Colombia afronta una de las segundas vueltas más trascendentales de los últimos años. Los resultados de la primera ronda presidencial han confirmado un escenario de máxima polarización entre dos proyectos políticos profundamente distintos. El candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella y el aspirante del Pacto Histórico, Iván Cepeda, se medirán el próximo 21 de junio en una segunda vuelta que servirá para decidir el rumbo político del país tras el mandato de Gustavo Petro.
De la Espriella obtuvo el 43,73% de los votos frente al 40,91% alcanzado por Cepeda, una diferencia ajustada que deja abierta la disputa final y convierte las próximas tres semanas en una intensa batalla por captar el voto de quienes respaldaron a otras candidaturas en la primera vuelta.
Más allá de los porcentajes, la fotografía electoral muestra una Colombia dividida en dos grandes bloques ideológicos. Por un lado, el espacio progresista que ha acompañado al presidente saliente Gustavo Petro y que encuentra en Iván Cepeda una figura vinculada históricamente a la defensa de los derechos humanos, la memoria de las víctimas del conflicto armado y las políticas de transformación social. Por otro, una derecha cada vez más radicalizada que ha encontrado en Abelardo de la Espriella un discurso de confrontación directa contra la izquierda, el Estado y las políticas impulsadas durante los últimos años.
La campaña entra ahora en una fase donde los apoyos de las candidaturas eliminadas pueden resultar determinantes.
La conservadora Paloma Valencia, candidata del uribismo, anunció pocas horas después del escrutinio su respaldo a De la Espriella. También el expresidente Álvaro Uribe pidió públicamente el voto para el candidato ultraderechista, consolidando así un bloque conservador que busca concentrar todo el voto contrario al proyecto político representado por Petro y Cepeda.
El respaldo de Uribe no resulta menor. Aunque el expresidente mantiene una enorme capacidad de influencia en amplios sectores conservadores, también sigue siendo una figura profundamente controvertida dentro de la política colombiana. Su apoyo refuerza la candidatura de De la Espriella, pero al mismo tiempo contribuye a convertir la segunda vuelta en una especie de plebiscito sobre dos modelos de país enfrentados desde hace décadas.
La seguridad, la desigualdad social, el modelo económico y la implementación de los acuerdos de paz volverán a situarse en el centro del debate electoral.
La candidatura de Cepeda previsiblemente insistirá en la necesidad de consolidar reformas sociales, reducir desigualdades y avanzar en políticas de reconciliación nacional. De la Espriella, por el contrario, está construyendo su campaña sobre un discurso de orden, reducción del papel del Estado y rechazo frontal a cualquier continuidad del proyecto político iniciado por Petro.
Las declaraciones realizadas por ambos sectores tras conocerse los resultados permiten anticipar el tono de la segunda vuelta. El candidato ultraderechista habló de derrotar lo que considera una deriva autoritaria de la izquierda, mientras que desde el entorno progresista se interpreta la elección como una disputa entre la profundización democrática y una involución política alineada con las nuevas corrientes de extrema derecha que han ganado espacio en distintos países de América Latina.
Lo que parece claro es que Colombia llega a esta segunda vuelta en un contexto de elevada tensión política, pero también de enorme participación ciudadana. El resultado del 21 de junio no solo determinará quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos años. También servirá para medir hasta qué punto el país mantiene el rumbo de cambio político iniciado en 2022 o apuesta por un giro hacia posiciones mucho más conservadoras y confrontativas.
La campaña apenas acaba de empezar y todo apunta a que las próximas semanas serán tan intensas como decisivas para el futuro político colombiano.