Colombia gira a la derecha y abre una etapa cargada de incertidumbres

La victoria de Abelardo de la Espriella pone fin al ciclo progresista de Gustavo Petro y sitúa a Colombia ante un cambio político profundo que reabre viejos debates sobre derechos, convivencia y modelo de país

22 de Junio de 2026
Actualizado a las 10:02h
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Colombia gira a la derecha y abre una etapa cargada de incertidumbres

Colombia ha decidido cambiar de rumbo. La victoria de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial, aunque ajustada, marca el regreso de la derecha más dura al centro del poder político y cierra una etapa histórica iniciada con la llegada de Gustavo Petro a la presidencia.

La diferencia final ha sido relativamente estrecha para un país profundamente dividido. Más de doce millones y medio de colombianos respaldaron la candidatura progresista de Iván Cepeda, una cifra que refleja que casi la mitad de la sociedad mantiene una visión muy distinta sobre el futuro del país. La fractura política continúa ahí, intacta, y el nuevo presidente tendrá que gobernar una nación partida prácticamente en dos bloques de tamaño similar.

La llegada de De la Espriella supone mucho más que una alternancia democrática. Su discurso político se ha construido alrededor de postulados nacionalistas, conservadores y de confrontación cultural que conectan con la nueva ola internacional de la extrema derecha. Un fenómeno que ya ha encontrado expresión institucional en países como Estados Unidos, Argentina o varias naciones europeas.

El resultado también evidencia las dificultades de los gobiernos progresistas para consolidar transformaciones profundas en contextos marcados por la desigualdad, la inseguridad y la desinformación. Petro llegó al poder con la promesa de impulsar reformas estructurales en un país históricamente dominado por élites económicas y políticas tradicionales. Algunas avanzaron parcialmente. Otras quedaron atrapadas en la polarización permanente que ha caracterizado los últimos años.

La gran incógnita comienza ahora. Las campañas electorales permiten simplificar los problemas. Gobernar exige resolverlos. Y Colombia sigue enfrentándose a desafíos enormes relacionados con la violencia, el narcotráfico, la pobreza, la desigualdad territorial y la consolidación de la paz.

Tampoco resulta menor el respaldo recibido por De la Espriella desde sectores vinculados al uribismo, corriente política que durante años protagonizó algunos de los episodios más controvertidos de la vida pública colombiana. Ese apoyo anticipa una agenda mucho más conservadora en materias relacionadas con los derechos civiles, las políticas sociales y determinadas libertades públicas.

Las urnas han hablado y la democracia merece respeto. Pero respetar el resultado no obliga a ignorar las preocupaciones legítimas que despierta el avance de proyectos políticos que acostumbran a presentar los derechos como privilegios, la diversidad como amenaza y el pluralismo como obstáculo.

Colombia inicia una nueva etapa. La historia reciente demuestra que las sociedades avanzan cuando amplían derechos y fortalecen la cohesión social. El verdadero desafío para el nuevo presidente consistirá en demostrar que su proyecto político es capaz de ofrecer algo más que consignas de campaña a un país que sigue buscando estabilidad, justicia y oportunidades para todos.

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