Suecia frena a la ultraderecha y deja al Gobierno conservador al borde de perder el poder

La oposición encabezada por Magdalena Andersson aventaja por la mínima al bloque de Ulf Kristersson en un escrutinio todavía provisional, mientras Demócratas de Suecia sufre su primer gran retroceso tras años de crecimiento

14 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 11:08h
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Magdalena Andersson, líder del Partido Socialdemócrata sueco

Suecia ha dejado en las urnas una de esas fotografías electorales en las que un solo escaño puede separar un cambio de Gobierno de la continuidad. La oposición encabezada por la socialdemócrata Magdalena Andersson mantiene una ventaja mínima sobre el bloque conservador del primer ministro Ulf Kristersson, aunque el resultado continúa siendo provisional y el país tendrá que esperar al recuento de los votos pendientes para conocer definitivamente quién dispone de mayoría en el Riksdag.

Con más del 90% del escrutinio completado, las proyecciones sitúan a los cuatro partidos de la oposición en torno a los 175 escaños frente a los 174 de las fuerzas que han sostenido al Ejecutivo de Kristersson. El Parlamento sueco tiene 349 diputados, por lo que 175 marca precisamente la frontera de la mayoría absoluta. Con un margen tan estrecho, los votos pendientes, incluidos los procedentes del extranjero, obligan a mantener abierta la elección y el resultado definitivo no se espera hasta el miércoles.

La noche electoral deja, sin embargo, una conclusión política bastante más clara que la aritmética provisional: la derecha sueca no ha conseguido consolidar el giro iniciado en 2022 y Demócratas de Suecia, la formación ultraderechista que permitió a Kristersson llegar al poder, pierde terreno después de años de crecimiento prácticamente ininterrumpido.

Los socialdemócratas siguen siendo el gran partido sueco

El Partido Socialdemócrata vuelve a situarse en cabeza con aproximadamente el 28% de los votos y alrededor de un centenar de diputados. El resultado supone un retroceso respecto a 2022, pero mantiene a la formación de Andersson como primera fuerza política de Suecia, una posición que los socialdemócratas conservan desde hace más de un siglo.

La paradoja de la noche electoral está precisamente ahí: Andersson puede regresar al Gobierno pese a que su partido pierde votos y representantes. La explicación se encuentra en el comportamiento del resto de las fuerzas que pueden sostener una alternativa al Ejecutivo conservador.

El Partido de la Izquierda ronda el 8,2% y consigue 29 diputados, cinco más que en 2022; el Partido del Centro alcanza aproximadamente el 7,1% y 25 escaños, mientras que los Verdes, con alrededor del 6,1%, llegan a los 22 representantes. Izquierda y ecologistas protagonizan así los avances que permiten a la oposición situarse en condiciones de disputar la mayoría parlamentaria.

El resultado devuelve además a Magdalena Andersson al centro de la política sueca. Primera mujer que ocupó la jefatura del Gobierno del país, fue primera ministra entre 2021 y 2022 y perdió el poder después de las anteriores elecciones, pese a que los socialdemócratas habían vuelto a ser el partido más votado.

El frenazo de la ultraderecha

El dato políticamente más significativo dentro del bloque gubernamental se encuentra en Demócratas de Suecia. La formación de Jimmie Åkesson, que en 2022 alcanzó el 20,5% de los votos y se convirtió en la segunda fuerza del país, cae hasta aproximadamente el 17,6% y pierde once diputados, quedándose en 62.

El retroceso tiene una importancia que trasciende el reparto de escaños. Demócratas de Suecia había crecido elección tras elección desde su entrada en el Parlamento en 2010 y terminó convirtiéndose en una pieza imprescindible de la mayoría conservadora. El partido, nacido de ambientes de extrema derecha y con raíces vinculadas al movimiento neonazi sueco, emprendió durante años una operación de normalización política que acabó llevándolo hasta las puertas del Gobierno. Reuters recuerda esos orígenes al analizar unas elecciones en las que precisamente la posible entrada formal de SD en el Ejecutivo se convirtió en una de las grandes cuestiones de la campaña.

Kristersson gobierna desde 2022 mediante una coalición integrada por Moderados, democristianos y liberales, pero dependiente parlamentariamente de Demócratas de Suecia a través del denominado Acuerdo de Tidö. Esa alianza permitió impulsar un importante endurecimiento de las políticas migratorias y de asilo y convirtió a la ultraderecha en uno de los principales centros de poder de la legislatura pese a permanecer formalmente fuera del Consejo de Ministros.

Åkesson pretendía dar el siguiente paso tras estas elecciones. Durante la campaña llegó a plantear que, en caso de victoria del bloque de derechas, su partido debía recibir una representación ministerial proporcional a su peso electoral, que podía traducirse en doce o catorce carteras. Kristersson rechazó públicamente esa cifra, aunque había abierto la puerta a incorporar a Demócratas de Suecia al Ejecutivo. Las urnas han complicado seriamente ese proyecto.

Los Moderados del primer ministro, en cambio, resisten e incluso mejoran ligeramente, con alrededor del 19,9% y 71 representantes. También avanzan sus dos socios menores: los democristianos alcanzan aproximadamente el 6,2% y 22 diputados y los liberales, cuya entrada en el Parlamento llegó a estar seriamente amenazada durante la campaña por la barrera electoral del 4%, consiguen aproximadamente un 5,4% y 19 escaños.

Ganar por un escaño no significa tener Gobierno

La ventaja de la oposición tampoco garantiza un regreso automático de Andersson al despacho de primera ministra. Si el recuento definitivo confirma la mayoría, comenzará una negociación especialmente complicada entre cuatro partidos que coinciden en desalojar a Kristersson pero mantienen diferencias profundas sobre la composición y el programa del futuro Ejecutivo.

El principal problema se encuentra entre el Partido del Centro y el Partido de la Izquierda. La líder centrista, Elisabeth Thand Ringqvist, ha señalado a Andersson como su candidata preferida para ocupar la jefatura del Gobierno y ha descartado a Kristersson por sus acuerdos con la ultraderecha. Pero simultáneamente ha trazado una línea roja frente a la entrada de la Izquierda en el Ejecutivo. Su posición llegó a ser explícita durante la campaña: el Centro preferiría unas elecciones extraordinarias antes que apoyar un Gobierno en el que participase el Partido de la Izquierda.

Andersson ha evitado comprometerse con una fórmula concreta. La dirigente socialdemócrata ha defendido que está dispuesta a negociar con todas las fuerzas salvo Demócratas de Suecia e incluso ha dejado abierta la posibilidad de gobernar en minoría buscando mayorías parlamentarias diferentes según cada asunto.

Esa dificultad explica por qué una eventual victoria de 175 frente a 174 diputados puede acabar siendo únicamente el comienzo de otra batalla. En Suecia no basta con encabezar el escrutinio: hay que construir después una mayoría parlamentaria capaz de permitir la investidura y sostener el Gobierno.

Suecia pone a prueba su giro a la derecha

Las elecciones tenían además una dimensión europea. Suecia, durante décadas asociada a un modelo político socialdemócrata y a políticas relativamente abiertas de inmigración y asilo, experimentó durante la última legislatura un giro considerable hacia posiciones más restrictivas, especialmente en inmigración, seguridad y lucha contra las bandas criminales.

Kristersson defendió esa política como respuesta al aumento de la violencia vinculada al crimen organizado. Sus adversarios, por el contrario, han acusado al Gobierno de permitir que Demócratas de Suecia desplazase hacia la derecha el centro de gravedad político del país y pusiera bajo presión algunos elementos de su tradición liberal.

La campaña mostró, al mismo tiempo, un consenso bastante amplio entre los grandes partidos en cuestiones como el respaldo a Ucrania y el refuerzo de la defensa tras la incorporación sueca a la OTAN. Las diferencias se concentraron principalmente en el Estado del bienestar, los impuestos, el coste de la vida, la inmigración, la criminalidad y las políticas climáticas.

El resultado provisional deja así una lectura menos sencilla que la de un mero regreso de la izquierda. Los socialdemócratas continúan siendo la primera fuerza pero retroceden; Moderados, liberales y democristianos resisten o mejoran; Izquierda y Verdes crecen y, sobre todo, Demócratas de Suecia pierde buena parte del terreno que había conquistado.

El país queda prácticamente partido en dos mitades. Si los votos que faltan por contabilizar mantienen la ventaja de la oposición, Andersson habrá conseguido abrir la puerta para recuperar el Gobierno cuatro años después. Atravesarla exigirá algo bastante más difícil que obtener un diputado más que Kristersson: poner de acuerdo a una izquierda reforzada con un Partido del Centro que necesita para gobernar, pero que no quiere compartir Ejecutivo con ella.

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