contiene potencialmente comunicaciones, contactos, decisiones y conversaciones de enorme sensibilidad.

incluso una falsificación podría perjudicar a España

Existe, además, una posibilidad paradójica: que parte de las revelaciones prometidas sea falsa y que precisamente ahí resida su utilidad.

Una operación de influencia no necesita demostrar una acusación para provocar efectos políticos. Basta con introducir documentos suficientemente verosímiles, mezclar información auténtica con material manipulado y obligar después a gobiernos, periodistas y servicios de inteligencia a determinar qué parte es cierta. El objetivo puede consistir simplemente en sembrar desconfianza entre Madrid y Rabat, alimentar la polarización dentro de España o enfrentar a distintas instituciones marroquíes entre sí.

En ese escenario, amplificar sin verificación cada mensaje de Jabaroot sería exactamente lo que una operación de desinformación esperaría que hicieran los medios.

Pero ignorarlos tampoco sería responsable.

España tiene que moverse entre esas dos trampas, examinando técnicamente los archivos que aparezcan, contrastándolos con datos administrativos reales y evitando que las necesidades diplomáticas condicionen las conclusiones de inteligencia. La cuestión ya no es únicamente si Jabaroot dice la verdad, sino qué parte de la información procede realmente del aparato marroquí, quién la está filtrando, qué pretende conseguir y por qué Ceuta y España han entrado ahora en esa guerra interna.

Sánchez tiene razones poderosas para no enfrentarse precipitadamente con Marruecos, porque necesita su cooperación migratoria, policial, económica y diplomática. Precisamente por eso estas filtraciones pueden convertirse en un problema especialmente delicado: cuanto más importante es un aliado, más graves son las consecuencias si aparece la sospecha de que también puede estar utilizando esa relación como instrumento de presión.

Por ahora no existe una prueba que permita afirmar que Marruecos organizó la crisis de Ceuta y sería irresponsable escribirlo como un hecho. Pero tampoco sería prudente concluir que las revelaciones de Jabaroot carecen de importancia antes de comprobarlas, sobre todo después de que Le Monde haya situado detrás de la última filtración a antiguos miembros del propio servicio de inteligencia marroquí y cuando los análisis españoles ya contemplan futuras actuaciones de «zona gris».

La posición más sólida para España no consiste en creer a Jabaroot ni en creer ciegamente a Rabat. Consiste en investigar a los dos. 

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